Los enredos de Wanda

Además de ser llamativo, el episodio en la comisaría de Cebil Redondo muestra falencias en la fuerza de seguridad, al igual que la ausencia de policías en las calles. Por Roberto Delgado - Redacción LA GACETA.

15 Abril 2008
"Esto es tierra de nadie". El comentario crítico fue repetido, con diferencia de pocos días, en los barrios Sur y Norte de la capital tucumana. Primero lo dijo la encargada de una panadería que fue asaltada en Congreso al 500, el martes de la semana pasada. La segunda persona que lo señaló fue la dueña de la pizzería desvalijada en 25 de Mayo al 400. En ambos casos, la queja hizo alusión a la falta de policías en las calles céntricas. Esto dio lugar a que el jefe de la Patrulla Urbana reconozca dos cosas. "Vamos a disponer varias paradas fijas para tratar de impedir que se cometan más delitos", dijo el comisario Luis Ibáñez primero. Y ayer debió volver a las explicaciones: "queremos dar la respuesta que los ciudadanos se merecen. Entiendo el malestar y por eso me comprometo a tratar de que esto no pase más".
Ibáñez termina siendo la cara de una organización que él no maneja. En una fuerza de seguridad con una sección que se llama Patrulla Urbana, la prevención se hace a través de otra sección, la Patrulla Motorizada, y cada vez hay menos agentes patrullando de a pie las calles. El mismo Ibáñez lo reconoció la semana pasada: "Personal del Comando Radioeléctrico y de la División de Patrulla Motorizada recorre la zona permanentemente. Pero, dado el incremento de este tipo de robos, destinaremos agentes en distintos sectores", aseguró, ante las quejas de los vecinos de barrio Sur. Pero, ¿cómo dispondrá de más agentes si la prevención fue confiada a la Patrulla Motorizada, a la que el jefe de Policía, comisario Hugo Sánchez, calificó como la más exitosa en la historia de la fuerza? No se sabe si la Patrulla Urbana ha perdido gente a favor de otras áreas policiales (como le ocurre a la recientemente creada sección de Relaciones con la comunidad, que no puede atender a los vecinos porque cedió sus 30 agentes para custodia de presos), pero la falta de policías en las calles de los barrios se hace sentir y sólo se conoce por quejas de los vecinos.
En el fondo está el debate sobre la función de la Policía. ¿Debe prevenir los delitos o investigarlos? Ambas cosas. Pero, para el primer caso, debería asignarse personal que trabaje con un protocolo de prevención básico, como saber dónde y cuándo actúan las mecheras, los motoarrebatadores, los ladrones ocasionales y los asaltantes, entre otros delincuentes, además de distinguir los delitos de las infracciones a la convivencia. Gran parte de estos problemas, obviamente, no los puede ver un agente que se moviliza en una moto sin conocer los movimientos del barrio y que está, básicamente, para reaccionar ante el pedido de auxilio de las víctimas y no para prevenir. Hay una confusión de roles.
En el debate que debe darse sobre la función de la Policía falta el análisis de algunos episodios inquietantes. Esta semana se produjeron serias denuncias contra un agente, por violencia doméstica, contra ocho por abuso de autoridad -el caso del drugstore de avenida Roca al 2.500- y contra otro por estupro, en perjuicio de una adolescente a la que custodiaba. ¿Son episodios aislados o ponen en evidencia la necesidad de controles psicológicos, de capacitación y de interés por el estado general de los hombres que trabajan en la institución?
No se trata de enlodar a los agentes de seguridad, sino de reconocer que se trata de una tarea muy compleja, de mucha responsabilidad, puesta en manos de hombres que reciben un poder impresionante sobre el destino de su comunidad. Y que sólo tienen para actuar los protocolos de un modelo policial que confunde prevención con reacciónñ que cree que para brindar más seguridad hacen falta cada vez más autos, más motos y más hombres. Un modelo que parece vaciar las calles de agentes de patrulla y deja las comisarías abandonadas a su suerte, en lugar de convertirlas en el lugar de contención de necesidades barriales. El incidente del póster de Wanda Nara en la comisaría de Cebil Redondo puede ser un episodio aislado. Pero también es una muestra del abandono de una forma de brindar seguridad.

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