Día Mundial de la Libertad de Prensa

03 Mayo 2008
Hoy es el Día Mundial de la Libertad de Prensa, incluida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos el 20 de diciembre de 1993 con el siguiente texto: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.
   La Declaración Universal de los Derechos Humanos está incluida con otras declaraciones internacionales y con “jerarquía superior a las leyes” en el artículo 75, inciso 22 de nuestra Constitución nacional, la que a su vez establece en el artículo 14, entre otros derechos individuales, el de publicar las ideas por la prensa sin censura previa, y en el artículo 32, la prohibición de dictar leyes que restrinjan la libertad de imprenta o establezcan sobre ella la jurisdicción federal. Por consiguiente, la de hoy es una jornada muy significativa; y es esencial para tomar conciencia de que la comunicación por la prensa, a través de sus diferentes medios, es uno de los derechos humanos esenciales, y su preservación, condición fundamental de las sociedades libres.
   El diálogo y el respeto de la diversidad de opiniones son rasgos propios de la organización democrática, así como el disenso y el acuerdo en la búsqueda de soluciones requieren de la información recíproca que los medios de comunicación habilitan.
   Entre las huellas dejadas por la crisis en la vida pública de los argentinos, la comunicación entre representantes y representados ha sufrido -y sufre, por momentos- limitaciones manifiestas, conforme se eleva el rango de las dirigencias, lo que da lugar a confrontaciones crispadas a través de los medios de información, que a su vez carecen del debido acceso a las fuentes.
   No puede decirse que en nuestro país se aplica la censura, pero sí que se ejerce presión sobre los medios y sobre los periodistas, a la vez que en discursos y ocasionales mensajes presidenciales se los descalifica. En muy raras ocasiones se ha accedido al diálogo ni con el actual gobierno ni con el precedente. Pero en los últimos tiempos ese comportamiento oficial se ha extremado; puede observarse en los severos ataques al grupo Clarín, seguidos por la creación de un llamado observatorio contra la discriminación, con participación estatal, y por el repentino anuncio de una nueva Ley de Radiodifusión promovido por la Presidenta. Esta inquietud oficial no ha sido acompañada por la normalización del diálogo con la prensa ni por el cese de las recriminaciones discursivas a la pluralidad de los medios.
   Debe llamar profundamente la atención que la invocada política oficial en relación con los derechos humanos, que hoy celebra su Día Mundial con relación a la libertad de prensa, se desarrolle en un contexto gubernamental tan contradictorio y no merezca una recordación adecuada a la dimensión que suelen asumir otras circunstancias de la misma naturaleza.
   La fecha ha de provocar, igualmente, la reflexión de quienes se sienten amparados profesionalmente por una condición y categoría a la que se deben comportamientos éticos que las revalorizan y que los propios colegas han de exigir para asegurar la mejor comunicación.

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