04 Mayo 2008 Seguir en 
A comienzos de noviembre pasado tuvo lugar en Tucumán el V Congreso Iberoamericano Parpaj 2007 de Parques y Jardines. De ese encuentro surgió la Carta de Argentina 2007 y en algunos de sus puntos se recomienda: legislar para evitar la vulnerabilidad de los espacios verdes públicos, así como también de las áreas de reserva verde urbanas, que se ven acechadas por intereses privados en contraposición con el bien común, sufriendo estas cambios de destino; fomentar la profesionalización en la gestión de los espacios verdes utilizando las certificaciones de calidad, seguridad y salud laboral y medio ambiente. También se aconseja dignificar la gestión con un compromiso de responsabilidad social y aplicar las nuevas tecnologías en investigación y desarrollo en los espacios verdes; tutelar desde la planificación y el diseño hasta el mantenimiento para lograr espacios verdes sostenibles; capacitar a los técnicos para conseguir una formación competente en aspectos de planificación, diseño, ejecución, gestión y mantenimiento de los parques y jardines públicos y potenciar las políticas en materia de medio ambiente en el ámbito urbano.
En diversas oportunidades, nos hemos referido en esta columna a los parques y paseos públicos de San Miguel de Tucumán, en particular al más importante, el 9 de Julio, inaugurado el 23 de setiembre de 1908. Pese a que se anuncian de tanto en tanto distintos proyectos para jerarquizarlo, desde hace años este hermoso paseo sigue descuidado en muchos aspectos. A través de una crónica reciente y de una secuencia de fotos elocuentes, LA GACETA mostró el abandono en que se halla, por ejemplo, el lago San Miguel. Con el insólito argumento de que no hubo interesados en la concesión del restaurante abandonado hace tiempo, ni en la explotación y mantenimiento del espejo de agua, la Municipalidad comenzó a demoler -luego la volteó el viento- en enero pasado la confitería, cuyo proyecto, cálculo de estructura y dirección técnica fueron realizados por el ingeniero Angel Manuel Gil. Desde 1961, fecha de su inauguración, el inmueble con su original techo paraboloide hiperbólico, que tenía un gran valor arquitectónico, se convirtió en un referente del paseo. Los dos llamados a licitación para un emprendimiento comercial en la zona fracasaron, sin que, al parecer, ningún funcionario se haya preguntado por qué. Ahora se planea una tercera convocatoria.
Ausencia de baños públicos y de iluminación en algunos sectores; fuentes que no tienen grifos, caminería deteriorada; el tradicional reloj de flores sin funcionar, la estación del ex trencito abandonada, canales sin barandas, estatuas sucias, son ejemplos del descuido.
El subsecretario municipal de Servicios Públicos dijo que les preocupa mejorar el estado de la zona, pero no poseen el dinero necesario para hacer un emprendimiento. Señaló que las 50 personas que trabajan a diario en el parque no dan abasto para limpiar la basura que tiran los tucumanos, especialmente los fines de semana.
Mientras, por un lado, la Municipalidad sostiene que no hay dinero para el mantenimiento y que carece de personal, por otro, provocan largos debates los jugosos viáticos solicitados por el intendente, cuya política principal tiene como fin pavimentar. Cabe preguntarse entonces de qué nos sirvió la realización del Parpaj 2007, si no se han puesto en marcha varias de las recomendaciones de la Carta de Argentina. Sería verdaderamente un progreso que aprendiéramos alguna vez a hacer realidad las palabras, los discursos y los proyectos.
En diversas oportunidades, nos hemos referido en esta columna a los parques y paseos públicos de San Miguel de Tucumán, en particular al más importante, el 9 de Julio, inaugurado el 23 de setiembre de 1908. Pese a que se anuncian de tanto en tanto distintos proyectos para jerarquizarlo, desde hace años este hermoso paseo sigue descuidado en muchos aspectos. A través de una crónica reciente y de una secuencia de fotos elocuentes, LA GACETA mostró el abandono en que se halla, por ejemplo, el lago San Miguel. Con el insólito argumento de que no hubo interesados en la concesión del restaurante abandonado hace tiempo, ni en la explotación y mantenimiento del espejo de agua, la Municipalidad comenzó a demoler -luego la volteó el viento- en enero pasado la confitería, cuyo proyecto, cálculo de estructura y dirección técnica fueron realizados por el ingeniero Angel Manuel Gil. Desde 1961, fecha de su inauguración, el inmueble con su original techo paraboloide hiperbólico, que tenía un gran valor arquitectónico, se convirtió en un referente del paseo. Los dos llamados a licitación para un emprendimiento comercial en la zona fracasaron, sin que, al parecer, ningún funcionario se haya preguntado por qué. Ahora se planea una tercera convocatoria.
Ausencia de baños públicos y de iluminación en algunos sectores; fuentes que no tienen grifos, caminería deteriorada; el tradicional reloj de flores sin funcionar, la estación del ex trencito abandonada, canales sin barandas, estatuas sucias, son ejemplos del descuido.
El subsecretario municipal de Servicios Públicos dijo que les preocupa mejorar el estado de la zona, pero no poseen el dinero necesario para hacer un emprendimiento. Señaló que las 50 personas que trabajan a diario en el parque no dan abasto para limpiar la basura que tiran los tucumanos, especialmente los fines de semana.
Mientras, por un lado, la Municipalidad sostiene que no hay dinero para el mantenimiento y que carece de personal, por otro, provocan largos debates los jugosos viáticos solicitados por el intendente, cuya política principal tiene como fin pavimentar. Cabe preguntarse entonces de qué nos sirvió la realización del Parpaj 2007, si no se han puesto en marcha varias de las recomendaciones de la Carta de Argentina. Sería verdaderamente un progreso que aprendiéramos alguna vez a hacer realidad las palabras, los discursos y los proyectos.







