15 Diciembre 2002 Seguir en 
La incertidumbre política que domina el escenario nacional traba la solución deseada por Julio Miranda. Se soñó con adelantar la elección de gobernador y vicegobernador para el 27 de abril, día en que teóricamente se votará por la fórmula presidencial.
El fiscal de Estado, Benito Garzón, apeló a sesudas argumentaciones para intentar justificar la constitucionalidad de la decisión. Las 48 horas de diferencia que separan aquella fecha del 29 de abril -que resulta de la aplicación estricta de la Constitución de 1990- eran irrelevantes para el letrado que asesora al gobernador.
El anticipo al 27 de abril choca con otro condicionamiento, que se origina en el orden nacional. La constitucionalidad de la reforma a la Ley de Acefalía está cuestionada ante la jueza electoral de Capital Federal, María Servini de Cubría. Si ella admite la queja, todo el andamiaje se vendrá abajo. Las argumentaciones jurídicas se ventilan en Tribunales.
Las razones de la política son otras. Quienes conocen las intimidades de la Casa Rosada alegan que la convocatoria a elecciones nacionales se estirará hasta que emerja un candidato capaz de batir a Carlos Menem.Por ahora, advierten que este se impondría en la elección interna del partido, pero perdería en la general. Si esta perspectiva llegara a afianzarse, el turno del 27 de abril pasará a ser una anécdota más del combate Menem-Eduardo Duhalde.
Por ese motivo, se reflotó otra vez la idea de cumplir con la Constitución. Esto llevaría a votar por todos los cargos electivos provinciales y nacionales en junio de 2003. Sin embargo, Miranda insistió en que prefería la elección adelantada de gobernador y vicegobernador.
Con criterios volátiles
Miranda adicionó más incertidumbre a un proceso ya de por sí enredado. En menos de una semana, opinó en forma contradictoria sobre su propio futuro.
Primero anunció que se retiraba de la política y que no se postularía para ningún cargo electivo. Se desdijo después cuando aseveró que como político de raza no se jubilaba y que se proponía ocupar un cargo en el PJ. Con esas oscilaciones mostró que es un hombre de opiniones volátiles, que no genera confianza con sus dichos.
En realidad, Miranda pierde ascendiente político sobre su propia tropa a medida que pasan los días. Cada vez adquiere con más nitidez el perfil del "pato rengo", etiqueta que en Estados Unidos se pega al presidente que no puede ser reelecto en su cargo. De hecho, no puede alistar a todo su gabinete detrás de la postulación del senador José Alperovich.
Tampoco consigue que el ministro de Economía, Osvaldo Jaldo, firme el decreto con el retorno de Rodolfo Neme a la intervención del Instituto de la Vivienda. Este forma parte del reducido grupo de colaboradores que asesora cotidianamente al gobernador. Sin embargo, el ministro quiere a Neme lejos de sus filas.
Jaldo discrepa, además, con la política de acumulación de estructuras que ideó Alperovich, cuando hizo de Economía la base de lanzamiento de su proyecto en la esfera mirandista.
El ministro Jaldo y su par Fernando Juri persisten en su alianza estratégica para enfrentar al senador -es la fórmula "J-J"- y mantienen el diálogo abierto con el grupo Escaba, cuyos máximos exponentes son Olijela Rivas y Alberto Herrera.
Si en algo avanzó Miranda fue en sincerar más su apoyo a Alperovich. Para ello, acomodó una sentencia de Perón de 1973 (para un argentino no hay nada mejor que otro argentino) a sus necesidades tácticas. Así planteó que es mejor un tucumano capaz que un buen peronista.
En el entorno del senador, con todo, existen algunas prevenciones. Se resiste la repetición de la experiencia del 91, cuando a Ramón Ortega lo rodearon con políticos que no eran de su confianza. El pasado deja enseñanzas que no desprecian.
Las fintas apenas empezaron en las filas del oficialismo gobernante, donde también se rompió la solidaridad interna ante los embates del fiscal anticorrupción, Esteban Jerez. Lo que acontece en el caso de San Pablo es una muestra de eso. La secretaria de Desarrollo Humano, Mercedes Benítez, descargó todo el peso del funcionamiento irregular de los comedores escolares en el comisionado comunal Daniel Castro, hoy preso en Villa Urquiza.
Los personalismos
La indefinición existente en materia electoral precipitó movimientos en otros ámbitos políticos. El calendario está en marcha en los hechos. El radical Carlos Courel sorprendió al sugerir que el fiscal anticorrupción podría ser el candidato a gobernador por un espacio político pluripartidario y multisectorial.
La oferta pública llegó en el peor momento que enfrenta Jerez en su trayectoria judicial. Ese nombre se barajó en distintas conversaciones privadas de Courel con los diputados José Ricardo Falú y José Vitar. Pero siempre estuvo presente en la mesa la negativa del fiscal a descender a la arena política.
Sin embargo, el diputado radical no se arrepiente del paso dado porque cree que Jerez marca un modo de hacer honesto en la vida pública. La explicación no satisfizo a hombres como Osvaldo Cirnigliaro. Este piensa que terminó el tiempo en que los hombres ajenos a la política podían desplazar a los profesionales de esa actividad y lanzó su nombre. Cuando afloran meditaciones de ese tipo, evocan a Ortega.
La temprana aparición de nombres de candidatos a gobernador complica la formación de los frentes opositores. La convergencia de partidos políticos e instituciones sociales emerge como la receta para enfrentar a la Casa de Gobierno.
En realidad, la común aspiración de derrotar al mirandismo y neutralizar a los bussistas puede naufragar a raíz de la dificultosa compatibilización de los liderazgos. El espacio que aglutina a Pueblo Unido, el socialismo popular, el ARI, la democracia cristiana, el radicalismo y a los peronistas Cirnigliaro, Julio Díaz Lozano y Alejandro Sangenis enfrenta esa prueba. Aunque algunos de sus impulsores creen en una oferta programática mínima que recree la confianza pública, no están exentos de sufrir desgajamientos. El bussismo también ensaya el camino frentista. Las alianzas son las claves de la hora.
El fiscal de Estado, Benito Garzón, apeló a sesudas argumentaciones para intentar justificar la constitucionalidad de la decisión. Las 48 horas de diferencia que separan aquella fecha del 29 de abril -que resulta de la aplicación estricta de la Constitución de 1990- eran irrelevantes para el letrado que asesora al gobernador.
El anticipo al 27 de abril choca con otro condicionamiento, que se origina en el orden nacional. La constitucionalidad de la reforma a la Ley de Acefalía está cuestionada ante la jueza electoral de Capital Federal, María Servini de Cubría. Si ella admite la queja, todo el andamiaje se vendrá abajo. Las argumentaciones jurídicas se ventilan en Tribunales.
Las razones de la política son otras. Quienes conocen las intimidades de la Casa Rosada alegan que la convocatoria a elecciones nacionales se estirará hasta que emerja un candidato capaz de batir a Carlos Menem.Por ahora, advierten que este se impondría en la elección interna del partido, pero perdería en la general. Si esta perspectiva llegara a afianzarse, el turno del 27 de abril pasará a ser una anécdota más del combate Menem-Eduardo Duhalde.
Por ese motivo, se reflotó otra vez la idea de cumplir con la Constitución. Esto llevaría a votar por todos los cargos electivos provinciales y nacionales en junio de 2003. Sin embargo, Miranda insistió en que prefería la elección adelantada de gobernador y vicegobernador.
Con criterios volátiles
Miranda adicionó más incertidumbre a un proceso ya de por sí enredado. En menos de una semana, opinó en forma contradictoria sobre su propio futuro.
Primero anunció que se retiraba de la política y que no se postularía para ningún cargo electivo. Se desdijo después cuando aseveró que como político de raza no se jubilaba y que se proponía ocupar un cargo en el PJ. Con esas oscilaciones mostró que es un hombre de opiniones volátiles, que no genera confianza con sus dichos.
En realidad, Miranda pierde ascendiente político sobre su propia tropa a medida que pasan los días. Cada vez adquiere con más nitidez el perfil del "pato rengo", etiqueta que en Estados Unidos se pega al presidente que no puede ser reelecto en su cargo. De hecho, no puede alistar a todo su gabinete detrás de la postulación del senador José Alperovich.
Tampoco consigue que el ministro de Economía, Osvaldo Jaldo, firme el decreto con el retorno de Rodolfo Neme a la intervención del Instituto de la Vivienda. Este forma parte del reducido grupo de colaboradores que asesora cotidianamente al gobernador. Sin embargo, el ministro quiere a Neme lejos de sus filas.
Jaldo discrepa, además, con la política de acumulación de estructuras que ideó Alperovich, cuando hizo de Economía la base de lanzamiento de su proyecto en la esfera mirandista.
El ministro Jaldo y su par Fernando Juri persisten en su alianza estratégica para enfrentar al senador -es la fórmula "J-J"- y mantienen el diálogo abierto con el grupo Escaba, cuyos máximos exponentes son Olijela Rivas y Alberto Herrera.
Si en algo avanzó Miranda fue en sincerar más su apoyo a Alperovich. Para ello, acomodó una sentencia de Perón de 1973 (para un argentino no hay nada mejor que otro argentino) a sus necesidades tácticas. Así planteó que es mejor un tucumano capaz que un buen peronista.
En el entorno del senador, con todo, existen algunas prevenciones. Se resiste la repetición de la experiencia del 91, cuando a Ramón Ortega lo rodearon con políticos que no eran de su confianza. El pasado deja enseñanzas que no desprecian.
Las fintas apenas empezaron en las filas del oficialismo gobernante, donde también se rompió la solidaridad interna ante los embates del fiscal anticorrupción, Esteban Jerez. Lo que acontece en el caso de San Pablo es una muestra de eso. La secretaria de Desarrollo Humano, Mercedes Benítez, descargó todo el peso del funcionamiento irregular de los comedores escolares en el comisionado comunal Daniel Castro, hoy preso en Villa Urquiza.
Los personalismos
La indefinición existente en materia electoral precipitó movimientos en otros ámbitos políticos. El calendario está en marcha en los hechos. El radical Carlos Courel sorprendió al sugerir que el fiscal anticorrupción podría ser el candidato a gobernador por un espacio político pluripartidario y multisectorial.
La oferta pública llegó en el peor momento que enfrenta Jerez en su trayectoria judicial. Ese nombre se barajó en distintas conversaciones privadas de Courel con los diputados José Ricardo Falú y José Vitar. Pero siempre estuvo presente en la mesa la negativa del fiscal a descender a la arena política.
Sin embargo, el diputado radical no se arrepiente del paso dado porque cree que Jerez marca un modo de hacer honesto en la vida pública. La explicación no satisfizo a hombres como Osvaldo Cirnigliaro. Este piensa que terminó el tiempo en que los hombres ajenos a la política podían desplazar a los profesionales de esa actividad y lanzó su nombre. Cuando afloran meditaciones de ese tipo, evocan a Ortega.
La temprana aparición de nombres de candidatos a gobernador complica la formación de los frentes opositores. La convergencia de partidos políticos e instituciones sociales emerge como la receta para enfrentar a la Casa de Gobierno.
En realidad, la común aspiración de derrotar al mirandismo y neutralizar a los bussistas puede naufragar a raíz de la dificultosa compatibilización de los liderazgos. El espacio que aglutina a Pueblo Unido, el socialismo popular, el ARI, la democracia cristiana, el radicalismo y a los peronistas Cirnigliaro, Julio Díaz Lozano y Alejandro Sangenis enfrenta esa prueba. Aunque algunos de sus impulsores creen en una oferta programática mínima que recree la confianza pública, no están exentos de sufrir desgajamientos. El bussismo también ensaya el camino frentista. Las alianzas son las claves de la hora.







