Demasiados nudos por desatar

El Gobierno nacional tiene como prioridad la solución del conflicto con el campo. Pero hay otros problemas económicos y sociales que figuran en la agenda oficial de 2008. Por Angel Anaya - Columnista.

03 Mayo 2008
BUENOS AIRES.- Para los líderes agropecuarios que al final de la tregua llegaron tan fuertemente integrados, el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, es el representante más confiable del Gobierno en la negociación con la que el kirchnerismo presidencial pretendió dividirlos enfrentándolos con la sociedad urbana.
A Fernández se lo ha visto hacer milagros desde que el copresidente encabeza formalmente al PJ, pero los días que le aguardan hasta la anunciada cita del martes con la cúpula rural, a pesar del fin de la tregua, serán para él los definitivos, pues ha visto con notable claridad el túnel sin salida que le espera al modelo kirchnerista si rompe con esa enorme fuerza política que ha fortalecido al modelo federalista.
Ese túnel ha tenido múltiples formas en la semana que finaliza; tanto en el orden económico como en el social. La negativa calificación internacional del riesgo país que lo declaró “no confiable”, a la vez que elevaba a Brasil a “muy confiable” por su calidad institucional. Un Día de los Trabajadores donde la CGT, ahora entronizada en el poder, se mantuvo ausente de la plaza histórica, fraccionada en siglas opositoras y Hebe Bonafini con una arenga contra el oficialismo moyanista.
Muy lejos, en el Calafate, la familia Kirchner se toma un tiempo de meditación sobre esa agenda donde también figuran vencimientos de deuda en 2008 por US$ 38.000 millones.

El culpable
Otra expectativa inmediata es la aparición del flamante ministro de Economía, Carlos Fernández, portador  de un discurso que, aunque no lo parezca, deberá adaptarse a la realidad compulsiva que provocó la renuncia de su predecesor. Martín Lousteau fue declarado oficialmente culpable de las retenciones móviles que hasta hoy siguen divorciando al gobierno y el agro, pero hay algo bastante más sorprendente y políticamente escabroso. Fue su presencia en Washington, negociando con el Fondo Monetario Internacional y el secretario del Tesoro de Estados Unidos apoyos para la negociación con el Club de París, sin intervención del FMI.
Días después, tras el alejamiento de Lousteau, el Gobierno votó en contra de la reforma del organismo encarada por su nuevo titular Strauss-Kahn, quien antes de su elección había llegado a Buenos Aires para solicitar el apoyo que se le ofreció de inmediato por el ex presidente Néstor Kirchner.
El raro galimatías forma parte de esa ruleta rusa que el poder actual está usando en la política exterior y que el nuevo ministro Fernández deberá aprender a utilizar con la capacidad que un vecino domiciliario le asignó en un reportaje televisado: “es muy capaz y sencillo; todos lo queremos; pero esperemos que lo dejen hacer”.
Como se advierte, el orden  de prioridades señala al campo como lo inmediato, siempre que no se confunda lo urgente con lo necesario; una preocupación política que ya se escucha en boca de líderes agrarios conscientes de la realidad histórica. (De nuestra Sucursal)

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