13 Marzo 2008 Seguir en 
Un país que pretende desarrollarse armónicamente cuando ya ha transcurrido buena parte de la primera década del nuevo siglo no tiene otra alternativa que apostar a la excelencia de su capital intelectual; por lo tanto, adquieren especial relevancia en los planes que traza cualquier equipo de gobierno aquellas acciones que tienden a impulsar y a subvencionar la investigación y las actividades que contribuyan al avance científico y tecnológico.
La creación del Conicet, el principal organismo nacional dedicado a impulsar la ciencia y la tecnología del país, apunta directamente en este sentido. El próximo 10 de abril, en coincidencia con la celebración del día del investigador (y aniversario del nacimiento del Dr. Bernardo Houssay, fundador y primer presidente del Consejo) se festejará el 50º aniversario de la creación del Conicet. Durante este medio siglo, el organismo ha crecido y hoy, unos 5.200 investigadores, más de 5.600 becarios y 2.300 técnicos realizan tareas en los centros e institutos del Conicet que funcionan en todo el país.
Hace pocos días, el actual presidente del organismo, Eduardo Charreau, estuvo en Tucumán y destacó que nuestra provincia, con más de 500 investigadores, es el centro del Conicet que más investigadores tiene en el NOA. El funcionario elogió, en esa oportunidad, la amplitud de ramas que se manejan a nivel local.
El funcionario afirmó también que para la institución que preside no hay diferencia entre las ciencias duras y las ciencias blandas, porque todas son importantes. Este concepto reviste singular importancia porque se despega de la tradicional subordinación que se le asigna a las ciencias sociales a la innegable importancia que se le asigna a todas las actividades que tienen directa relación con la tecnología y las ciencias exactas (Matemáticas, Física, Química y, en menor escala, las ciencias biológicas).
Charreau expresó estos conceptos en el marco de la inauguración del Instituto Superior de Ciencias Sociales, en el que trabajarán 50 personas entre investigadores, becarios y personal de apoyo. El hecho reviste particular importancia porque se trata de la creación de un espacio de reflexión crítica acerca de los problemas que nos aquejan como sociedad.
Sin embargo, y aunque se vive en la actualidad un saludable buen momento para la ciencia y para la investigación, es necesario reconocer que nuestro país, como todas las naciones que integran el territorio latinoamericano, está todavía muy lejos de los niveles de producción científica que son una realidad en muchos países de Europa y en los EE.UU.
Las cifras que aportó el presidente del Conicet en su visita a Tucumán hablan a las claras de un panorama auspicioso si se comparan con las que se registraban hace poco más de un lustro: un presupuesto de más de $ 700 millones de pesos y la repatriación de más de 200 científicos que habían emigrado en busca de mejores condiciones para su desarrollo intelectual son noticias alentadoras. Pero es también cierto que si esta inversión no está respaldada con políticas consistentes para que este tipo de acciones sean sostenibles en el tiempo, no habrá forma de garantizar la recuperación total del sistema científico argentino, que conoció épocas gloriosas sobre la mitad del siglo pasado, y que tuvo un lamentable punto de inflexión en 1966, con la tristemente recordada “noche de los bastones largos”.
La creación del Conicet, el principal organismo nacional dedicado a impulsar la ciencia y la tecnología del país, apunta directamente en este sentido. El próximo 10 de abril, en coincidencia con la celebración del día del investigador (y aniversario del nacimiento del Dr. Bernardo Houssay, fundador y primer presidente del Consejo) se festejará el 50º aniversario de la creación del Conicet. Durante este medio siglo, el organismo ha crecido y hoy, unos 5.200 investigadores, más de 5.600 becarios y 2.300 técnicos realizan tareas en los centros e institutos del Conicet que funcionan en todo el país.
Hace pocos días, el actual presidente del organismo, Eduardo Charreau, estuvo en Tucumán y destacó que nuestra provincia, con más de 500 investigadores, es el centro del Conicet que más investigadores tiene en el NOA. El funcionario elogió, en esa oportunidad, la amplitud de ramas que se manejan a nivel local.
El funcionario afirmó también que para la institución que preside no hay diferencia entre las ciencias duras y las ciencias blandas, porque todas son importantes. Este concepto reviste singular importancia porque se despega de la tradicional subordinación que se le asigna a las ciencias sociales a la innegable importancia que se le asigna a todas las actividades que tienen directa relación con la tecnología y las ciencias exactas (Matemáticas, Física, Química y, en menor escala, las ciencias biológicas).
Charreau expresó estos conceptos en el marco de la inauguración del Instituto Superior de Ciencias Sociales, en el que trabajarán 50 personas entre investigadores, becarios y personal de apoyo. El hecho reviste particular importancia porque se trata de la creación de un espacio de reflexión crítica acerca de los problemas que nos aquejan como sociedad.
Sin embargo, y aunque se vive en la actualidad un saludable buen momento para la ciencia y para la investigación, es necesario reconocer que nuestro país, como todas las naciones que integran el territorio latinoamericano, está todavía muy lejos de los niveles de producción científica que son una realidad en muchos países de Europa y en los EE.UU.
Las cifras que aportó el presidente del Conicet en su visita a Tucumán hablan a las claras de un panorama auspicioso si se comparan con las que se registraban hace poco más de un lustro: un presupuesto de más de $ 700 millones de pesos y la repatriación de más de 200 científicos que habían emigrado en busca de mejores condiciones para su desarrollo intelectual son noticias alentadoras. Pero es también cierto que si esta inversión no está respaldada con políticas consistentes para que este tipo de acciones sean sostenibles en el tiempo, no habrá forma de garantizar la recuperación total del sistema científico argentino, que conoció épocas gloriosas sobre la mitad del siglo pasado, y que tuvo un lamentable punto de inflexión en 1966, con la tristemente recordada “noche de los bastones largos”.







