La música es como el pan

Un país con tantas antinómias como el nuestro no puede ni implementar la actividad coral en las escuelas.

22 Diciembre 2002
Por Roberto Espinosa

"La música es vida, es oscilación, nos mantiene comunicados como parte de un cosmos oscilante con la totalidad del universo. Si tiene esta misión, entonces debe ayudarnos a conseguir el equilibrio interior, el equilibrio entre la intuición y la conciencia. No hay música sin canto", solía afirmar Yehudi Menuhin (1916-1999), uno de los grandes violinistas y humanistas del siglo XX.
Ciertamente, un niño que canta es un niño feliz. Seguramente, el compositor brasileño Heitor Villa-Lobos (1887-1959) lo sabía porque en la década de 1930, tras una pulseada burocrática con el gobierno de su país, logró que cada escuela del Brasil tuviese un coro. Para evitar que algún burócrata de turno le pusiera palos en la rueda, escribió un método sencillo de lectura musical. A los pocos años, desde un espigado podio enclavado en el corazón del estadio Maracaná, don Heitor dirigía a 40.000 chicos.
La actividad coral no sólo estimula la sensibilidad infantil sino que tempranamente inicia al niño en la vida asociativa. En ese espacio aprende a compartir y a comunicarse, independientemente del hecho artístico. En un coro todos son importantes y el producto final se logrará si cada uno aporta su gota de canto. Si el director sabe guiar los deseos y, al mismo tiempo, impregnar de amor cada canción, ayudará a los changuitos a fortalecer su espíritu.Como ejercicio de las relaciones humanas, el coro puede ser un vehículo para la práctica futura de la solidaridad, tan necesaria en una sociedad cada vez más individualista, regida por las perversas leyes del mercado. En un coro se aprende a trabajar en equipo y su funcionamiento no depende de dos o tres individualidades, sino del conjunto y de la capacidad de su director para unir las partes en un todo.
Pese a que la mayoría de las escuelas de la provincia tiene maestros de música, muy pocas poseen coros, lo cual parece inexplicable.
Históricamente nuestro país ha vivido de antinomias: unitarios y federales, sarmientistas y rosistas, peronistas y antiperonistas, River y Boca, por dar algunos ejemplos. Estas posiciones opuestas y, a menudo enfrentadas, reflejan, de algún modo, una incapacidad de unirse detrás de un proyecto común de país que esté orientado en beneficio de los todos argentinos y no del poder económico nacional e internacional.
Aquella frase tan cierta de "divide y reinarás" ha sido tal vez la mejor estrategia de los gobernantes de turno de las últimas décadas. Y el mejor modo de dividir a un pueblo es debilitar su educación, empujarlo hacia la ignorancia y la miseria. Vivimos en una sociedad atomizada, donde el que está preparado para comprometerse en la cosa pública no lo hace y cede los espacios a la clase dirigente inoperante, a la cual critica, pero deja hacer.
Si cada escuela tucumana tuviese un coro sería posible ayudar a construir en el futuro dirigentes menos insensibles con el destino de sus comprovincianos, más eficaces, comprometidos y que trabajaran por el bienestar de la comunidad. Seguramente, la corrupción en todos los niveles sería menor.
Será por eso que Yehudi Menuhin afirmaba: "Los dones de la música deben repartirse entre los niños como el agua, el pan o la leche..."

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