22 Diciembre 2002 Seguir en 
Aristóteles consideraba al agua como uno de los cuatro elementos esenciales. El agua es el componente más abundante de la superficie terrestre y más o menos puro; forma la lluvia, las fuentes, los ríos y los mares; es parte constituyente de todos los organismos vivos y aparece en compuestos naturales; y, como agua de cristalización, en muchos cristales. Mientras en territorios del Medio Oriente o en Africa del Norte, donde prácticamente carecen del líquido elemento hasta el punto que se suscitan "guerras del agua", Tucumán ha sido bendecida por la naturaleza porque cuenta con una envidiable cantidad de ríos y arroyos. A pesar de la definición química del agua como una sustancia constituida exclusivamente por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno, en la naturaleza no se halla nunca en ese grado de pureza sino que está siempre impurificada con una serie de componentes inorgánicos y orgánicos. Por lo tanto, debe ser potabilizada para su consumo.
Días pasados informábamos que Saneamiento Ambiental de la Provincia detectó déficits alarmantes en la potabilidad del agua. Hasta el momento, se calcula que son más de 15.000 las personas que consumen agua no potable en el interior tucumano y no se descarta que esa cifra sea mucho mayor. En San Pedro de Colalao, por ejemplo, se constató que la comuna continúa enterrando residuos a la orilla del río Tacanas, con lo que se contamina la fuente de la que se extrae el líquido para consumo humano. Allí se tomaron seis muestras del agua que se distribuye en esa comunidad y ninguna de estas registraba cloro residual, lo que revelaría, en principio, que el fluido no es bebible.
Se estableció también que en Alpachiri el agua contiene bacterias colis de origen fecal y que en El Mollar, el líquido tampoco es potable. En todos los casos la provisión es administrada por cooperativas de vecinos o por juntas vecinales. La ausencia de agua potable en el interior tucumano es la principal causa de que la gente contraiga parasitosis y patologías gastrointestinales. A la vez, estas enfermedades, cuando no son tratadas a tiempo, impactan principalmente en los niños, quienes terminan padeciendo distintos grados de desnutrición.
Por otro lado, se sabe que existe arsénico en el agua del este de la provincia. Más de 100.000 tucumanos están expuestos a enfermedades. El hidroarsenicismo ataca el hígado, los riñones, el sistema nervioso y puede provocar leucemia y otras variantes de cáncer. Hace ya varios años, un especialista tucumano desarrolló una sustancia para potabilizar esta agua, cuyo costo es de apenas un peso por persona al año. Sin embargo, hasta el momento no se ha implementado, pese a que en el Centro de Elaboración de Medicamentos de la Facultad de Bioquímica de la UNT la sustancia podría producirse a gran escala.
Parece inexplicable que poco o nada se haya hecho en preservar la salud de los tucumanos en las últimas dos décadas. Si disponemos de especialistas e investigadores en todas las áreas de salud, si disponemos de las herramientas necesarias, si tenemos profesionales capacitados para educar convenientemente sobre la potabilización del agua a las cooperativas o juntas vecinales y a los comisionados rurales, si hubo créditos del Banco Mundial y de otros organismos internacionales, no se comprende bien por qué en el siglo XXI Tucumán sigue arrastrando estos problemas crónicos que se agudizan con el avance de la miseria, la desocupación y la ignorancia.
La deuda provincial que ascendía en diciembre de 2001 a 1.400 millones de pesos, actualmente es de $ 3.000 millones, como consecuencia de la devaluación. ¿En que se invirtió el dinero? ¿Dónde están las obras vitales para el desarrollo de la provincia? ¿Cuántos años más miles de tucumanos seguirán bebiendo agua no potable o con arsénico? ¿Cuántos niños más morirán por las condiciones infrahumanas en que viven sus familias?
Finalmente, ¿adónde fue a parar el dinero? Es hora de que la clase dirigente comience a rendir cuentas del destino de los dineros públicos porque son los gobernantes quienes han endeudado con sus desaguisados a este Tucumán que hoy se debate en la agonía.
Días pasados informábamos que Saneamiento Ambiental de la Provincia detectó déficits alarmantes en la potabilidad del agua. Hasta el momento, se calcula que son más de 15.000 las personas que consumen agua no potable en el interior tucumano y no se descarta que esa cifra sea mucho mayor. En San Pedro de Colalao, por ejemplo, se constató que la comuna continúa enterrando residuos a la orilla del río Tacanas, con lo que se contamina la fuente de la que se extrae el líquido para consumo humano. Allí se tomaron seis muestras del agua que se distribuye en esa comunidad y ninguna de estas registraba cloro residual, lo que revelaría, en principio, que el fluido no es bebible.
Se estableció también que en Alpachiri el agua contiene bacterias colis de origen fecal y que en El Mollar, el líquido tampoco es potable. En todos los casos la provisión es administrada por cooperativas de vecinos o por juntas vecinales. La ausencia de agua potable en el interior tucumano es la principal causa de que la gente contraiga parasitosis y patologías gastrointestinales. A la vez, estas enfermedades, cuando no son tratadas a tiempo, impactan principalmente en los niños, quienes terminan padeciendo distintos grados de desnutrición.
Por otro lado, se sabe que existe arsénico en el agua del este de la provincia. Más de 100.000 tucumanos están expuestos a enfermedades. El hidroarsenicismo ataca el hígado, los riñones, el sistema nervioso y puede provocar leucemia y otras variantes de cáncer. Hace ya varios años, un especialista tucumano desarrolló una sustancia para potabilizar esta agua, cuyo costo es de apenas un peso por persona al año. Sin embargo, hasta el momento no se ha implementado, pese a que en el Centro de Elaboración de Medicamentos de la Facultad de Bioquímica de la UNT la sustancia podría producirse a gran escala.
Parece inexplicable que poco o nada se haya hecho en preservar la salud de los tucumanos en las últimas dos décadas. Si disponemos de especialistas e investigadores en todas las áreas de salud, si disponemos de las herramientas necesarias, si tenemos profesionales capacitados para educar convenientemente sobre la potabilización del agua a las cooperativas o juntas vecinales y a los comisionados rurales, si hubo créditos del Banco Mundial y de otros organismos internacionales, no se comprende bien por qué en el siglo XXI Tucumán sigue arrastrando estos problemas crónicos que se agudizan con el avance de la miseria, la desocupación y la ignorancia.
La deuda provincial que ascendía en diciembre de 2001 a 1.400 millones de pesos, actualmente es de $ 3.000 millones, como consecuencia de la devaluación. ¿En que se invirtió el dinero? ¿Dónde están las obras vitales para el desarrollo de la provincia? ¿Cuántos años más miles de tucumanos seguirán bebiendo agua no potable o con arsénico? ¿Cuántos niños más morirán por las condiciones infrahumanas en que viven sus familias?
Finalmente, ¿adónde fue a parar el dinero? Es hora de que la clase dirigente comience a rendir cuentas del destino de los dineros públicos porque son los gobernantes quienes han endeudado con sus desaguisados a este Tucumán que hoy se debate en la agonía.







