El gobernador Julio Miranda salió muy magullado después de la última reorganización parcial de gabinete. Un simple acto administrativo terminó con un serio revés político para aquel. La vuelta de Rodolfo Neme a la conducción del Instituto Provincial de la Vivienda suponía una degradación jerárquica porque dejaba vacante una Secretaría de Estado (Obras Públicas). Sin embargo, no recalaba en un sitio decorativo. El nuevo destino era una auténtica palanca de poder dotada de presupuesto, adonde llegaba de la mano de su protector. Pero la historia se escribió de otro modo. El ministro de Economía se plantó y no firmó el decreto de designación del funcionario que relevaría a Hugo Cabral. Osvaldo Jaldo no quería a Neme en su plantel, ni tampoco mantener a Vivienda en la estructura de Economía. Supo defender su criterio hasta el éxito final.
El funcionario desplazado no aceptó la nueva ubicación que le ofrecía Miranda, que en realidad no era otra que la Secretaría de Desarrollo Humano. Cabral ya había estado a cargo de esta durante su anterior paso por la administración mirandista.
Trama oculta
Este enroque fallido de hombres develó una trama oculta. Las divergencias de estrategias acerca de la ejecución de los planes de vivienda precipitaron el alejamiento del ex interventor. Este planteó la necesidad de la transparencia en la adjudicación de los proyectos y la apertura de oportunidades para todo el mundo empresario, sin excepciones de ninguna naturaleza. La ejecutividad no debía sacrificar esos principios básicos, razonan en la cercanía de Cabral.
Desde la Casa de Gobierno se tenía otra visión del asunto. El ex concejal de la capital admitió que hubo diferencias de criterio con Miranda y reconoció que no llenaba las expectativas de este.
La pésima relación de Neme con el sindicato del Instituto de la Vivienda contribuyó a sellar su caída. Los gremialistas pegaron carteles que rezaban "Cabral, honesto y capaz" en las puertas del edificio. Toda una definición.
Viejas pendencias del pasado se actualizaron en desmedro de la chance del asesor del gobernador. Este intentó una salida intermedia con una designación temporaria del ex secretario de Obras Públicas -hasta el 31 de diciembre-, con la promesa de renuncia en febrero de 2003, cuando acabara el receso . Algunas fuentes relacionaban esa fugaz intervención con adjudicaciones de obras, pero el rechazo sindical forzó la abdicación de Neme, quien no quiso complicar más al Gobierno. El daño, sin embargo, estaba consumado.
El retroceso de Miranda revela que su pérdida de ascendiente político es irreversible. La debilidad lo llevó a intentar pactar con un gremio, pero perdió. La autoridad del jefe de Estado se diluye día a día.







