23 Diciembre 2002 Seguir en 
Pasan las décadas y la estación terminal de ómnibus de la ciudad de Santiago del Estero sigue sin experimentar cambios de ninguna especie.
Mientras que en prácticamente todas las ciudades este tipo de centros se ha mejorado sustancialmente, las instalaciones santiagueñas continúan distantes de lo que sería razonable esperar en la capital de una provincia argentina. Y ello a pesar de la enorme cantidad de pasajeros que se moviliza a diario a través de ese punto neurálgico, donde confluyen numerosas líneas de ómnibus que van al norte del país.
Ingresar allí evoca al túnel del tiempo, porque nada se ha modificado, digamos, desde la década del sesenta del siglo pasado. La misma precariedad, la misma falta de higiene, la misma falta absoluta de comodidades continúan siendo características salientes de la terminal, que parece no merecer ni una mano de pintura. Un ejemplo más que revelador está en las instalaciones sanitarias masculinas.
Sin duda, puede aducirse la precariedad de recursos para intentar un cambio. Pero también parece difícil admitir que, en tantos años, nunca haya existido la posibilidad de hacerlo. Nos parece que las autoridades del municipio capitalino de Santiago del Estero debieran resolverse a encarar esta cuestión de gran relevancia para los viajeros.
Mientras que en prácticamente todas las ciudades este tipo de centros se ha mejorado sustancialmente, las instalaciones santiagueñas continúan distantes de lo que sería razonable esperar en la capital de una provincia argentina. Y ello a pesar de la enorme cantidad de pasajeros que se moviliza a diario a través de ese punto neurálgico, donde confluyen numerosas líneas de ómnibus que van al norte del país.
Ingresar allí evoca al túnel del tiempo, porque nada se ha modificado, digamos, desde la década del sesenta del siglo pasado. La misma precariedad, la misma falta de higiene, la misma falta absoluta de comodidades continúan siendo características salientes de la terminal, que parece no merecer ni una mano de pintura. Un ejemplo más que revelador está en las instalaciones sanitarias masculinas.
Sin duda, puede aducirse la precariedad de recursos para intentar un cambio. Pero también parece difícil admitir que, en tantos años, nunca haya existido la posibilidad de hacerlo. Nos parece que las autoridades del municipio capitalino de Santiago del Estero debieran resolverse a encarar esta cuestión de gran relevancia para los viajeros.







