15 Diciembre 2002 Seguir en 
Hartos de sentirse ovejas, algunos ciudadanos empezaron a reaccionar contra los lobos. En varios casos la resistencia de las víctimas logró poner en fuga a los asaltantes. En uno de ellos hasta lograron detener a uno de los delincuentes. Sin embargo, la respuesta individual ante el delito entraña muchos riesgos, y quienes se enfrentaron a los asaltantes hoy tienen miedo y dicen que no lo volverían a hacer.
El asalto a una vivienda de José Colombres al 100, el 1 de diciembre a la noche, resultó un fiasco para los malvivientes y una experiencia traumática para la familia que lo vivió. En la casa estaban la dueña -la abogada Silvia Giudice- su hijo y dos amigas. "Enfrentarlos fue una reacción instintiva. Si lo pensaba no hubiese respondido de esa forma. Podría haber sido una masacre", reconoció la abogada. "Tocaron el timbre y dijeron que traían flores para mi hija", contó la dueña de casa. Cuando abrió la puerta, tres hombres armados entraron. Ante los gritos de la mujer, su hijo Pablo bajó corriendo de la planta alta y arrinconó a un delincuente. La madre empujó a los otros hasta la vereda y cerró la reja. Un disparo hecho desde afuera se incrustó en una pared.
Amenazas y súplicas
En el garaje, el asaltante atrapado aullaba amenazas y suplicaba a sus compañeros que no lo abandonaran. La Policía llegó poco después y se llevó al ladrón, identificado como Dante Martínez. "A pesar de que esto ocurrió hace dos semanas y de que hay un detenido, no se encontró a los cómplices", se quejó la víctima.
El temor perdura; la familia permanece ahora con la puerta cerrada y no le abre a ningún desconocido. Aseguran que los que se escaparon conocen sus movimientos, y que hasta los amenazaron por teléfono.
Este no es el único caso de resistencia a un asalto. La semana pasada, el contador Daniel Quiroga, su esposa María y su hijo de 11 años pusieron en fuga a dos ladrones armados, que habían ingresado violentamente en su casa de Balcarce al 1.400. Los Quiroga pelearon contra los dos encapuchados que, ante la resistencia de los dueños de casa, salieron y escaparon en motos que tenían estacionadas en la vereda.
Hace dos domingos, los gritos y los ruidos de las víctimas lograron frustrar un atraco en Agua Dulce: Mario Correa y sus familiares fueron reducidos por tres ladrones armados, pero la familia gritó tanto que los vecinos se acercaron y los asaltantes huyeron. Dos fueron atrapados por la Policía.
Por su parte, Ricardo Medina, dueño de un locutorio de 12 de Octubre al 2.200, pasó una experiencia terrible el 1 de junio, cuando tres jóvenes armados entraron en su local y no se conformaron con los $ 50 que él tenía en el bolsillo y su anillo. Querían entrar a la casa a buscar más cosas. "Me puse duro y les dije que no, que me mataran ahí o lo que quisieran, pero no los iba a dejar entrar. Pensé en mis hijos (que estaban en la casa) y me dio mucho miedo", dijo. Entonces Medina forcejeó con uno de los delincuentes y este y sus compañeros optaron por escapar.
Sin embargo, no todas estas heroicas acciones tuvieron un final feliz. En mayo, el jefe de Seguridad de la Legislatura, Manuel Campero, recibió balazos en ambas piernas tras haberse resistido a un atraco. "Tuve suerte de salir vivo, porque me apuntaron a la cabeza y el disparo no salió", dijo Campero en esa ocasión.
Más violencia
El comisario José Reinaldo Carrizo, de la Sección Control Urbano de la Policía provincial indicó que se hacen recorridos de prevención, sobre todo dentro de las cuatro avenidas, y que se detiene a un promedio de 130 personas por mes, de los cuales un 20% corresponde a hechos criminales. "No es que haya más delitos, sino que los delitos son más violentos", dijo Carrizo.
Un problema grave es el de los menores que delinquen, indicó. "Son inestables e impredecibles, y muchas veces actúan drogados. Además se amparan en el hecho de que son inimputables", señaló.
Decisión del momento
La medida básica de seguridad en una casa, dijo Carrizo, es jamás abrir la puerta a desconocidos. Resistirse a un atraco es una medida muy peligrosa, agregó. "En algunos casos, enfrentar a los asaltantes puede empeorar la situación, sobre todo si están armados", enfatizó. De todos modos, explicó, hay que vivir el momento. "Si está en peligro la seguridad de la persona o de su familia, la víctima tiene tendencia a defenderse", aseguró Carrizo.
"La defensa propia muestra que el Estado no funciona"
"La defensa en manos de la gente muestra que, evidentemente, el Estado no funciona", opina el sociólogo Raúl Hernández."Los vecinos, organizados y levantados en armas para cuidar a sus familias y sus bienes, reflejan la total falta de confianza en los órganos naturales de represión del Estado", dice. Esta especie de caos social, según el especialista, empieza a ponerse de manifiesto con la aparición de la policía privada, algo que es directamente una aberración y una enajenación, ya que la seguridad debe ser monopolio del Estado.
"El penúltimo escalón eran los custodios privados y el último es la represión en manos de la propia gente; esto también se debe a que en muchos casos es la Policía la que cubre al agresor y no a la víctima", analiza Hernández.
La toma de la plaza
El sociólogo entiende que la Policía no resguarda el Estado de derecho. "Un claro ejemplo de ello fue cuando (Antonio) Guerrero y (Jesús) Soria decidieron que la plaza Independencia era justicialista y durante tres días estuvo a merced de ellos, sin la absoluta intervención del Estado", señaló.
"Frente a estos hechos la gente no tiene más opción que defenderse por sí sola, aunque esto también sea una aberración, además de ser muy riesgoso", dice.
Tiroteo
"Hace dos días, dos empresarios en Buenos Aires decidieron defenderse y en el tiroteo uno murió y otro resultó herido", relata el especialista, a la vez que recuerda que en los noticieros se escuchan todos los días historias de este tipo.
Hernández agrega que la presunción de que la Policía siempre fue el brazo armado del poder de turno viene desde hace bastante tiempo, y rememora los tiempos del almirante Emilio Eduardo Massera, durante el Proceso militar de 1976 a 1983, o también durante el segundo gobierno de Juan Domingo Perón, en los años 50.
El brazo armado
"En mi juventud la Policía era el brazo armado del peronismo y a cualquier reunión política no llegaban los peronistas, sino directamente venía la Policía, repartía palos y te llevaban detenido al subsuelo de la Casa de Gobierno, donde en ese entonces funcionaba la Jefatura de Policía", cuenta el sociólogo.
El asalto a una vivienda de José Colombres al 100, el 1 de diciembre a la noche, resultó un fiasco para los malvivientes y una experiencia traumática para la familia que lo vivió. En la casa estaban la dueña -la abogada Silvia Giudice- su hijo y dos amigas. "Enfrentarlos fue una reacción instintiva. Si lo pensaba no hubiese respondido de esa forma. Podría haber sido una masacre", reconoció la abogada. "Tocaron el timbre y dijeron que traían flores para mi hija", contó la dueña de casa. Cuando abrió la puerta, tres hombres armados entraron. Ante los gritos de la mujer, su hijo Pablo bajó corriendo de la planta alta y arrinconó a un delincuente. La madre empujó a los otros hasta la vereda y cerró la reja. Un disparo hecho desde afuera se incrustó en una pared.
Amenazas y súplicas
En el garaje, el asaltante atrapado aullaba amenazas y suplicaba a sus compañeros que no lo abandonaran. La Policía llegó poco después y se llevó al ladrón, identificado como Dante Martínez. "A pesar de que esto ocurrió hace dos semanas y de que hay un detenido, no se encontró a los cómplices", se quejó la víctima.
El temor perdura; la familia permanece ahora con la puerta cerrada y no le abre a ningún desconocido. Aseguran que los que se escaparon conocen sus movimientos, y que hasta los amenazaron por teléfono.
Este no es el único caso de resistencia a un asalto. La semana pasada, el contador Daniel Quiroga, su esposa María y su hijo de 11 años pusieron en fuga a dos ladrones armados, que habían ingresado violentamente en su casa de Balcarce al 1.400. Los Quiroga pelearon contra los dos encapuchados que, ante la resistencia de los dueños de casa, salieron y escaparon en motos que tenían estacionadas en la vereda.
Hace dos domingos, los gritos y los ruidos de las víctimas lograron frustrar un atraco en Agua Dulce: Mario Correa y sus familiares fueron reducidos por tres ladrones armados, pero la familia gritó tanto que los vecinos se acercaron y los asaltantes huyeron. Dos fueron atrapados por la Policía.
Por su parte, Ricardo Medina, dueño de un locutorio de 12 de Octubre al 2.200, pasó una experiencia terrible el 1 de junio, cuando tres jóvenes armados entraron en su local y no se conformaron con los $ 50 que él tenía en el bolsillo y su anillo. Querían entrar a la casa a buscar más cosas. "Me puse duro y les dije que no, que me mataran ahí o lo que quisieran, pero no los iba a dejar entrar. Pensé en mis hijos (que estaban en la casa) y me dio mucho miedo", dijo. Entonces Medina forcejeó con uno de los delincuentes y este y sus compañeros optaron por escapar.
Sin embargo, no todas estas heroicas acciones tuvieron un final feliz. En mayo, el jefe de Seguridad de la Legislatura, Manuel Campero, recibió balazos en ambas piernas tras haberse resistido a un atraco. "Tuve suerte de salir vivo, porque me apuntaron a la cabeza y el disparo no salió", dijo Campero en esa ocasión.
Más violencia
El comisario José Reinaldo Carrizo, de la Sección Control Urbano de la Policía provincial indicó que se hacen recorridos de prevención, sobre todo dentro de las cuatro avenidas, y que se detiene a un promedio de 130 personas por mes, de los cuales un 20% corresponde a hechos criminales. "No es que haya más delitos, sino que los delitos son más violentos", dijo Carrizo.
Un problema grave es el de los menores que delinquen, indicó. "Son inestables e impredecibles, y muchas veces actúan drogados. Además se amparan en el hecho de que son inimputables", señaló.
Decisión del momento
La medida básica de seguridad en una casa, dijo Carrizo, es jamás abrir la puerta a desconocidos. Resistirse a un atraco es una medida muy peligrosa, agregó. "En algunos casos, enfrentar a los asaltantes puede empeorar la situación, sobre todo si están armados", enfatizó. De todos modos, explicó, hay que vivir el momento. "Si está en peligro la seguridad de la persona o de su familia, la víctima tiene tendencia a defenderse", aseguró Carrizo.
"La defensa propia muestra que el Estado no funciona"
"La defensa en manos de la gente muestra que, evidentemente, el Estado no funciona", opina el sociólogo Raúl Hernández."Los vecinos, organizados y levantados en armas para cuidar a sus familias y sus bienes, reflejan la total falta de confianza en los órganos naturales de represión del Estado", dice. Esta especie de caos social, según el especialista, empieza a ponerse de manifiesto con la aparición de la policía privada, algo que es directamente una aberración y una enajenación, ya que la seguridad debe ser monopolio del Estado.
"El penúltimo escalón eran los custodios privados y el último es la represión en manos de la propia gente; esto también se debe a que en muchos casos es la Policía la que cubre al agresor y no a la víctima", analiza Hernández.
La toma de la plaza
El sociólogo entiende que la Policía no resguarda el Estado de derecho. "Un claro ejemplo de ello fue cuando (Antonio) Guerrero y (Jesús) Soria decidieron que la plaza Independencia era justicialista y durante tres días estuvo a merced de ellos, sin la absoluta intervención del Estado", señaló.
"Frente a estos hechos la gente no tiene más opción que defenderse por sí sola, aunque esto también sea una aberración, además de ser muy riesgoso", dice.
Tiroteo
"Hace dos días, dos empresarios en Buenos Aires decidieron defenderse y en el tiroteo uno murió y otro resultó herido", relata el especialista, a la vez que recuerda que en los noticieros se escuchan todos los días historias de este tipo.
Hernández agrega que la presunción de que la Policía siempre fue el brazo armado del poder de turno viene desde hace bastante tiempo, y rememora los tiempos del almirante Emilio Eduardo Massera, durante el Proceso militar de 1976 a 1983, o también durante el segundo gobierno de Juan Domingo Perón, en los años 50.
El brazo armado
"En mi juventud la Policía era el brazo armado del peronismo y a cualquier reunión política no llegaban los peronistas, sino directamente venía la Policía, repartía palos y te llevaban detenido al subsuelo de la Casa de Gobierno, donde en ese entonces funcionaba la Jefatura de Policía", cuenta el sociólogo.
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