17 Diciembre 2002 Seguir en 
En un extraño atraco, al menos tres hombres ingresaron ayer a un departamento, ubicado en el cuarto piso de un edificio de barrio Sur y, luego de reducir al propietario, un contador, le robaron los $ 25.000 que tenía ocultos. Hasta el momento se desconoce cómo ingresaron los hombres y quiénes son. La Policía estaba trabajando para identificarlos.
A las 5, el contador Emilio Roque Onaga, de 48 años, se encontraba descansando en su departamento, ubicado en un edificio en calle Entre Ríos 745. En cierto momento, dijo, se despertó sobresaltado ante un fuerte ruido que provenía del balcón. Entonces se levantó y fue a ver qué sucedía, pero no encontró nada. Cuando regresó al dormitorio, fue encandilado por un hombre que tenía una linterna. El desconocido le dijo que se tirara al piso, que se quedara quieto, y que no se preocupara porque era un procedimiento policial. Pero, cuando él obedeció, aparecieron al menos otros dos hombres quienes, en el suelo, lo maniataron.
Después, dos de los hombres fueron directamente hacia la cocina, y allí buscaron una alacena, a la que le sacaron un pedazo de madera. En ese escondite, Onaga había guardado una bolsa que contenía dinero en efectivo. Los delincuentes también se apropiaron de un teléfono celular y una agenda en la que había efectos personales. Después escaparon.
Cuando la víctima pudo desatarse llamó a la Policía y efectivos de la seccional 2ª llegaron poco después. Lo que más llamó la atención fue la facilidad que tuvieron los desconocidos para ingresar tanto al edificio como al departamento. Las puertas habrían sido forzadas, pero nadie se dio cuenta, a excepción de la víctima. Los investigadores encontraron además en distintas dependencias del edificio señales de que los hombres habían bajado por las escaleras, donde habían ido dejando distintos elementos, como la bolsa en la que estaba el dinero, un pedazo de alambre, otro de madera, un bolso, una barreta metálica, un gato hidráulico y una cubrecama. Onaga aseguró además que nadie, excepto su padre, sabía que él tenía ese dinero y que lo había guardado en el escondite que descubrieron los delincuentes.
Por eso los policías sospechan que alguien "entregó" al contador, conociendo los movimientos de la víctima y el interior del departamento.
Hasta anoche no había pistas de los asaltantes. Onaga no estaba en condiciones de hacer un retrato hablado, ya que no le vio el rostro a ninguno.
A las 5, el contador Emilio Roque Onaga, de 48 años, se encontraba descansando en su departamento, ubicado en un edificio en calle Entre Ríos 745. En cierto momento, dijo, se despertó sobresaltado ante un fuerte ruido que provenía del balcón. Entonces se levantó y fue a ver qué sucedía, pero no encontró nada. Cuando regresó al dormitorio, fue encandilado por un hombre que tenía una linterna. El desconocido le dijo que se tirara al piso, que se quedara quieto, y que no se preocupara porque era un procedimiento policial. Pero, cuando él obedeció, aparecieron al menos otros dos hombres quienes, en el suelo, lo maniataron.
Después, dos de los hombres fueron directamente hacia la cocina, y allí buscaron una alacena, a la que le sacaron un pedazo de madera. En ese escondite, Onaga había guardado una bolsa que contenía dinero en efectivo. Los delincuentes también se apropiaron de un teléfono celular y una agenda en la que había efectos personales. Después escaparon.
Cuando la víctima pudo desatarse llamó a la Policía y efectivos de la seccional 2ª llegaron poco después. Lo que más llamó la atención fue la facilidad que tuvieron los desconocidos para ingresar tanto al edificio como al departamento. Las puertas habrían sido forzadas, pero nadie se dio cuenta, a excepción de la víctima. Los investigadores encontraron además en distintas dependencias del edificio señales de que los hombres habían bajado por las escaleras, donde habían ido dejando distintos elementos, como la bolsa en la que estaba el dinero, un pedazo de alambre, otro de madera, un bolso, una barreta metálica, un gato hidráulico y una cubrecama. Onaga aseguró además que nadie, excepto su padre, sabía que él tenía ese dinero y que lo había guardado en el escondite que descubrieron los delincuentes.
Por eso los policías sospechan que alguien "entregó" al contador, conociendo los movimientos de la víctima y el interior del departamento.
Hasta anoche no había pistas de los asaltantes. Onaga no estaba en condiciones de hacer un retrato hablado, ya que no le vio el rostro a ninguno.
Lo más popular
Ranking notas premium







