Entre dos mundos
Quienes aspiran a ingresar a la Universidad tienen la contra de una preparación deficiente y de trabas que se acentúan en los estudiantes del interior. Un viejo debate. Por Roberto Delgado - Prosecretario de Redacción.
20 Mayo 2008 Seguir en 
Uno de los grandes debates sobre la relación entre la sociedad y su universidad acaba de darse con el informe que señala que la mitad de los que ingresan a la casa de altos estudios deserta, y con la propuesta de crear una universidad para el sur de la provincia. La relación entre estos dos ejes muestra una de las carencias fuertes en el sistema educativo tucumano, que aún no encontró la salida. Las cifras de deserción no tienen variantes desde hace años. La población de la UNT se mantiene en 60.000 alumnos. El 45,3% de los estudiantes abandona la carrera. Los especialistas lo atribuyen a fallas en la orientación vocacional, a falta de hábitos de estudio y a desconocimiento. Pero la diferencia con otros años es que, desde 2004, se lleva a cabo un programa intensivo de articulación entre la UNT y el nivel secundario, pero los resultados no varían.
Desorientación
Las facultades de Medicina, Arquitectura y Educación Física registran las menores tasas de deserción, mientras que Odontología, Ciencias Económicas, Psicología, Derecho, Ciencias Naturales y Filosofía y Letras tienen promedios elevados de abandono. Los chicos hablan de desorientación vocacional para elegir carrera, hacinamiento en algunos casos, problemas de infraestructura y falta de una buena base académica para seguir estudios de nivel superior.
Hace cuatro años, a la vez que se ponía el acento en la orientación vocacional, comenzó un tímido proceso de ayuda económica para estudiantes sin recursos. Aparecieron becas de la Nación y de la Provincia. Unos 10.500 estudiantes universitarios, unos 4.000 terciarios y unos 20.000 secundarios reciben algún tipo de subsidio.
Hace dos años se vieron resultados inquietantes, ya que sólo el 50% había podido mantener la beca. De los chicos universitarios, 4.000 eran del interior, 4.000 de la capital y 2.000 de otras provincias. Las becas, de $ 70 mensuales, apenas les servían para costear pocos gastos de transporte y para fotocopias. Pero el asombro de los responsables de este sistema se centró en la falta de respuesta de los beneficiarios. "No hay vocación", dijo en su momento el entonces rector de la UNT, Mario Marigliano, quien, en 2005, al inaugurar la filial de Filosofía y Letras en Aguilares, les recomendó a los que ingresaban a Trabajo Social que no lo hicieran con el simple deseo de tener un título universitario, sino "por sentirse identificados". Por su parte, el secretario de Planeamiento de la Provincia, Julio Saguir, decía que no entendía qué había pasado con los beneficiarios de las becas.
Hasta acá el problema básico, sobre el cual llega la propuesta del diputado nacional José Ignacio García Hamilton de erigir una universidad en el sur de la provincia, para dar cobijo a esos miles de jóvenes que cada año quieren estudiar y que, previsiblemente, tienen muchos más problemas económicos que los capitalinos para hacerlo. Hace tres años se calculaba que un estudiante del interior necesitaba $ 500 como mínimo para mantenerse en la capital. ¿Cuánto necesita ahora?
Esta propuesta erigir una universidad en el sur chocará con las mismas objeciones que hicieron en su momento las autoridades: que para montar una sede universitaria en el interior hacen falta grandes esfuerzos para mantener la infraestructura y pagar a los profesores itinerantes, y que las municipalidades no ayudan económicamente. Y la desazón es mayor porque en los centros universitarios del interior se dan las mismas tendencias que en la capital. ¿Por qué habría de ser distinta la deserción, si esos chicos enfrentan muchas más trabas que los capitalinos?
Discriminación
Acaso el abordaje del problema sea insuficiente. Los colegios secundarios del interior no ofrecen demasiadas opciones laborales y cuentan con muchos menos elementos para que los estudiantes estén en competencia, comparados con los de la capital. Hace pocos meses, alumnos de Simoca y La Florida aprendieron a hacer blogs ¡en afiches!, porque en uno de los colegios no tenían las computadoras prometidas por la Nación, y en el otro, aunque podían usar las máquinas, no tenían acceso a internet. "No tienen curiosidad tecnológica y parecen resignados. Es como si les preguntaran para qué les sirve eso, si ellos no lo tienen", dijo uno de los expertos. ¿de quién era la culpa? Esos chicos no sólo tendrán que prepararse para entrar a una carrera en la universidad, sino que su estudio deberá ser mucho más intenso y abarcador que el de un alumno de la capital. Un caso claro de discriminación de oportunidades.
Tal vez no basta con ayudar en la orientación vocacional ni con dar becas mínimas ni, tampoco, con montar otra universidad. Acaso aparecerán propuestas de montar más terciarios y para mejorar la oferta de docentes para los institutos del interior. Pero los esfuerzos aislados no han dado resultados, con honrosas excepciones como Kinesiología (Monteros) o Enfermería (Aguilares).
El proceso de contención para estudiar debería comenzar desde la primaria, con capacitación de docentes, con la búsqueda de herramientas para poner en pie de igualdad a las comunidades del interior con la capitalina. Los chicos se debaten entre el mundo de la deficiente preparación desde la primaria y el mundo de escasas oportunidades en el interior. Y es precisamente la universidad -la que tiene las cabezas pensantes- la que no ha resuelto el problema que, se ve, es de toda la sociedad.







