Del ostracismo K a una cumbre a las apuradas
La reunión de mandatarios de países vecinos pone a prueba a la provincia. Entre las históricas carencias de infraestructura y el deseo de posicionarse en el mundo económico. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
18 Abril 2008 Seguir en 
Se entiende por inversión pública la aplicación racional y eficiente de recursos públicos destinada a mantener, ampliar, modernizar o reconstruir la capacidad productora de bienes y servicios, con el fin de incrementar el patrimonio y mejorar la calidad de la gestión pública. Bajo ese concepto, el primer día de febrero nació la Oficina Central del Sistema Provincial de Inversión Pública. Esta nueva estructura fue creada para administrar el banco de proyectos en los que el Estado esté directa o indirectamente vinculado y como una necesidad de sistematizar las obras públicas. Como está en la órbita de la Unidad Ejecutora Provincial, también tiene vinculación con la búsqueda de financiamiento -tal el caso de los organismos internacionales, como el Banco Mundial (BM) o el Interamericano de Desarrollo (BID).Según las estimaciones oficiales, Tucumán requiere de una inversión que ronda los $ 3.000 millones para incrementar su infraestructura, ampliar los servicios que mejoren la calidad de vida de los habitantes y que generen competitividad a la economía local. En ese marco, la flamante oficina tendrá una dura tarea en los próximos 74 días, a juzgar por los anuncios del gobernador José Alperovich: definir qué obras serán necesarias para recibir a una decena de presidentes de países que integran y adhieren al Mercosur. Con celeridad, el mandatario viajó a Buenos Aires, a los efectos de conseguir el financiamiento necesario para no detener el plan de obras públicas, con ayuda nacional. Esta es una preocupación creciente en las provincias. La Nación sigue haciendo "caja" y las provincias deben posponer trabajos.
Alperovich juega contra reloj. Quiere aprovechar esa suerte que lo acompaña. Del ostracismo kirchnerista -por la cobertura de una vocalía en la Corte- emergió hacia las mieles de la gratitud presidencial. Cristina Fernández de Kirchner necesita hoy del gobernador para enfrentar -políticamente- el problema del campo. La designación de Tucumán como sede del cónclave regional es un signo de apoyo nacional que puede poner otra vez en la vidriera internacional a la provincia. Como se preguntan en la tribuna, ¿eso es bueno o malo? Lo bueno de la nominación es que la Cumbre del Mercosur puede servir de plataforma comercial para movilizar la producción regional y de los países limítrofes, un viejo anhelo de la zona de usar las vías de comunicación tanto hacia el Pacífico (Chile) como hacia el Atlántico (Brasil o Buenos Aires). Lo malo, si no se corrige a tiempo, es desnudar las carencias históricas de infraestructura para ser sede de un encuentro tan importante como una cumbre de presidentes. El Gobierno saldrá en estos días presuroso al encuentro con el sector privado, particularmente con hoteleros y empresarios gastronómicos para definir las opciones que deben ser propuestas a la Cancillería, la estructura estatal que debe dar el visto bueno para la realización del cónclave.
Alperovich anunció que está dispuesto a invertir $ 2 millones para la organización de ese encuentro. Si bien esa suma dineraria no tiene peso frente al presupuesto de $ 5.000 millones (representa tan sólo el 0,04%), las decisiones de inversión oficial aparecen como un parche que tiende a disimular la falta de infraestructura -pública y privada- para hacer frente a un compromiso de tal magnitud, como una Cumbre Regional de Presidentes.
Por ejemplo, la mitad de esa inversión sería usada para reparar las calles por donde pasarían las delegaciones visitantes; la otra parte, para afianzar el sistema de seguridad, con la compra de cámaras que serán instaladas en el centro de la ciudad y de equipos antimotines para la fuerza policial.
Frente a semejante encuentro regional, el Poder Ejecutivo está obligado a convocar públicamente a las distintas entidades privadas, con el fin de coordinar las acciones para mostrar el mejor Tucumán y, de paso, diseñar qué provincia se quiere para los próximos años. De esta manera, en el Gobierno se evitaría mostrar que las decisiones de inversión aparecen por impulsos políticos, a las apuradas, como se dice en el lenguaje familiar.







