El martes, en algunos hogares argentinos habrá fiesta, con bebida y comida que habrá de sobrar para el día siguiente. En otros se gastará lo suficiente para pasarlo en familia, y en la mayoría sólo se vivirá mucha tristeza, porque no tendrán nada, sólo la solidaridad de unos pocos que no se olvidan de los más pobres. Es bueno que celebremos la Navidad. Pero, ¿sabemos lo que realmente se festeja? No sea que los preparativos nos hagan olvidar su verdadero significado, como siempre nos sucede. En Navidad renace la esperanza en cada ser porque recordamos la humildad y el desamparo con los que Dios llegó al mundo. Imitémoslo pues, y así habremos celebrado de verdad el cumpleaños de Jesús. Caso contrario, en nuestras vidas nada habrá cambiado. Sólo habremos gastado más, seguiremos desalentados respecto el mañana y el pesebre de nuestro corazón seguirá vacío, porque no habremos dejado renacer la esperanza.
Gustavo Adolfo Pomares Ortega
Congreso 180 (6º F)
S. M. de Tucumán
REALITY SHOW
Un barco en plena guerra era comandado por su capitán que, con fuerte convicción de soldado, luchaba hasta morir, defendiendo su bandera y su tripulación. En Japón, cuando alguien era sospechado de corrupción, terminaba suicidándose antes del juicio. En Irán, la Justicia es muy cruel con los actos criminales. En Tucumán somos más que historia; superamos a Biafra con niños desnutridos en una provincia rodeada de silos que almacenan y exportan granos. Nuestro gobernador, líder del PJ, anunció su retirada definitiva de las huestes políticas aplicando el refrán "pájaro lleno, volar quiere"; ya no le interesa la reforma constitucional. Los jueces pelean por derribar las dos balanzas de la vendada Justicia. Esto es verdaderamente un "reality show" que, si se vendiera a la TV extranjera, tendría mucho rating. Los personajes son auténticos y un dato para "Guinness": Tucumán es la provincia que más gatos tiene (pero sin pulgas).
Daniel Leccese
Manz. C (Casa 76)
Bº Güemes
Alderetes-Tucumán
INDIGNACION
Me llena de indignación e impotencia leer y escuchar de boca de Teresa Felipe de Heredia y de Fernando Juri que todos somos responsables por la muerte de 16 pequeños niños desnutridos. Quiero decirles a estos personajes que los únicos responsables son ellos porque nos dejaron en la miseria más ruin de que se tenga memoria. Los padres de estos pequeños ¿qué culpa pueden tener si los dejaron sin trabajo y cuando concurrían a los CAPS no tenían leche, ni lo mínimo indispensable para su atención? Si hubiera vivido mi abuela libanesa les habría dicho a estos políticos: "hijos, no hablen humedades".
Lucinda Giardelli
Pasaje Holmberg 3.594
S. M. de Tucumán
BALANCE
Al terminar el año en que descubrimos que aquí se podía morir de hambre, querido lector, usted -como otros- se siente el gran derrotado, culpable ante los suyos del bienestar perdido, por razones que no puede entender ni explicar. A usted le quitaron el trabajo. Tenía un tallercito, un comercio, una fábrica o una empresa que hubo que cerrar; un campo que se comieron los bancos o una profesión que ya no le sirve a un descartable mayor de 40 años ¿Cuáles son, en todo esto, sus culpas? Piense que lo acompañan 10 millones de compatriotas que no perdieron por incapaces, vagos o viciosos, sino porque en esta trágica película argentina de final impredecible, seguirán ganando los malos, gracias a los "buenudos", cobardes e hipócritas, que ofrecen la otra mejilla a genocidas y a delincuentes. Porque amar, confiar y respetar fueron actitudes de alto riesgo. Porque quiso jugar limpio en un juego sucio; porque no supo mentir donde la verdad está prohibida; porque con 26.000 leyes vigentes usted creyó que la ley era importante y quiso respetarla, y porque siguió siendo un buen tipo, ganar se hizo muy difícil. A pesar de todo, si conserva el amor y el respeto de su familia, de esos amigos que lo quieren más cuando peor le va; si sigue creyendo que la vida recomienza con cada amanecer; si sigue deseando vivir con las manos y el alma limpias, créame amigo, usted ganó.
Dante Diambra Caporaletti
Av. Sarmiento 947
S. M. de Tucumán
BUENOS VECINOS
Cuando construí mi casa, dentro de las cuatro avenidas, nunca imaginé que tendría el privilegio de disponer de un taller mecánico en la puerta de mi casa, pese a que las ordenanzas municipales prohíben reparar vehículos en la calle, gracias a los muy buenos vecinos del frente. A los dueños del taller les falta lugar y solucionan su problema apropiándose del espacio público. Total, a los vecinos y a los que circulan no les molestan ni los ruidos, ni la suciedad, ni los autos parados en la entrada de garajes y en doble fila, o en la parada del ómnibus, con el capot abierto, o desarmando el tren delantero. Después de todo, si no fuera por el taller, la cuadra sería tierra de nadie, porque la Municipalidad nunca controla lo que pasa. Y aquí no existe el respeto por el prójimo ¿Quién es el prójimo? No puedo dejar de mencionar que todo esto no sería posible sin la inestimable colaboración del implacable Departamento de Policía Municipal, que controla todo, pero, casualmente, no ve lo que ocurre en General Paz al 1.200. Y eso que hasta he sido honrado con la presencia de las grúas que trabajan para la Municipalidad, paradas en la entrada del garaje de mi casa. Otras veces estacionan en doble fila, aun teniendo lugar para hacerlo bien, porque también se rompen y las traen para ser reparadas en la calle. Eso les da autoridad moral para imponer que otros no cometan infracciones. No entiendo por qué estamos como estamos, teniendo tanta gente noble y desinteresada que se encarga del bien de la comunidad y del engrandecimiento de la cultura, distinto de lo que ocurre en cualquier país evolucionado de Europa.
José Eduardo Vera
General Paz 1.212
S. M. de Tucumán
SIN DADIVAS
En estos días vi cómo se desarrollaba otra de las tantas marchas realizadas por las diferentes corrientes. Lo que pregunto es por qué los conductores de estas masas no se dirigen al pueblo y a los gobernantes con propuestas con ideas de trabajo. Siempre dicen lo mismo y lo que ya todo el mundo sabe. Por qué, ya que ellos tienen la oportunidad de conducir y ser oídos, no aprovechan para aportar ideas y tratan de devolverle al pueblo la dignidad de buscar un trabajo, de conseguir su pan diario con el trabajo. Decirles a los gobernantes que no queremos dádivas, que no queremos migajas. Eso tienen que exigir los sindicalistas y los demás. Un pueblo se levanta con el orgullo del trabajo digno y la honestidad, por parte de todos.
Dora Dileo
doradielo@tucbbs.com.ar







