Con las manos libres

Sisto Terán tiene el poder para definir el juicio político.No es fácil comprender los mensajes que da el gobernador.

17 Diciembre 2002
Cuando un importante sector de la sociedad le dio una paliza para evitar su voluntad de desterrar al fiscal anticorrupción, el gobernador Julio Miranda se encerró en Buenos Aires. Para levantarle el ánimo y evitar que siguiera haciendo valijas, el PJ tuvo que hacer dos actos. Algo parecido ocurrió hace pocos días, cuando cuatro Organizaciones No Gubernamentales le plantearon un juicio político. Se recluyó en la casa de su hermano José -a cuadras del parque 9 de Julio-, mientras anunciaba que ya no quería seguir más.
Ayer, de nuevo jugó con un discurso parecido. Cuentan algunos integrantes de la comisión de Juicio Político que habría dicho: "si quieren que me vaya, me voy". Ya es difícil creer, y más aún saber, cuáles son las verdaderas intenciones del mandatario provincial. Hace 15 días le dijo con gran claridad a LA GACETA que dejaría la política. Cuestiones familiares fueron el justificativo que utilizó en ese momento. Siete días después cambió su discurso y sostuvo que no dejaba la política sino que no sería candidato. No es fácil ni para sus colaboradores ni para la provincia saber la verdad de sus pensamientos. Mucho más difícil se hace para los precandidatos a gobernador, que reciben guiños y señales de apoyo que nunca sabrán si son reales. José Alperovich duda y trabaja por su cuenta. Fernando Juri y Osvaldo Jaldo también están en la misma situación.
Los legisladores que ayer tenían el destino de Miranda en la mano también empezaron a jugar su propio partido. En la comisión de Juicio Político hace unos días el oficialismo consiguió quórum con la ayuda de Julio Topa. El hombre del Movimiento Independiente fue quien abrió la puerta para salvar al mismo gobernador que supo coquetear con su hermano Raúl, pero que también contribuyó con el ahogo final del intendente. Ayer Topa recuperó la memoria y no dio quórum. En este juicio abierto por el abogado Pablo Bayo se acusa al gobernador por la muerte de más de una decena de chicos. La acusación es muy dura, y por eso no será fácil para Teresa Felipe de Heredia, Claudia Herrera, José Gutiérrez, Lilia Ramírez de Castro, Camilo Khoder y el cuasi oficialista Javier Lobo Aragón archivar la causa. Germán Alfaro y Edgardo Rocha, quienes antes pusieron su firma para salvarlo, hasta ahora son los más díscolos y no están seguros de darle un cheque en blanco al gobernador. En cambio, Federico Romano Norri, Gumersindo Parajón y Osvaldo Morelli quieren enjuiciarlo y escuchar la defensa del desahuciado mandatario.
Hay un hombre, por el poder que tiene en la Cámara, que puede hacer cambiar de opinión a algún díscolo o apretar el acelerador contra Miranda. Ese es Sisto Terán, quien hasta ahora bailó al ritmo del mandatario y no le fue muy bien. Terán espera señales para su futuro y no las tiene. En sus manos está la posibilidad de que el mandatario pase un mal trago.

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