Tormentas en el horizonte agrario
Los recientes anuncios sobre el aumento de las retenciones llegaron en un momento inoportuno. Las medidas impactan con más fuerza sobre los pequeños productores. Por Angel Anaya - Columnista.
13 Marzo 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- De un tiempo a esta parte, las voces de los grandes anuncios oficiales parecen carecer de esa gran condición política que es la oportunidad propicia. Eso es precisamente lo que acaba de ocurrir con el ministro Martín Lousteau, cuando con sonrisas y frente a las cámaras daba cuenta de otro aumento de las retenciones a las exportaciones y subproductos de granos. Al mismo tiempo, las organizaciones de agricultores se ponían en estado de guerra y la Federación Agraria Argentina iniciaba un bloqueo de los puertos cerealeros del Gran Rosario. Mientras el ministro de Economía trataba de tomar oxígeno en su lucha contra la mano de hierro de Guillermo Moreno, se veía así envuelto con sus explicaciones por la generalizada reacción ruralista. Desazón
El nuevo esquema -decía Lousteau- genera certidumbre a largo plazo. Pero lo cierto es que un productor que haya sembrado en septiembre u octubre soja o girasol no podrá comprender esa promesa después de las repetidas variables de la política agraria del Gobierno, siempre sujeto a la coyuntura de la circunstancia.
La segunda observación es que quienes más pierden son los pequeños productores y no los grandes grupos que operan en el mercado de futuro. Ese rostro feliz del ministro, junto a la hierática expresión del secretario de Agricultura, Javier de Urquiza, parecía ignorar igualmente los problemas de abastecimiento de combustibles especialmente en el interior.
Malas relaciones
No cabe duda de que la causa de ese desentono temporal entre partes, suele ser la incomunicación.
Nadie formula anuncios públicos trascendentes, o por lo menos no debe hacerlo, sin el discreto anticipo y consulta sobre los eventuales resultados. Pero son ya muy numerosos los hechos con que nuestra realidad política se desenvuelve, hasta del grosor mostrado por la nominación frustrada de un embajador ante El Vaticano, teñido al fin de caprichoso malhumor.
¿Por qué pelea el poder con el campo impidiendo la formulación de una política agraria?
El relevo presidencial hizo pensar a las dirigencias rurales que eso podría tener fin y formar parte del “cambio en la continuidad” que prometió la nominación presidencial de CFK.
Pero no solo no fue así, sino que en la actualidad las relaciones del Gobierno con el campo atraviesan el peor momento del tiempo kirchnerista.
La reciente feria rural Expoagro 2008 en Amstrong, Santa Fe, -y con dimensión internacional-, mostró al Gobierno con ausencias sin precedentes, donde además se escucharon los mensajes de los gobernadores Hermes Binner y Daniel Scioli pidiendo, con sus discretas advertencias a la Casa Rosada, una política para el campo. Un sector al que se observa, desde el poder, como el sólido banco para las urgencias de un cortoplacismo cada vez más ignorante de que también puede entrar en crisis. (De nuestra Sucursal)







