Cuando el problema es llegar al techo

El mercado de trabajo en Tucumán llegó al límite. Es probable que no se observe otra expansión del empleo si no se radican más industrias. La desesperanza del que busca. Por Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.

14 Marzo 2008
El mercado laboral tucumano llegó a su techo y es posible que no haya nuevas oportunidades si no se promueve una fuerte política de instalación de empresas generadoras de mano de obra. El último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), brinda algunos indicios sobre el horizonte laboral.
El organismo reveló que en el Gran San Miguel de Tucumán 300.000 personas dijeron tener una ocupación. Sin embargo, ese informe no discrimina cuántos de ellos están registrados y cuántos siguen siendo empleados en negro. El crecimiento del empleo se frenó respecto de diciembre de 2006 y un millar de tucumanos dejó de estar en el rubro "ocupados" sencillamente porque trabajan a plazo fijo, en un empleo temporario.
Sin embargo, si se contrapone esta información con los datos del Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones, la situación es la opuesta. Un informe del Ministerio de Economía de la Nación indica que, al cierre de 2007, en Tucumán había 221.000 trabajadores registrados, 15.000 más que en igual período de 2006. De allí puede llegar a surgir una primera explicación sobre el descenso del índice de desocupación al 8,2%, poco más de un punto porcentual respecto de 2006. Claro que también hay que tomar en cuenta que los empleados en negro (79.000 casos si se contrapone el informe del Indec con el del Palacio de Hacienda y sólo en el aglomerado urbano) constituyen -lamentablemente- un ejército de personas desocupadas o próximas a serlo, según la conducta del empleador.
En el plano del desempleo, puede decirse que resulta poco factible que se logre el piso estadístico del 8% mientras no se consoliden las políticas que intentan incorporar jóvenes al mercado laboral. Lo positivo de la serie histórica del Indec es que en Tucumán se registra, por tercer trimestre consecutivo, una tasa de desempleo inferior a los dos dígitos, algo que era casi impensable en el escenario económico posterior a la crisis.
El propio Gobierno admite que del total de los desocupados del aglomerado urbano (unas 27.000 personas), el 65% no supera los 30 años de edad. La instalación en la provincia de empresas vinculadas con el servicio de call center o con el software constituyen un paliativo, pero no es fácil pensar en una gran oferta laboral en un escenario de bajísima radicación de industrias.
Bajo este fenómeno subyace otro problema: la desesperanza. Ese es uno de los elementos que explica el descenso interanual de la tasa de subocupación, o sea, la de las personas que buscaban activamente un puesto laboral y dejaron de hacerlo, sea porque no le rinde el perfil laboral o porque el salario ofrecido no colma sus aspiraciones.
El tema de los ingresos tiene otro cariz: las demandas salariales se incrementan tanto en el sector público como en el privado. Y en este punto los datos del Indec dejaron de ser un parámetro para la negociación: el casi 10% de inflación oficial de 2007 no se condice con la realidad de los precios de las góndolas. De allí que la mayoría de las negociaciones arrancó en un pedido de incremento del 30%.
La realidad de los ingresos varía de región en región. En la Argentina de hoy un empleado cobra una remuneración bruta promedio de $ 2.193 mensuales. Y en ese valor inciden los salarios de un trabajador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ($ 2.779 mensuales), y de quienes residen en Chubut ($ 3.190) o en Santa Cruz ($ 3.643). Pero lo cierto es que, si bien es otro el estilo de vida, mientras más se aleja uno del puerto, más cae el salario. Así, un riojano puede llegar a cobrar el salario más bajo de la Argentina ($ 1.378) y el de Tucumán no queda muy lejos: el sueldo bruto promedio mensual ascendió a $ 1.513 a fines de diciembre.
Además de constituirse en una radiografía del mercado laboral, los informes oficiales terminan por ratificar que, por más que se declame que la Argentina es un país federal, las asimetrías económicas pueden más que las decisiones políticas de los gobernantes.

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