Reclusión perpetua para un asesino

Gregorio Cuevas fue condenado por violar y matar a la pequeña Tatiana, de 3 años. El hombre fue enviado a la cárcel, ya que estaba con arresto domiciliario.

SIN EXPLICACION. Nadie puede entender por qué Cuevas cometió un crimen tan feroz contra una inocente.
SIN EXPLICACION. Nadie puede entender por qué Cuevas cometió un crimen tan feroz contra una inocente.
12 Diciembre 2002
En la fría noche del 17 de abril de 1999, aprovechando la confianza que la nena de 4 años le tenía, él se la llevó a la oscura plaza de la Villa Obrera, en Tafí Viejo. Allí la violó y luego la asesinó, cortándole el cuello. Por ello, Gregorio Orlando Cuevas pasará el resto de sus días tras las rejas.
Ayer, el hombre de 66 años fue condenado a reclusión perpetua por haber violado y asesinado a Tatiana Ayelén Quinteros. También se dispuso que sea trasladado inmediatamente al penal de Villa Urquiza (gozaba de arresto domiciliario por problemas de salud).
Tatiana vivía, junto con sus padres y dos hermanos, en un conventillo que pertenecía a la familia del condenado. Aparentemente había problemas entre ellos, y por eso el hombre habría decidido vengarse de la peor manera, con la hija de la pareja.
Los testigos y las pruebas aportadas en el juicio oral fueron contundentes y dirigieron la mirada del tribunal hacia una sola persona: Cuevas.
El fiscal de Cámara Daniel Marranzino pidió ayer el cambio de calificación de la causa de violación y homicidio en concurso real, por el de homicidio agravado. El funcionario argumentó que Cuevas mató a Tatiana para ocultar la violación (homicidio criminis causa).
Marranzino hizo un pormenorizado relato de lo que ocurrió esa noche, citando a los testigos que vieron al hombre forcejear con la nena o sentados en un banco de la plaza, antes de que la encontraran muerta. Por ello pidió reclusión perpetua para Cuevas y que se ordene su detención.
Cuevas, por padecer de problemas de próstata, estuvo preso poco más de una semana, y luego cumplió arresto domiciliario.

Macabro
El cuerpo de la nena apareció debajo de un gran árbol, junto a la pared trasera de la vieja iglesia de la zona. Las manchas de sangre estaban a unos 50 centímetros del piso, sobre la pared. También se hallaron restos de sangre en los zapatos y en la campera del hombre, cuando la Policía los secuestró.
Leandro Robles, uno de los querellantes, pidió una pena de reclusión perpetua, y tildó de cobarde a Cuevas. "Tatiana trató de defenderse, de resistir; pero pudo más la bestialidad que la inocencia, pudo más la perversión que la pureza. Este hombre cortó la primavera, porque jamás veremos a Tatiana sonreír ni crecer", dijo el abogado.
La defensora oficial María de las Mercedes Carrizo, por su parte, pidió la nulidad de la causa, argumentando que no se le permitió a Cuevas ejercer su derecho de defensa. La defensora cuestionó las actas de las cuatro declaraciones como imputado, porque en la primera sólo se le imputó el crimen y en la segunda se sumó la violación. Pero en ninguna se le dijo, según afirmó ella, de qué estaba acusado y no se dieron precisiones a cerca del lugar, el modo y el momento en que ocurrieron los hechos.
Ante la posibilidad de que no se hiciera lugar al planteo, como ocurrió finalmente, pidió que se lo absuelva por la violación, que fue puesta en duda por deficiencias de la autopsia, y cuestionó el informe genético que incriminó a Cuevas.
Los jueces María del Pilar Prieto, Silvia Castellote y Jorge Duhart decidieron condenar a Cuevas a reclusión perpetua y enviarlo a la cárcel, puesto que su esposa y su hijo, que firmaron como garantes de la detención domiciliaria, no cumplieron con el régimen establecido: lo sacaron del hospital donde estaba y se mudaron sin autorización judicial.

Gritos e insultos
Una veintena de familiares y amigos de Tatiana insultó desde lejos, sin agredir físicamente, a Gregorio Cuevas. Una mujer se desmayó mientras le gritaba al condenado. "Queríamos Justicia para Tatiana y ya se hizo, ya está", dijeron por su parte Alejandra Frías y Fernando Quinteros, los padres de Tatiana.
Los pocos familiares de Cuevas que asistieron al juicio salieron a toda prisa de la sala de audiencias, llorando y evitando a la prensa y a los parientes de la nena, que de todos modos sólo querían insultar a Cuevas.Ayer, antes de la sentencia, el hombre reiteró que es inocente y que lo acusaron por venganza.

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