15 Abril 2008 Seguir en 
Roma.- En los años 60 y 70 encarnó la esencia de la belleza mediterránea: Claudia Cardinale, una diva única y durante décadas una de las mujeres más deseadas del mundo, pese a que nunca se desnudó frente a una cámara. "Una mujer es mucho más erótica cuando no muestra todo", dijo Cardinale cierta vez en una entrevista. "Si la mujer permanece cubierta por un velo, la imaginación tiene más espacio".
Hasta sus 70 años, que cumple hoy, esta mujer de voz incomparable ha sido siempre considerada reservada, sin escándalos en su vida ni aires de estrella.
Con el papel de la joven viuda Jill McBain en "Hasta que llegó su hora", de Sergio Leone, Claudia Cardinale entró en la historia del cine. La forma en que llega sola a la estación y poco después encuentra los cadáveres de su nueva familia, las tomas que muestran el dolor y la desesperación en sus profundos ojos oscuros son momentos inolvidables del celuloide. Muchos otros realizadores legendarios eligieron a la actriz italiana como protagonista de sus filmes. "La Cardinale" participó en "8 y 1/2", de Federico Fellini, en "Fitzcarraldo", de Werner Herzog, junto con Klaus Kinski, y en "La Pantera Rosa", de Blake Edwards, compartiendo cartel con Peter Sellers.
Nacida en 1938 en Túnez, fue bautizada Claude Josephine Rose. En 1957 ganó allí un concurso de belleza y con ello un viaje al Festival de Cine de Venecia. Así comenzó su meteórica carrera en el mundo de los bellos y ricos. Logró su primer papel en "I soliti ignoti", de Mario Monicelli, junto a estrellas como Vittorio Gassman. Quien luego sería su futuro marido, el productor Franco Cristaldi, tomó su carrera en sus manos y poco después le llovieron ofertas a la bella morena.
Compartió la pantalla con actores que conforman el ABC del cine, y lo sabe: Alain Delon fue, en su opinión, el más guapo, Sean Connery el más fascinante, Burt Lancaster el más perfecto y Cary Grant el más simpático. "Siempre me entendí bien con los hombres", explicó. "Pero siempre mantuve la vida privada y el trabajo separados". Trabajó en muchas producciones francesas y estadounidenses y británicas. Y también participó en tres obras maestras del italiano Luchino Visconti: "Rocco y sus hermanos", "El Gatopardo" y "Vaghe stelle dell'Orsa (Sandra)".
Desde los años 60, Claudia Cardinale es considerada una de las grandes actrices italianas, junto con Sophia Loren y Gina Lollobrigida y como un polo opuesto -hace tiempo ya superado- de las bellezas francesas Brigitte Bardot y Jeanne Moreau. Cardinale también hizo historia en la televisión en 1986 con la trilogía "La Storia".
Entre sus últimos trabajos para la gran pantalla se cuentan "And now, Ladies and Gentlemen", de 2002, con Jeremy Irons y Patricia Kaas, así como la cinta ítalo-argentina "Estrenando sueños", de Salvatore Sampieri.
Ella misma nunca se consideró, sin embargo una italiana, sino más bien como ciudadana del mundo, por sus diferentes raíces. (DPA)
Hasta sus 70 años, que cumple hoy, esta mujer de voz incomparable ha sido siempre considerada reservada, sin escándalos en su vida ni aires de estrella.
Con el papel de la joven viuda Jill McBain en "Hasta que llegó su hora", de Sergio Leone, Claudia Cardinale entró en la historia del cine. La forma en que llega sola a la estación y poco después encuentra los cadáveres de su nueva familia, las tomas que muestran el dolor y la desesperación en sus profundos ojos oscuros son momentos inolvidables del celuloide. Muchos otros realizadores legendarios eligieron a la actriz italiana como protagonista de sus filmes. "La Cardinale" participó en "8 y 1/2", de Federico Fellini, en "Fitzcarraldo", de Werner Herzog, junto con Klaus Kinski, y en "La Pantera Rosa", de Blake Edwards, compartiendo cartel con Peter Sellers.
Nacida en 1938 en Túnez, fue bautizada Claude Josephine Rose. En 1957 ganó allí un concurso de belleza y con ello un viaje al Festival de Cine de Venecia. Así comenzó su meteórica carrera en el mundo de los bellos y ricos. Logró su primer papel en "I soliti ignoti", de Mario Monicelli, junto a estrellas como Vittorio Gassman. Quien luego sería su futuro marido, el productor Franco Cristaldi, tomó su carrera en sus manos y poco después le llovieron ofertas a la bella morena.
Compartió la pantalla con actores que conforman el ABC del cine, y lo sabe: Alain Delon fue, en su opinión, el más guapo, Sean Connery el más fascinante, Burt Lancaster el más perfecto y Cary Grant el más simpático. "Siempre me entendí bien con los hombres", explicó. "Pero siempre mantuve la vida privada y el trabajo separados". Trabajó en muchas producciones francesas y estadounidenses y británicas. Y también participó en tres obras maestras del italiano Luchino Visconti: "Rocco y sus hermanos", "El Gatopardo" y "Vaghe stelle dell'Orsa (Sandra)".
Desde los años 60, Claudia Cardinale es considerada una de las grandes actrices italianas, junto con Sophia Loren y Gina Lollobrigida y como un polo opuesto -hace tiempo ya superado- de las bellezas francesas Brigitte Bardot y Jeanne Moreau. Cardinale también hizo historia en la televisión en 1986 con la trilogía "La Storia".
Entre sus últimos trabajos para la gran pantalla se cuentan "And now, Ladies and Gentlemen", de 2002, con Jeremy Irons y Patricia Kaas, así como la cinta ítalo-argentina "Estrenando sueños", de Salvatore Sampieri.
Ella misma nunca se consideró, sin embargo una italiana, sino más bien como ciudadana del mundo, por sus diferentes raíces. (DPA)







