La eterna crisis sanitaria

Asistimos a una debacle social, económica, cultural y espiritual pocas veces vista.

17 Diciembre 2002
Cuando una cosa se hace de pronto, sin estudio ni preparación, se llama improvisación. El pedazo de tela, papel o piel que, por medio de un aglutinante, se pega sobre una cosa, generalmente para tapar un agujero, se denomina parche. Cuando no se sabe muy bien cómo dar fin a un problema o la solución posible puede prolongarse en el tiempo, excediendo una gestión de gobierno, se aplica entonces un parche. No se busca dar respuestas de fondo, sino que se recurre, por ejemplo, al asistencialismo. Pero este remiendo sólo sirve para que las heridas no se vean por un tiempo. Cuando la mayoría de los problemas esenciales del país y de nuestra provincia están tapados con parches, es inevitable que vuelvan a salir a la luz, cada vez con mayor gravedad.
La expresión "poner parches" y la largamente popular improvisación se han hecho carne en nuestra idiosincrasia y en nuestra historia, hasta el punto que asistimos a una debacle social, económica, cultural y espiritual pocas veces vista.
Los graves problemas de desnutrición de miles de niños tucumanos, así como sus muertes absurdas; el hacinamiento, la pobreza, la desocupación, el analfabetismo, la ignorancia son una consecuencia de décadas de inoperancia -salvo honrosas excepciones- de una clase dirigente siempre más preocupada en obtener réditos políticos que en el bienestar de la sociedad.
Hace muchos años que el sistema de salud está en crisis. En abril de 1983, durante la gestión del militar Antonio Merlo, La Tarde -el entonces vespertino de LA GACETA- denunciaba que el 70% de los criaturas internadas en el Hospital de Niños sufría de desnutrición grave y que el problema se agravaba aún más por la falta de medicamentos, la escasez de personal, las deficientes instalaciones y la total ausencia de higiene. También señalaba que moría aproximadamente una criatura cada 24 horas. En ese entonces había 57 villas de emergencia en San Miguel de Tucumán. Se destacaba también la labor esforzada de los médicos y del plantel hospitalario, y se hablaba de declarar la emergencia sanitaria, así como del insuficiente presupuesto para salud. Se criticaba que se hubiesen destinado recursos para que un club participara en el torneo de la AFA, mientras los chicos se morían de inanición en pueblos y hospitales. Por supuesto, el primer mandatario se "horrorizaba" de la dramática realidad que acontecía diariamente a escasas cuadras de la Casa de Gobierno.
Desde hace varios años, se sabe que es necesario reforzar la red de atención primaria para evitar que los pocos hospitales que existen en la provincia se congestionen al punto de no poder dar respuesta a las necesidades de miles de tucumanos sin recursos. Pero sin embargo, los anuncios de cada gestión de gobierno que asume quedan sólo en palabras, mientras los dineros públicos continúan dilapidándose, y no precisamente en beneficio de la comunidad. Por ejemplo, en nuestra edición de ayer informábamos que de los 57 Centros de Atención Primaria de la Salud que hay en la capital, sólo diez cuentan con guardias durante las 24 horas e incluso algunos de estos últimos permanecen cerrados los domingos. Esta situación ocasiona que la guardia del Hospital de Niños se desborde los fines de semana.
Hace 32 años, la pediatra y sanitarista tucumana Elsa Moreno, designada recientemente "Heroína de la Salud Pública de las Américas" por la Organización Mundial de la Salud, diseñó en Neuquén un plan que se mantuvo a lo largo de las décadas y le permitió a esa provincia bajar los índices de mortalidad infantil. Ello fue posible porque los integrantes del sistema lo defendieron a ultranza. Sin embargo, en Tucumán, la vasta experiencia de la sanitarista sigue siendo desperdiciada y nadie entiende el porqué.
En 1983, como en la actualidad, nadie de la clase dirigente asumió su responsabilidad. Cuando la culpa es de todos, finalmente no es de nadie. Cabe preguntarse entonces de qué sirven nuestros gobernantes, si escudan su ineptitud en las gestiones de quienes los precedieron y no cumplen con su deber. Parchar significa vivir en la mentira. Si seguimos aplicándole remiendos al sol, la oscuridad terminará por conquistarnos y será demasiado tarde.

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