Hacete amigo del gobernador
Los hechos prueban que llegar a la Fiscalía de Estado se convirtió en una suerte de condición previa para luego aspirar a una vocalía en la Corte Suprema. Sorpresas. Por Federico Abel - Redacción LA GACETA.
12 Marzo 2008 Seguir en 
El inciso "A" del artículo 117 de la Constitución provincial establece cuáles son las calidades que un abogado debe reunir para poder ser vocal de la Corte Suprema de Justicia: 40 años, y 15 años de ejercicio profesional, en la magistratura o en secretarías judiciales. En la próxima reforma podría añadirse otra condición inexcusable: que, además, previamente se haya desempeñado como fiscal de Estado. Este mensaje institucional se desprende, al menos, del hecho de que en menos de siete meses el gobernador José Alperovich optó por Antonio Estofán y por Francisco Sassi Colombres para cubrir las vacantes generadas en el alto tribunal como consecuencia de las renuncias de Alfredo Dato y de Héctor Eduardo Area Maidana. Comenzando por la circunstancia de que tiene rango ministerial, la Fiscalía de Estado no es cualquier repartición: es nada menos que el órgano exclusivo de asesoramiento jurídico del Poder Ejecutivo, y el que ejerce el contralor legal de la administración que este encarna y conduce. Es como si se dijera, entonces, que Alperovich propuso para la Corte a sus dos últimos abogados. Si en otras latitudes esta última afirmación podría sonar a metáfora excesivamente personalizante, en Tucumán es un juicio estrictamente descriptivo.
El gobernador parece ser tan consciente de la importancia de ese cargo (el de fiscal de Estado) que primero se lo confío a un amigo, además históricamente muy ligado a su familia (y a alguno de sus emprendimientos particulares) y luego a quien lo asesoró legalmente para que pudiera destrabar en la Cámara en lo Contencioso Administrativo el impedimento religioso de la Constitución de 1990 -el del juramento ante los Evangelios-, que bloqueaba la posibilidad de que llegara a la gobernación.
Es tan celoso con ese espacio que, en su entorno, circula la leyenda de que cuando eligió a Estofán para la Corte, este, a la vez, con la rapidez que lo caracteriza, habría hecho circular el nombre del orteguista José Roberto Toledo para su propia sucesión, en la convicción de que, cual Pasaje 2 de Abril, la Fiscalía se ha convertido en la vía de acceso que más rápidamente conduce a la Corte. Por supuesto que Alperovich, que usufructúa como pocos la naturaleza personal del Poder Ejecutivo, terminó haciendo su voluntad y nombró a Sassi Colombres, al que ahora premió con un sillón en la Corte. Otra vez Alperovich habría sorprendido a Estofán con la designación. Tal vez este último esperaba a otro más afín -y menos maniobrable que Sassi Colombres-, en su afán por apoyarse en Antonio Gandur (presidente) y convertirse en el nuevo pivote del alto tribunal. Lo llamativo es que el viernes, cuando renunció Area Maidana, Estofán parecía tan entusiasmado por el hecho que él mismo, pese a no ser el titular de la Corte, salió públicamente a confirmar la versión que circulaba desde temprano, antes incluso de que lo hiciera el propio Area Maidana. ¡Muy curioso!
El otro dato significativo es que, con esta administración, el eje político-judicial fue desplazado raramente del Ministerio de Gobierno (quizá llegó la hora de quitarle el aditamento "y de Justicia") a la Fiscalía de Estado. El convulsionado viernes sorprendió al ministro Edmundo Jiménez en Buenos Aires, ocupado en su nuevo hobby: lo que queda del Partido Justicialista.
Dos interesantes preguntas
Tanto Estofán como Sassi Colombres intervinieron activamente como consecuencia de la valiente acción de inconstitucionalidad promovida por el Colegio de Abogados contra la reforma constitucional alperovichista. El primero, en representación de la Provincia, actuó en toda la primera parte previa a la demoledora sentencia de la Sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo y el segundo fue el encargado de pergeñar el recurso (contra el fallo) que abriera la posibilidad de llegar a la instancia revisora de la Corte Suprema.
Los dos, por ende, están fuera del caso que, probablemente, signará la próxima década institucional de Tucumán y que, por su trascendencia, es comparable a la causa "Meuli", por la que en 1987 la Corte conminó al Colegio Electoral a que eligiera un gobernador. Esto prueba que designaciones con un sesgo tan marcadamente político, muy diferentes por cierto de las que hizo el ex presidente Néstor Kirchner para renovar la Corte de la Nación y enterrar el fantasma de la mayoría automática menemista, condicionan las cosas porque en las cuestiones fundamentales obligan o facilitan -según como se mire- las excusaciones, expediente al que, por ejemplo, solía recurrir Area Maidana. Pero, al margen de esto, entonces, la pregunta ineludible es: ¿por qué, a sabiendas, el gobernador resignó dos posibles votos?
Hay quienes piensan que, con las dos designaciones, el gobernador mandó a la Corte el siguiente mensaje: "¡hagan lo que quieran con la reforma, no me importa!". Otros, en cambio, no dejan de advertir sobre la posible conformación del binomio jurídico René Mario Goane-Sassi Colombres, teniendo en cuenta que ambos se conocen demasiado, desde la época en que eran funcionarios del gobierno militar de Antonio Merlo, sumado a que hablan el mismo lenguaje de los administrativistas. En estas lecturas maniqueas y muy aritméticas, el vocal Alberto José Brito, por cierto, siempre queda solo, en enigmático silencio.
El tiempo, como siempre, aproximará las respuestas, incluso sobre la otra pregunta: si los asuntos que interesan verdaderamente al Gobierno y que dependen de la Corte son ínfimos en comparación con otros, ¿por qué entonces Alperovich, como antes lo hicieron otros gobernadores, designó a gente tan próxima a él?







