12 Marzo 2008 Seguir en 
Las melodías recorren la sala de ensayos. La fuerza del director se transmite en unos pocos movimientos de sus manos y llega a cada uno de los músicos. El lo percibe cada vez que cierra los ojos. Descubre que en ese ambiente hay talento.
Así comenzó el primer ensayo del año de la Orquesta Juvenil de la Universidad Nacional de Tucumán. Los chicos, que no pasan de 24 años, llegan a cuentagotas para reencontrase con la música. Algunos se acercan atemorizados, ya que es su primera vez, mientras que otros, con más confianza, entran saludando a sus compañeros, con quienes ya compartieron muchos ensayos.
En su presentación, el maestro Gustavo Guersman, director de la orquesta, saluda a los jóvenes músicos y, como si estuvieran en el colegio, pasa lista. "Hay muchas caras nuevas... acá vamos a trabajar. Mmm... allá, en las trompetas son dos mujeres y dos varones", dice entre risas que los demás festejan con carcajadas.Y sí que tendrá que trabajar. En la orquesta hay nuevos integrantes y, a diferencia de otros años, el número de chicos ingresantes es mayor. "Este año la reglamentación para participar era más exigente. Se acortó el límite de edad, que antes era de 14 a 28 años, y ahora es hasta 24. Más de 60 chicos se presentaron y quedaron 23, cuando había 16 vacantes. De a poco estamos armando nuestro castillo de arena", cuenta el maestro.
"Estaba muy nervioso en la audición. Estaba solo y tocando ante todo el mundo. No lo podía creer cuando entré. Estoy muy orgulloso de estar en la orquesta y al lado de un tipo muy grosso como Gustavo. Es una oportunidad para crecer", cuenta Pablo Narvaja, uno de los percusionistas nuevos.
"Es una experiencia enriquecedora. Espero llegar a ser uno de los primeros violines. Es mi gran deseo", explica Ignacio Llanes, de 20 años, también nuevo integrante. Como Verónica Villafañe, que está dando sus primeros pasos. "Desde chica quise entrar en una orquesta. Requiere mucha dedicación", dice.
Trabajar con chicos que están en plena adolescencia es difícil; sin embargo, el director tiene sus técnicas para hacer frente al problema. "Es imposible hacer algo sin disciplina. El respeto y, sobre todo, la obediencia surgen por la misma pasión a la música. Trabajamos con una materia prima abstracta que apenas la tocás desaparece, y eso tienen que tener en cuenta los chicos para no perderse. Pero ellos responden bien", señala Guersman.
El trabajo comenzó y tendrá su frutos proximamente. "Con esfuerzo, se puede", confía el director.
Así comenzó el primer ensayo del año de la Orquesta Juvenil de la Universidad Nacional de Tucumán. Los chicos, que no pasan de 24 años, llegan a cuentagotas para reencontrase con la música. Algunos se acercan atemorizados, ya que es su primera vez, mientras que otros, con más confianza, entran saludando a sus compañeros, con quienes ya compartieron muchos ensayos.
En su presentación, el maestro Gustavo Guersman, director de la orquesta, saluda a los jóvenes músicos y, como si estuvieran en el colegio, pasa lista. "Hay muchas caras nuevas... acá vamos a trabajar. Mmm... allá, en las trompetas son dos mujeres y dos varones", dice entre risas que los demás festejan con carcajadas.Y sí que tendrá que trabajar. En la orquesta hay nuevos integrantes y, a diferencia de otros años, el número de chicos ingresantes es mayor. "Este año la reglamentación para participar era más exigente. Se acortó el límite de edad, que antes era de 14 a 28 años, y ahora es hasta 24. Más de 60 chicos se presentaron y quedaron 23, cuando había 16 vacantes. De a poco estamos armando nuestro castillo de arena", cuenta el maestro.
"Estaba muy nervioso en la audición. Estaba solo y tocando ante todo el mundo. No lo podía creer cuando entré. Estoy muy orgulloso de estar en la orquesta y al lado de un tipo muy grosso como Gustavo. Es una oportunidad para crecer", cuenta Pablo Narvaja, uno de los percusionistas nuevos.
"Es una experiencia enriquecedora. Espero llegar a ser uno de los primeros violines. Es mi gran deseo", explica Ignacio Llanes, de 20 años, también nuevo integrante. Como Verónica Villafañe, que está dando sus primeros pasos. "Desde chica quise entrar en una orquesta. Requiere mucha dedicación", dice.
Trabajar con chicos que están en plena adolescencia es difícil; sin embargo, el director tiene sus técnicas para hacer frente al problema. "Es imposible hacer algo sin disciplina. El respeto y, sobre todo, la obediencia surgen por la misma pasión a la música. Trabajamos con una materia prima abstracta que apenas la tocás desaparece, y eso tienen que tener en cuenta los chicos para no perderse. Pero ellos responden bien", señala Guersman.
El trabajo comenzó y tendrá su frutos proximamente. "Con esfuerzo, se puede", confía el director.
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