"El tirano engendra la soberbia / y la soberbia se embriaga con necedades e imprudencias, / subiendo los peldaños al pináculo / para caer de cabeza al abismo sin fondo / donde los pies no hallan piso firme".
Edipo Rey, de Sófocles.
Si los dramaturgos griegos hubieran elaborado una receta para escribir tragedias, el ingrediente inexcusable hubiera sido que el protagonista sufra por las propias normas que él estableció. Porque en ese hecho confluyen, ineludiblemente, la ignorancia y la soberbia. Y de la unión de ambas sólo pueden surgir grandes pesares.
Precisamente, el drama político del gobernador Julio Miranda consiste, de fondo, en que él es castigado con las reglas de juego que supo imponer. Era inexorable que la democracia tarifada que estableció en la Legislatura, con los gastos de bloque y la fiesta de nombramientos para los acólitos, tarde o temprano mostrara su doble filo. Quien cría cuervos pierde derecho a quejarse de que le devoren los ojos.
Nada puede pedir el Poder Ejecutivo a "sus" parlamentarios de la comisión de Juicio Político si, tal como lo vino haciendo ininterrumpidamente, no ofrece algo a cambio. La prebenda se consolidó en esta administración como el lubricante legislativo por excelencia. Nunca fue el gobernador un líder indiscutido a seguir, ni tuvo un magno plan de gobierno que defender. Por eso, sucesivamente, los justicialistas fueron sacándole el cuerpo a la lucha por la subsistencia del mandatario.
Primero, Edgardo Rocha y Germán Alfaro se negaron a archivar sin discusión el pedido de destitución formulado por el abogado Pablo Bayo y sabotearon el quórum el lunes 16. Previamente, Camilo Khoder (aspirante a intendente de Banda del Río Salí, en busca de apoyos) y Claudia Herrera (hija del diputado Alberto Herrera, quien quiere reincidir en su banca nacional) acompañaron la caída de la sesión del jueves 12. Teresa de Heredia no quiso pagar el costo del desempate.
El viernes, el aliado de siempre, Javier Lobo Aragón, se fue a Buenos Aires sin decir adiós. Si lo inevitable es la caída y no el éxito, no debe sorprender que para el pueblo genere tanto carisma el fracaso del gobernador.
El daño provocado a la maltrecha figura de Miranda ya está hecho. No importa el resultado; ningún triunfo es posible. Pero esto no justifica que alguno de los legisladores que se mantuvieron firmes en su decisión de correr traslado a la acusación, cambie en la reunión de hoy su postura, votando el rechazo, absteniéndose o faltando a la reunión.
Lo que se discute en el edificio de Maipú 950 es mucho más que otro planteo de remoción. Es la posibilidad que tienen los representantes del pueblo de exigir al titular del Poder Ejecutivo que, presentando un descargo a la imputación de "abandono de persona", les explique a los tucumanos cómo fue que 16 menores se murieron de hambre. Quien ni siquiera contribuya a forzar un desempate habrá terminado de sepultar con silencio uno de los capítulos más vergonzantes y dolorosos de la historia provincial.
Esta tragedia de Tucumán no tiene mejor fecha para quedar impune que las vísperas de la Navidad, es decir, de la conmemoración del nacimiento del niño que marcó la historia de la humanidad.







