Vereda obstruida

En nuestra ciudad las normas paracen que están hechas para no respetarse.

21 Diciembre 2002
A veces da la impresión de que nuestra ciudad es una tierra de nadie porque las transgresiones en todo orden son cotidianas. Aunque hay normas y disposiciones claras en el rubro de la construcción, no siempre se acatan y en ocasiones ponen en riesgo la vida del ciudadano.
En la calle Laprida al 200 hay una obra en construcción sobre la vereda oeste. Colocaron en el lugar un vallado de chapas que apenas deja unos 40 centímetros para el paso peatonal. De manera que es inevitable que el transeúnte descienda a calle, con el peligro que ello implica, porque hay un poste de la luz que obstruye el paso. Por esa cuadra circulan varias líneas de ómnibus y el tránsito siempre es intenso y veloz. A ello se suma el barro existente, que queda de recuerdo de la lluvia.
Este es un sólo ejemplo de la pasividad municipal. Se supone que el órgano de gobierno de la ciudad debe ocuparse de que las ordenanzas se cumplan, pero no lo hace, pese a que tiene un considerable exceso de empleados. Con esta actitud no hace más que favorecer las transgresiones. Cabe preguntarse entonces cuál es la utilidad de los organismos de contralor si no cumplen con sus obligaciones, pese a que los salarios de sus empleados son sostenidos por la comunidad.

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