El Día de la Patria y la cultura del prepo

El oficialismo legislativo, a pesar de su apabullante mayoría, está sospechado de atropellar gratuitamente a la oposición. Los ejemplos paradigmáticos del Poder Ejecutivo. Por Alvaro Aurane - Redacción LA GACETA.

22 Mayo 2008
El episodio no es tan conocido como las galeras, los peinetones y las escarapelas. De hecho, es mencionado en varias crónicas de manera anecdótica. Pasó en 1810, pero medio año después de los históricos acontecimientos en el Cabildo de Buenos Aires. Sucedió el 5 de diciembre, en el regimiento de Patricios, cuando se celebraba el primer triunfo sobre los españoles en la Batalla de Suipacha (se peleó el 7 de noviembre).
En medio de los festejos, el capitán Atanasio Duarte, algo beodo, propuso un brindis: "por el primer Rey y Emperador de América, Don Cornelio Saavedra". Y le ofreció al jefe del regimiento la corona de mazapán que adornaba una torta. Cuando conoció el hecho, Mariano Moreno decretó la prohibición de todo brindis o aclamación pública a favor de cualquier funcionario y suprimió los honores especiales de que gozaban los miembros de la junta. La leyenda pretende que, apenas se enteró, Moreno exclamó una admonición inmortal: "... un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener expresiones contra la libertad de su país".
La abolición de todo yugo es un valor fundacional para esta nación. Porque, como advierte el filósofo José Pablo Feinmann en sus Escritos imprudentes, la historia de la patria comienza en 1810. Y el 25 de Mayo comienza con el pueblo. Un pueblo movilizado que sabe que algo pasa en el Cabildo. "El pueblo quiere saber de qué se trata" eso que germinará hasta florecer el 9 de Julio de 1816, a tres cuadras de la actual Casa de Gobierno de Tucumán, conn la Declaración de la Independencia. Cuando este páramo era el Jardín de la República.
El domingo será el 198 aniversario de la Revolución de Mayo. Y cuando se mira la situación política local y nacional, se advierte que va a ser 25 de Mayo gracias al calendario. Ha de ser por su tenacidad en esta clase de denuncias anuales que lo han vilipendiado con una campaña de desprestigio según la cual vender almanaques es casi una ignominia. Por lo demás, nada evoca el ideario de 1810.
Por el contrario, se asiste a una suerte de restauración de la monarquía del prepo. La Nación, de prepo, dispuso que el campo, en su calidad de casi único generador de divisas, tiene que reforzar su histórico rol de pagador de los desaciertos de los gobiernos, y decidió retenerle la mitad de lo que exporta. Y lo hizo porque sí, ya que no se advierte que la medida forme parte de una política de Estado o de un plan de Gobierno, sencillamente porque, en siete meses, esta gestión no ha mostrado en los hechos, ni tampoco en propagandas, que tenga tal cosa. Ahora, frente a movilizaciones que llevan espontáneamente a más gente que la que acarrea el aparato bolsonero, la Presidenta se acordó del verbo dialogar. Y viajará a Salta a dar algún mensaje. A Tucumán, se vio, vino sólo para inaugurar un hospital que funciona como CAPS.
Aquí, por cierto, dialogar no se conjuga. La Cuna de la Independencia es, desde hace tiempo, la Mecedora de la Prepotencia. Y la Legislatura es, acaso, la muestra más acabada (así como el escenario más reciente) de ello. Porque el oficialismo tiene en la Cámara 44 legisladores y sólo cinco opositores. Con semejante cifra, debiera ser, en cada deliberación, una empalagosa exposición de calidad institucional y ejemplar disenso, puesto que la mayoría es imbatible. Sin embargo, la oposición denunció en la última sesión desde presuntas agresiones físicas hasta supuesta falsificación de dictámenes. Dejando de lado por un instante la versión oficialista referida a que laboristas y republicanos son presas de ataques simultáneos de megalomanía, cabe una pregunta: ¿qué necesidad política tiene el alperovichismo, que controla el 90% de la representación parlamentaria, de ser sospechado de atropellar a la indigente oposición? Ninguna. Pero la cultura del prepo tiene razones que la razón no entiende. El Ejecutivo es una inagotable fuente de ejemplos.
El Gobierno de los $ 5.006 millones de Presupuesto decidió no remitir al Poder Judicial los $ 26 millones requeridos para la recomposición salarial. Una prepeada que hace operativa una infame omisión consagrada en la reforma (anti) constitucional de 2006: la Justicia es el único poder que no puede dictar su propio presupuesto.
De prepo se rifan inmuebles del patrimonio histórico y también de prepo deciden volver a resguardarlos. De prepo deciden que la Legislatura designe a un funcionario como vocal de la Corte, y de prepo deciden cambiar de postulante (previa prepeada telefónica del ex presidente reelecto). De prepo le arrancan la mitad del Presupuesto a la Cámara. De prepo les quitaron a las comunas la percepción de sus tributos. De prepo siguen intervenidos los entes autárquicos. De prepo aprobaron el Presupuesto 2008, del que los legisladores no tenían copias. De prepo prorrogaron la emergencia económica ya no por un año sino por dos. Y de prepo les niegan el 82% móvil a los jubilados.
Queda, al menos, el pueblo. Que se expresa masivamente en apoyo al campo. O de manera más modesta en las protestas de los jubilados. O de modo incansable en las marchas de los familiares de víctimas de crímenes impunes. O de forma constructiva en lo que fueron las movilizaciones en defensa de los bienes arquitectónicos. O sin elitismos, con la Marcha del Hambre por Pan y Trabajo. O con contundencia, en los comicios de octubre pasado, cuando le dieron una banca de diputado a la oposición y lapidaron el "vamos por todo", egregia expresión del prepo.
La diversidad demuestra que la cuestión cuantitativa nada tiene que ver con el verdadero concepto de pueblo. Porque el que da el diccionario de María Moliner es "conjunto de habitantes de un país". Sin embargo, como acierta Feinmann, "todo sería muy sencillo si fuese así. El pueblo siempre es algo más que conjunto de habitantes de un país. Y también algo menos".
Por estas tierras, durante estos años, el pueblo ya no se concentra frente a lo que eran los cabildos para "saber de qué se trata" lo que se debate. Ya conoce la respuesta. Por ello, y aunque está permitido, no brinda por sus representantes, tan llenos de privilegios. Ni estando ebrio. Ni dormido.

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