"La Vorágine" acciona con las imágenes

En la nueva propuesta del grupo teatral se incorpora el video. "Detrás del vidrio" puede considerarse un hallazgo de la dramaturgia tucumana.

Por Redacción Espectáculos 17 Diciembre 2002
"La felicidad es no necesitar nada". La definición le pertenece a Miguel, el personaje de "Detrás del vidrio" quien, precisamente, no tiene nada y necesita todo. La nueva propuesta del grupo "La Vorágine" se estrenó en su sala, La Gloriosa. Es una obra contemporánea, atractiva, inteligente.
La pieza escrita por Pablo Gigena puede considerarse un hallazgo de la dramaturgia local, cuando de proponer lecturas sobre la realidad se trata. Sus personajes son muchachos de barrio, marginales, que pasan su vida (y su muerte) mendigando en los semáforos, limpiando vidrios de los automóviles, o directamente arrebatando en los cajeros. Sin caer en golpes bajos o panfletarios, el texto describe juegos escénicos incorporados a esa realidad.
La puesta y dirección de Noé Andrade no le va en zaga. Con escasos recursos -cubiertas de caucho- los actores desarrollan sus movimientos y construyen los núcleos dramáticos, en una actividad interpretativa en la que se destacan Miguel Martín y Gerardo Vieyra, principalmente. Mientras la acción sucede en el espacio, en una de las paredes centrales de la sala se proyectan imágenes de un video que, por momentos, continúa el relato de los actores y, en otros, lo antecede. El video, seguramente, puede funcionar por sí mismo, pero en la puesta se integra como una videoinstalación.
¿Por qué contemporáneo? Porque "La Vorágine" incorpora al teatro lenguajes artísticos tradicionalmente ajenos; pero sigue siendo teatro, porque refirma la acción de los actores, por sobre todo. Inteligente, porque el texto es una descripción ajustada de la realidad, sin caer en obviedades o clichés. Y atractiva, porque en los 55 minutos el espectador no bostezará ni mirará su reloj.

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