23 Diciembre 2002 Seguir en 
En esta época, resulta desgraciadamente tradicional la secuela de accidentes motivados por la imprudente conducta del público en la utilización de los artículos pirotécnicos, elemento favorito de celebración de las fiestas de fin de año en personas de toda edad. De allí que resulte obligado referirse a la cuestión, en un intento de cimentar la imprescindible conciencia protectiva de la población a su respecto.
En nuestra edición de ayer hemos dedicado una amplia nota al asunto, donde se tocan los puntos fundamentales. En primer lugar, está la cuestión relativa al origen de esos elementos y a su venta. Es sabido que su elaboración está sujeta a precisas pautas legales para garantizar la seguridad. De allí que las autoridades deban cuidar celosamente que los artículos que se expendan tengan la procedencia debida y que hayan llenado todas las autorizaciones. Es un aspecto donde deben poner especial atención, dada la facilidad con que se falsifican las etiquetas y los estampillados. Es evidente que allí se esconde uno de los peligros más significativos, como es el de que ingresen a los hogares productos que se confeccionaron al margen de las normas de seguridad.
Nuestra nota consignaba que los precios actuales han incrementado el riesgo de la fabricación casera, punto que torna aún más importantes las inspecciones. Estas deben realizarse con la máxima frecuencia, pues la actual extensión a otros locales de la habilitación para vender ha venido a multiplicar los focos de riesgo. Existe también la cuestión de las modalidades de expendio, para proteger la integridad física tanto del vendedor como del público. No debe olvidarse, por ejemplo, que han existido casos de explosiones por la prolongada exposición de los productos, en la calle, al sol.
En segundo lugar -pero en el mismo nivel de importancia- está lo referido al manejo de los artículos en cuestión. La nota publicada en LA GACETA consignaba, en ese sentido, una serie de recomendaciones que deben observarse celosamente respecto de la forma de manipular y de encender estos artículos.
El clima de festejo no debe hacer olvidar lo perentorio de tales recaudos, por parte de las personas de toda edad. De más está decir que, dada la frecuencia con que los niños utilizan los elementos pirotécnicos, resulta especialmente necesario que los adultos siempre estén presentes con ellos para cuidarlos de posibles accidentes.
Debe considerarse asimismo muy importante el tema del entorno. Hay al respecto un ejemplo expresivo. Sabemos que, en estos últimos años, existen en las estaciones de servicio bares donde se reúne gran cantidad de jóvenes, además de los muchos que se congregan en sus proximidades. No es raro -y lo hemos denunciado repetidamente desde esta columna- que en esos lugares se juegue con con cohetes, sin meditar en la catástrofe que se podría llegar a provocar.
Una larga experiencia de penosos episodios indica que estas recomendaciones, que a veces pudieran parecer obvias, distan de tener tal carácter. Varias veces han acontecido en distintos sitios del país, incluida nuestra provincia, sucesos que demuestran acabadamente los riegos implicados en algo en apariencia tan inocente como es la cohetería de la Navidad y del Año Nuevo.
De cualquier manera, y aun contando con que todo lo expuesto arriba se observara en lo atinente a la elaboración y al expendio, es indiscutible que las precauciones fundamentales deben estar a cargo de las personas que adquieren artículos pirotécnicos y que los llevan a sus hogares. A ellos es lícito requerirles una conducta de mínima prudencia y de cordura, que tenga en cuenta los riesgos del material que compraron y las consecuencias que puede originar su manejo desaprensivo. Las normas de prevención, repetimos, deben ser observadas por todos y en todos los casos.
En nuestra edición de ayer hemos dedicado una amplia nota al asunto, donde se tocan los puntos fundamentales. En primer lugar, está la cuestión relativa al origen de esos elementos y a su venta. Es sabido que su elaboración está sujeta a precisas pautas legales para garantizar la seguridad. De allí que las autoridades deban cuidar celosamente que los artículos que se expendan tengan la procedencia debida y que hayan llenado todas las autorizaciones. Es un aspecto donde deben poner especial atención, dada la facilidad con que se falsifican las etiquetas y los estampillados. Es evidente que allí se esconde uno de los peligros más significativos, como es el de que ingresen a los hogares productos que se confeccionaron al margen de las normas de seguridad.
Nuestra nota consignaba que los precios actuales han incrementado el riesgo de la fabricación casera, punto que torna aún más importantes las inspecciones. Estas deben realizarse con la máxima frecuencia, pues la actual extensión a otros locales de la habilitación para vender ha venido a multiplicar los focos de riesgo. Existe también la cuestión de las modalidades de expendio, para proteger la integridad física tanto del vendedor como del público. No debe olvidarse, por ejemplo, que han existido casos de explosiones por la prolongada exposición de los productos, en la calle, al sol.
En segundo lugar -pero en el mismo nivel de importancia- está lo referido al manejo de los artículos en cuestión. La nota publicada en LA GACETA consignaba, en ese sentido, una serie de recomendaciones que deben observarse celosamente respecto de la forma de manipular y de encender estos artículos.
El clima de festejo no debe hacer olvidar lo perentorio de tales recaudos, por parte de las personas de toda edad. De más está decir que, dada la frecuencia con que los niños utilizan los elementos pirotécnicos, resulta especialmente necesario que los adultos siempre estén presentes con ellos para cuidarlos de posibles accidentes.
Debe considerarse asimismo muy importante el tema del entorno. Hay al respecto un ejemplo expresivo. Sabemos que, en estos últimos años, existen en las estaciones de servicio bares donde se reúne gran cantidad de jóvenes, además de los muchos que se congregan en sus proximidades. No es raro -y lo hemos denunciado repetidamente desde esta columna- que en esos lugares se juegue con con cohetes, sin meditar en la catástrofe que se podría llegar a provocar.
Una larga experiencia de penosos episodios indica que estas recomendaciones, que a veces pudieran parecer obvias, distan de tener tal carácter. Varias veces han acontecido en distintos sitios del país, incluida nuestra provincia, sucesos que demuestran acabadamente los riegos implicados en algo en apariencia tan inocente como es la cohetería de la Navidad y del Año Nuevo.
De cualquier manera, y aun contando con que todo lo expuesto arriba se observara en lo atinente a la elaboración y al expendio, es indiscutible que las precauciones fundamentales deben estar a cargo de las personas que adquieren artículos pirotécnicos y que los llevan a sus hogares. A ellos es lícito requerirles una conducta de mínima prudencia y de cordura, que tenga en cuenta los riesgos del material que compraron y las consecuencias que puede originar su manejo desaprensivo. Las normas de prevención, repetimos, deben ser observadas por todos y en todos los casos.







