Los miedos propios

Julio Miranda apuesta a todo o nada.

20 Diciembre 2002
Por Marcelo Aguaysol

Antonio Guerrero puso el dedo en la llaga. El ex ministro político, convertido en una suerte de Nostradamus con sus predicciones acerca de los movimientos institucionales y políticos de Julio Miranda, terminó de poner blanco sobre negro a una sospecha que hoy es certeza. El gobernador apoyará en la interna del PJ a su otrora delfín, José Alperovich.
En realidad, Guerrero movió el avispero en el mundillo peronista con semejante definición. Por fuera o por dentro de ese partido, Alperovich peleará, a través de sus nuevos escuderos, por la sucesión de Miranda. El mandatario testeará mañana a los congresales del PJ, quienes a su vez le pedirán que defina su postura antes de hacer el brindis de fin de año. Pero las palabras del gobernador perdieron sustento mucho antes de que negara lo que dijo respecto de abandonar la política en 2003. Vale entonces preguntarse si aquella decisión de preferir a su familia antes que a las ambiciones de poder y hoy considerarse un político de raza no reflejan un estado ciclotímico. Quizás Miranda extrañe las luces de Buenos Aires. Hace tres semanas que está en Tucumán. Explicó que las gestiones financieras pueden hacerse por teléfono para responder sobre ese hecho. Pero su ministro de Economía, Osvaldo Jaldo, reveló que la Nación aún no giró los fondos prometidos. Caben entonces dos posibilidades: o el teléfono está descompuesto o, en definitiva, no hay dinero -se prevé que la recaudación nacional será récord este mes-. Algunos funcionarios observan a un Miranda con una amplia concentración en la gestión. "Si esa hubiera sido la actitud desde el principio, otro sería el panorama", llegó a decir un conspicuo peronista. Un viejo axioma señala que a las guerras se las gana en el campo de batalla, y no desde un bar o desde una confortable sala de un hotel.

Errores y enseñanzas
En noviembre de 1999, Miranda colgó en su despacho un cuadro que, palabras más, palabras menos, decía que su gestión venía a acabar con la oscuridad que se había instalado en Tucumán. Y contenía también su eslogan de campaña: refundar Tucumán. Miranda equivocó el camino. Sucumbió a toda una sociedad con decisiones erróneas. Desaprovechó dos regalos delarruistas llamados refinanciación de deuda y hasta un diferimiento impositivo con el que el menemismo le permitió iniciar la gestión con cierto alivio financiero. Al cumplir el tercer año de mandato, Miranda trastabilló con la mortalidad infantil por desnutrición. Sus explicaciones no convencieron y así el gobernador se llamó a silencio, el mismo que hoy tiene su compañero de fórmula, Sisto Terán, quien se recluyó en su residencia de Villa Nougués.
Con todo lo que sucedió, quedó claro que los enemigos de Miranda no son ni la oposición ni referentes de su partido. Son sus propios miedos los que alentaron las constantes crisis en el gabinete y a posponer la refundación. Ese mismo temor lo pone hoy de nuevo entre la espada y la pared. Si la apuesta es a la postulación de Alperovich, en el PE se quedaría con nada. Algunos ministros no estarían dispuestos a declinar sus precandidaturas. Huele a renuncias, pero esa será otra batalla que se abrirá en enero antes de la interna del PJ.

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