Necesidad imperiosa de una mejora de ingresos
En un escenario de rentabilidad reducida, crecen las presiones para que aumente el precio interno del azúcar. Las paritarias arrojarán mayores costos en la actividad. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.
10 Marzo 2008 Seguir en 
“La rentabilidad en el sector azucarero es prácticamente nula, y no vemos que en el corto plazo pueda cambiar sustancialmente esta situación”. Sin rodeos, el apoderado del Centro de Agricultores Cañeros de Tucumán (Cactu), José del Pero, graficó la preocupación que invade a la mayoría en la actividad azucarera de nuestra provincia. En este contexto de retracción, las definiciones que surgirán de la paritaria que el sector lleva adelante en Buenos Aires ponen nerviosos a los productores, que presuponen que darán nuevo impulso a la escalada de costos que afrontan cada día. El problema es que el precio del azúcar -interno y externo-, resulta insuficiente para pagar los gastos y ganar dinero. En el plano internacional, los futuros de azúcar crudo en Estados Unidos cerraron el viernes en un mínimo de tres semanas y media, en un escenario con más presiones de liquidación en los mercados de materias primas agrícolas, que borraron más del 15% del valor del endulzante desde el lunes pasado. Así, el contrato electrónico de azúcar de mayo de la ICE cerró a U$S 0,13 por libra, el valor más bajo desde el 13 de febrero. O sea, exportar sigue siendo desalentador. En el mercado interno, la situación no se presenta mucho mejor: el paquete de un kilo de azúcar común se vende a $ 1,50 en góndola, precio bajo en relación a la evolución que fueron mostrando los otros productos de la canasta alimentaria. En el mercado mayorista la situación es aún más grave, al menos para los cañeros pequeños y medianos, puesto que el valor del producto ronda los $ 63 por bolsa de 50 kilos. Según los productores, la bolsa debería comercializarse por lo menos a $ 73 para que el negocio funcione.
Con los bolsillos flacos, sin financiación adecuada y con perspectivas de precios desfavorables, los empresarios, representados por el Centro Azucarero Argentino, se preparan para debatir cambios en el convenio colectivo de trabajo del sector y la suba salarial que regirá este año para los trabajadores de la actividad. Para negociar, la dirigencia de Fotia, que agrupa a sindicatos de obreros de fábrica y surco, desnudó un enfrentamiento que mantiene con la Federación de Empleados de la Industria Azucarera (FEIA) por lugares en la mesa de discusiones. Pero la sangre no llegó al río, y hubo acuerdo en la parte laboral.
Aunque algunos industriales azucareros tucumanos creen que los cambios que se introduzcan en las condiciones de trabajo no necesariamente significarán mayores costos, no piensan lo mismo en Fotia, cuyos dirigentes aseguran que la actualización de funciones se traducirán en una mejora de ingresos para algunas categorías. Una vez que se decidan los cambios, sobrevendrá la negociación salarial propiamente dicha. Aunque no lo dicen abiertamente, los trabajadores no se conforman con el incremento salarial del 19,5% que pretende imponer a todas las actividades el Gobierno nacional y el líder de la CGT y de los camioneros, Hugo Moyano. Seguramente Fotia pedirá un 30% de suba, con el propósito de acordar una variación cercana al 25%.
Responsables
Los trabajadores destacan que sus reclamos salariales son justificables, si se atiende la marcha de la inflación real. Frente a esta demanda por venir, los empresarios azucareros asientan su estrategia negociadora justamente en los elevados costos que soporta y en el congelamiento de los ingresos de la actividad -por efecto de los bajos precios del azúcar-, aun cuando los dueños del capital son los responsables exclusivos de esta situación económica, por lo menos en lo que a mercado interno se refiere.
Sin dudas que el futuro inmediato debe preocupar a los empresarios azucareros que viven y sobreviven a partir de la venta del azúcar, y posiblemente también a aquellos que están diversificados en otras actividades productivas y financieras. Son cada vez más intensas las presiones para que los líderes de la actividad realicen gestiones exitosas a favor de un aumento en los precios del producto, mayorista y al público. Si se dilata esta definición, no se descarta que surjan diferencias expuestas entre industriales y cañeros, o entre industriales grandes y los de menor escala. Si la rentabilidad no mejora, hasta es posible que resurjan viejos enfrentamientos en la actividad, que se creían olvidados.







