Color, música y mucha alegría para la despedida del carnaval en Ranchillos

Durante más de seis horas, miles de tucumanos bailaron en la tradicional celebración de verano, en el este tucumano. Los músicos y el público compartieron la alegría entre el barro.

LA LLUVIA no impidió que la fiesta termirá.LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
LA LLUVIA no impidió que la fiesta termirá.LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
11 Marzo 2008
Entre la nostalgia y la alegría, el carnaval se despidió.
Para algunos, el fin de semana había terminado, pero otros quisieron extenderlo un poco más para hacer una despedida con bombos y platillos. En los carnavales de Ranchillos, la tradición y la fiesta al rojo vivo dijeron "hasta luego". Se abrió un paréntesis que durará hasta 2009, cuando el primer domingo de febrero desentierren al diablo y el club abra sus puertas para invitar a los tucumanos a la fiesta.
Ranchillos ha reunido a miles de personas (no hay cifras oficiales), que llegaron de toda la provincia para vivir una jornada inolvidable en la que no faltó la pintura, el color, la alegría y las bebidas que apagaron la sed.
Los consagrados carnavales del este tucumano comenzaron como un ritual: a las 15 en punto. El público empezó a colmar el lugar. Retumba, con su ritmo tropical, fue el encargado de iniciar la fiesta. Cuando faltaban 10 minutos para las 18, las guarachas invadieron el lugar con Chiquino. Mientras algunos bailaban bien abrazados, al compás, otros buscaban un lugar preferencial para el recital del Chaqueño Palavecino, que cerraría la noche.
La espuma volaba por el aire y las manos empapadas de pintura no dejaban una cara limpia, como las de Raúl Pérez y Gustavo Karin. "Estamos solos, somos fieles a nuestras mujeres", gritaba Raúl.
Al lado estaba Héctor y Sonia López Brito, quienes desde hace 25 años acuden a la celebración ranchilleña. "Esto es una fiesta popular y sana. Vengo desde que tenía 18 años y ahora traigo a toda mi familia. Todo es muy lindo, nunca tuvimos problemas", comentó Héctor.
Como en un desfile, los grupos de cumbia subían y bajaban el escenario. A las 18.30 llegó el turno de Tambó Tambó, que después de cuatro años volvió a juntarse y ofreció un show renovado para los tucumanos. "Este es uno de los mejores carnavales del país. Tiene la mayor seguridad, nos cuidan un montón. Juegan con pinturas, en Buenos Aires no existe eso", dijo Diego Mujica, cantante del grupo.
Expectante, en un costado del escenario, Mariano, integrante de la banda Néstor en Bloque, observaba el show de "La cumbita". Abajo, las chicas desesperadas por el rubio le pedían a los gritos que les firme un autógrafo. "Mariano por favor, Mariano... te quiero", se escuchaba.
"Ranchillos es una de las fiestas más grandes. Compartir el escenario con el Chaqueño te motiva, es un honor", dijo el músico.
"Vengo desde Villa Muñecas por primera vez para ver sólo a Néstor. Es lo mejor", contó Vanesa Lizondo, con el rostro encendido y una vincha estampada con la figura de su cantante favorito.

El infaltable
"Vamos todos a bailar la tarantela/ todos tomaditos de la manos..." Apenas se escuchó la música de la tarantela, los grupos se formaron. En una especie de pogo comenzaron a saltar y a dar vueltas en el lugar. Los bailarines llamaban a los solitarios para que no se queden afuera de la fiesta. "Pedimos un domingo más. Tuvimos asistencia perfecta en el carnaval ", gritaba Vicky Cuadra, que conoció a su novio hace dos años en Ranchillos.
La noche llegó y la fiesta ya estaba terminando. "¡A ver las manitos de los infieles arriba! Los aplausos de las mujeres que le gustan dos hombres y del que tiene una suegra gorda y fea. Vamos los aplausos para que el Chaqueño sepa que vibran por él", se lo escuchaba decir al locutor. Los gauchos desfilaron por el escenario mayor y el Chaqueño hizo lo suyo. La gente revoleaba lo que tenía a mano. Algunas mujeres hasta se sacaron la remera. Miles de personas fueron el coro del folclorista que terminó su show con un espectáculo de más de 10 minutos de fuegos artificiales. La despedida del carnaval fue a lo grande.

Nieve y pintura
Los puesteros rodearon el club San Antonio de Ranchillos desde el mediodía. El público a la salida -algunos almorzaron en el lugar- degustaba un sandwich de milanesa de apenas dos pesos, o un clásico choripán al mismo precio.

Una caravana de autos comenzó a circular por la ruta 302 desde las 15. Taxis, en su mayoría, camionetas con un grupo de gente atrás y autos colmaron la ruta para transitar los 24 kilómetros desde la capital de la provincia hasta la localidad de Ranchillos.

Más de 150 efectivos de la policía estuvieron en toda las inmediaciones del club para seguridad de los tucumanos en el carnaval.

Por todo el estadio circulaban niños que recolectaban latas y botellas para luego venderlas.

Los fanáticos lucían adornos como cintas, pañuelos y sombreros de su grupo o artista favorito. La imagen que más se vio fue la del Chaqueño Palavecino. Los precios rondaban en 2, 3 y 5 pesos, respectivamente.

La fiesta estuvo matizada con espuma, pinturas y aguas perfumadas que podían adquirir se en los puestos que rodeaban al club o adentro, en los negocios que se armaron para vender comida y bebidas.

EL VIAJE DE vuelta obligó a muchos a esperar ya que los colectivos se colmaban en pocos minutos. Sólo había una línea de ómnibus, que habilitó varios vehículos para que todos pudieran viajar. Sólo tenían que hacer la fila.

Un mal trago se llevó el público que estaba en el extremo del estadio cuando comenzó el show del Chaqueño Palavecino, ya que el sonido era pobre. Los fanáticos comenzaron a amontonarse en la parte frontal del espacio. Después, solucionaron el problema y los que estaban más atrás pudieron disfrutar del show del folclorista.

La familia podía ubicarse en la tribuna que los organizadores este año colocaron al lado del escenario. Así, todos pudieron disfrutar del show.

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