La pesadilla del 19 y del 20 de diciembre de 2001 no se repitió ni en el país ni en Tucumán. Se tranquilizó el ambiente, pero desde aquel momento emergieron otros actores sociales y políticos. Las organizaciones piqueteras -que reivindican su autonomía política frente al PJ- han sido reconocidas por el presidente Eduardo Duhalde como engranajes clave en el combate contra el hambre, según reconoció ayer.
De todas ellas, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) es la que alcanzó mayor desarrollo en la provincia, pero sin haber roto el diálogo con la Casa de Gobierno. Esa expansión fue sincrónica con el agravamiento de la crisis socioeconómica y la del gremialismo peronista tradicional.
La otra consecuencia visible de ese corte político que implicó el estallido de diciembre de 2001, con proyecciones en los cacerolazos y actos públicos de este año, fue la aparición de nuevas organizaciones sociales y partidarias. La desilusión con los peronistas, la UCR y el bussismo motorizó aquel fenómeno.
El partido Ciudadanos Independientes es probablemente el producto más nítido del replanteo que hizo parte de la opinión pública. Ricardo López Murphy se erigió en el elemento que aglutina a fracciones liberales. Otros grupos, no obstante, aún buscan su lugar bajo el sol, con perspectivas inciertas. Y la efectividad de ese intento de explorar nuevos rumbos en la vida política aún no pasó por la prueba de las urnas. Por ahora, todo es pura especulación.
Promesas y realidades
El juego del poder se despliega con su lógica propia. La Casa Rosada se inmiscuyó en la política de asistencia social con el Operativo Rescate, que puso paños fríos en una provincia hipersensibilizada por los 17 niños muertos a causa de la mortalidad infantil. El desembarco de los equipos federales cumplió con ese objetivo.
Sin embargo, la esposa de Duhalde rompió su promesa de visitar semanalmente Tucumán. Es probable que el clima de agitación social -previsible para estos días- haya influido en el incumplimiento de la palabra de la primera dama. Pero las acciones del Operativo Rescate están lejos de remover las causas profundas de una situación que data de décadas. En el más alto nivel del poder político nacional se elaboró una conclusión de ese tipo.
De todos modos, la intervención federal a Tucumán dejó de ser una hipótesis en análisis. Ya nadie habla de ello.
Miranda, por una parte, supo formar un cerco de contención para las presiones desestabilizadoras con sus pares peronistas de Formosa, Jujuy y Misiones. Y, por otra parte, su duro enfrentamiento con Carlos Menem lo transforma en amigo del archirrival del riojano. De hecho, el político que apoya Miranda es José Alperovich, el senador que cae bien en la Casa Rosada. Y si había alguna duda, la disipó el ex ministro político Antonio Guerrero, cuando aseveró que el corazón del gobernador está con Alperovich.
De todos modos, Hilda González de Duhalde pudo palpar que el ex radical despierta resistencias en franjas del peronismo. "Chiche" Duhalde mudó de alojamiento cuando vino por última vez a la provincia -se fue de Yerba Buena a Tafí Viejo-, un gesto que no pasó inadvertido en el peronismo tucumano.
De todos modos, la tensión interna está lejos de decrecer en el partido oficialista. Roque Alvarez -un conspicuo jerarca menemista del bloque de diputados Azul y Blanco- es un hombre importante en el armado de Alperovich. Esa doble condición causa escozor en algunos duhaldistas.
Sin embargo, la discusión mayor se libra en otro terreno. Los ministros Fernando Juri y Osvaldo Jaldo se erigen en un polo competitivo dentro de la esfera mirandista.
Las fintas no inhiben la búsqueda de soluciones de transacción que evitarían desgastes.
Algunas voces sugerían el viernes -en la habitación 307 del Grand Hotel- que la fórmula Alperovich-Jaldo podría unificar el mirandismo. Olijela Rivas y Sisto Terán serían los propuestos para candidatos a senadores y Alberto Herrera para encabezar la de diputados. La eliminación de la cláusula de dos años de antigüedad allanaría los obstáculos reglamentarios. El gobernador, en persona, abogó por eso, durante el almuerzo de ayer con los congresistas del partido.
La contrapartida de la habilitación de Alperovich sería el perdón a quienes, a pesar de afiliados del PJ, fueron postulantes por el Frente de Todos en 2001. Ese es el caso de Rivas. Conviene tener en cuenta que esas versiones aún no se plasmaron en hechos ciertos y que generarán reacciones de los afectados.
Las preocupaciones
El tejedor de los acercamientos no está, por cierto, en su mejor momento. Miranda espera aún que la comisión de Juicio Legislativo de la Cámara archive que el pedido de destitución que le formuló el abogado Daniel Bayo. Al deshacerse la mayoría automática que lo sacaba del atolladero, se prolongó el fastidio que le causa verse agobiado por una demanda que le imputa responsabilidad por no haber adoptado planes para contener la mortalidad infantil. Con todo, las cartas se acomodarán para que la acusación se hunda para siempre.
Si algo unifica al mirandismo en su conjunto es la lucha contra el fiscal anticorrupción, Esteban Jerez, quien le complicó la vida a un enjambre de funcionarios y legisladores, con Miranda a la cabeza. En los ámbitos legislativos se aguarda que ingrese otro pedido de juicio político en contra de aquel, por obra de Juan Carlos Mamaní. El calendario electoral precipita las operaciones encaminadas a lograr la destitución de Jerez. Con todo, es el ámbito judicial donde se procura recortar cada vez más el margen de acción del fiscal. Las escaramuzas con la Corte Suprema de Justicia y algunos camaristas forman parte de esa guerra de posiciones.
Jerez pudo probar la filiación peronista de sus principales impugnantes (Pilar Prieto, Emma de Nucci y Juan Carlos Tártalo), en una batalla que apresuró el diputado radical Carlos Courel. Este ventiló el ofrecimiento de una candidatura a gobernador -que no había sido aceptada- justo cuando el fiscal centraba su mira en el ex ministro de Economía, Joaquín Ferre, por la causa Ciccone. La jugada de Courel lo enredó y le dio argumentos a quienes le endilgan ambiciones políticas. Ante eso, el fiscal jura que ahondará su lucha. Enero y febrero serán dos meses clave.







