Un anuncio deportivo que requiere un gran debate

05 Mayo 2008
El anuncio sobre el pedido efectuado por el Gobierno de Tucumán a la Asociación del Fútbol Argentino de contemplar a la provincia como una de las posibles sedes en caso de que el país organice la Copa América en 2011 generó atención en la opinión pública. Casi tanto como la necesidad de cumplir con una de las exigencias para tal competencia: contar con un estadio para 35.000 espectadores sentados. Desde el Ejecutivo se lanzó la posibilidad de ampliar la capacidad de los más grandes existentes, los de San Martín y Atlético, aunque no se descartó la construcción de uno nuevo. Es este último punto el que requiere de un gran debate, en tiempos de aguda crisis en cuanto a la infraestructura deportiva y de apego casi sistemático a atar proyectos de estas características, incluso los de conducción, a las ambiciones y determinaciones oficiales.
En esta columna se expuso con insistencia en los últimos tiempos sobre la necesidad de trabajar para poder contar en la provincia con sitios adecuados para determinadas manifestaciones deportivas, como el fútbol, el rugby, las disciplinas que se practican bajo techo, incluso el automovilismo. Y se alentó a los sectores privados a convertirse en actores protagónicos, con el acompañamiento oficial.
Lo cierto es que los clubes, sociedades civiles formadas para promover la sana competencia, alentar a los jóvenes a la práctica de una actividad y al cuidado de su salud, e incluso generadoras de dirigencias con proyección a otras manifestaciones, han perdido la fuerza que los movió por años y les dio razón de ser. El apoyo del sector político se ha convertido para ellos en determinante y en ese afán, incluso ceden la palabra y las ideas, cuando no están manejados por representantes de este sector. Es evidente que la crisis social y económica que sufre nuestro país desde hace muchos años caló hondo en las instituciones. Desde aquellos viejos visionarios, que fueron engrandeciendo sus clubes con esmero y dedicación y que pusieron las bases de una pasión que mueve a miles de fanáticos, al presente, muchas cosas han cambiado. Hoy, son muchas las entidades que siguen adelante prácticamente subvencionadas por funcionarios de distintos niveles, en ocasiones con dineros públicos de los que no siempre se conoce su destino ni cómo son utilizados.
Los ejemplos sobre injerencia de gobiernos en inversiones sobre infraestructura deportiva abundan en el país. Las últimas magnas obras encaradas con aportes oficiales como las del estadio "Ciudad de La Plata", el autódromo de Las Termas de Río Hondo o el que actualmente está en plena construcción en Potrero de los Funes, San Luis, dan muestra de ello. Se trata de emprendimientos sumamente costosos, que llevan mucho tiempo y cuyo reintegro de inversión no siempre se da a conocer.
Tucumán efectuó hace tiempo un anuncio sobre construcciones deportivas, que quedó sólo en eso. Ese descuido no debe repetirse; a la sociedad no le sirve que se le vendan ilusiones, cualquiera sea el fin cuando se lo hace. Mucho más porque a partir del anuncio se está frente a la posibilidad de dar un paso adelante en un deporte específico en lo que es quizás la oportunidad más importante que tendrá el fútbol local desde que perdió la chance de convertirse en una de las sedes del Mundial de 1978. Ese único motivo es determinante para abrir un diálogo profundo entre las partes interesadas y de especialistas en las materias de influencia. En esta historia, a la dirigencia le cabe un rol que no debe ser sólo de acompañamiento, sino motorizador: en su madurez y en su compromiso debe descansar buena parte del proyecto, así como también en su gestión. Y con un Gobierno dispuesto a promover y a controlar los actos.

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