18 Diciembre 2002 Seguir en 
El pánico movilizó ayer a decenas de vecinos del barrio Loteo Gráfico 1, cuando vieron que desde una casa salían lenguas de fuego. En un taller de chapa y pintura ubicado en el pasaje Eudoro Aráoz 1.560, mientras estaban reparando un automóvil, se inició un incendio que puso en peligro la vida de varias personas. Afortunadamente no hubo que lamentar víctimas.
El siniestro comenzó a las 18, mientras Héctor Hugo Toledo y sus ayudantes estaban soldando un parte de un Fiat Duna. De pronto se produjo el siniestro. La desesperación se apropió de todos ya que, en contacto con material combustible, las llamas alcanzaron en segundos grandes dimensiones. En el lugar había otros vehículos y todos se desesperaron por sacarlos del lugar. "Era un infierno. Había cosas que explotaban, todo el mundo gritaba. Podrían haberse quemado todos", relató el vecino Marcos López.
A los pocos minutos llegó personal de Defensa Civil de la Municipalidad, de Bomberos de la Policía y de la seccional 13ª. Entre todos colaboraron para apagar las llamas. La esposa de Toledo, Ana Orellana, sufrió una fuerte crisis de nervios, ya que creyó que uno de sus cinco hijos había quedado atrapado por las llamas. Horas después del hecho no había podido tranquilizarse y los médicos tuvieron que darle un tranquilizante. El taller quedó totalmente destrozado, así como el Fiat Duna y un viejo Citroën de la familia.
El siniestro comenzó a las 18, mientras Héctor Hugo Toledo y sus ayudantes estaban soldando un parte de un Fiat Duna. De pronto se produjo el siniestro. La desesperación se apropió de todos ya que, en contacto con material combustible, las llamas alcanzaron en segundos grandes dimensiones. En el lugar había otros vehículos y todos se desesperaron por sacarlos del lugar. "Era un infierno. Había cosas que explotaban, todo el mundo gritaba. Podrían haberse quemado todos", relató el vecino Marcos López.
A los pocos minutos llegó personal de Defensa Civil de la Municipalidad, de Bomberos de la Policía y de la seccional 13ª. Entre todos colaboraron para apagar las llamas. La esposa de Toledo, Ana Orellana, sufrió una fuerte crisis de nervios, ya que creyó que uno de sus cinco hijos había quedado atrapado por las llamas. Horas después del hecho no había podido tranquilizarse y los médicos tuvieron que darle un tranquilizante. El taller quedó totalmente destrozado, así como el Fiat Duna y un viejo Citroën de la familia.
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