Tiempos de la "letra bella"

La caligrafía era una importante materia escolar. Por Carlos Páez de la Torre (h) - Redacción LA GACETA

PAUTAS DE OLIVERA. Curvas iguales, el grueso del palote a un octavo de la altura, la mitad del alto entre letra y letra, eran algunas normas implacables del “Método de Caligrafía”.
PAUTAS DE OLIVERA. Curvas iguales, el grueso del palote a un octavo de la altura, la mitad del alto entre letra y letra, eran algunas normas implacables del “Método de Caligrafía”.
Por Redacción LA GACETA 18 Abril 2008
Hasta promediar el siglo XX, sabemos que los instrumentos obligados para escribir eran la pluma y el tintero (ver "Apenas Ayer", LA GACETA, 20-3-2008). Pero la cuestión fundamental era la caligrafía, o sea el "arte de escribir con letra bella, correctamente formada", como quiere el Diccionario de la Academia. No se trataba sólo de escribir, sino de hacerlo con esa "letra bella".
La Editorial Estrada lanzaba al mercado el "Método de Caligrafía", de J.V.Olivera, en cinco cuadernillos. En la primera página, afirmaba que para una correcta caligrafía era necesario "tener muy buena pluma, tomarla bien, colocar correctamente el cuerpo y fijarse en la muestra": esto es, en el modelo que el cuadernillo proporcionaba. Además había que "tratar de que los gruesos sean todos paralelos ylas vueltas iguales". La distancia de letra a letra debía ser igual a la mitad del alto de ellas.
Olivera propiciaba la letra inclinada, con perfiles, es decir la que hoy llamamos "inglesa". Pero estaba también la de tipo vertical. La Editorial Kapelusz proveía a las escuelas del "Método Moderno de Escritura Vertical", de J. Ramonet. También eran cinco cuadernillos, que se iniciaban con el "estudio de las mayúsculas" y terminaban con los "tipos de letra de adorno usuales y útiles, como ser redondilla, inglesa, española, gótica, etcétera".
Ramonet daba minuciosas indicaciones sobre la postura. El cuerpo debía estar "ligeramente inclinado hacia adelante, pero si doblar la espalda, separado el pecho del pupitre unos cuatro dedos, mirando de frente, de manera que la línea que pasa por los hombros sea paralela al borde del pupitre; la cabeza algo inclinada hacia delante, sin violencia; las piernas un poco separadas, para mayor estabilidad; los pies descansando a plomo sobre el suelo". La soltura del brazo derecho (demás está decir que el zurdo era obligado a hacerse diestro), se conseguía haciendo descansar el peso del cuerpo sobre el brazo izquierdo. Y en cuanto a la muñeca, "en ningún caso descansará sobre el pupitre".
Advertía, finalmente, que "la escritura está subordinada a leyes fijas de proporción, que no se pueden descuidar, so pena de quitarle una de sus características: la belleza".

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