27 Febrero 2008 Seguir en 
En política, al revés que en las matemáticas, el orden de los factores altera el producto. Seguramente, nadie dejará de aceptar que las organizaciones partidarias y el sistema electoral se han ganado entre la ciudadanía, desde las últimas elecciones generales, un descrédito sin precedentes. Fue por ello que, cuando el ex presidente Néstor Kirchner anunció que se procedería a la reestructuración del Partido Justicialista, intervenido desde hace tres años, quedó la sensación de que se iniciaba el camino indicado para restablecer la confianza en los partidos como organizaciones intermedias para la representación ciudadana ante los poderes públicos.
Sin embargo, la rápida convocatoria del congreso justicialista de la provincia de Buenos Aires puso en evidencia que el orden lógico supuestamente previsto de la reforma política previa era desplazado por otras inquietudes oficialistas. En una reunión que insumió poco menos de una hora se eligieron, sin debate ni diálogo alguno, los 246 delegados que representarán el distrito bonaerense en el congreso nacional del 7 de marzo. Sus nombres no se dieron a conocer; esa tarea estará a cargo de Kirchner, luego de que se le comuniquen en su oficina de Puerto Madero. Algo semejante está aconteciendo en los demás distritos, en los que se repite una coincidencia: la elección previa del ex presidente como futuro jefe del Partido Justicialista.
Esos procesos de reestructuración del oficialismo, que durante el reciente festejo del cumpleaños del ex presidente se consumaron con adhesiones personales a su nominación por parte de gobernadores, ministros y dirigentes, parecieron abrir otro capítulo del verticalismo histórico que el mandatario chaqueño Jorge Capitanich definió así: “coincidimos plenamente en el proyecto de reducir los miembros de la mesa de conducción y convertir el partido en la polea de transmisión de las acciones de gobierno, que, además, participe en la formación de cuadros políticos”. Nada tan lejos del modo en que la Constitución nacional (artículo 38) define los partidos: “instituciones fundamentales del sistema democrático, con representación de las minorías, la competencia para la postulación de cargos públicos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de sus ideas”.
El concepto verticalista del gobernador del Chaco se aviene con el del diputado José María Díaz Bancalari, quien sugirió que aquellos que sientan curiosidad por los nombres de los congresales bonaerenses habrían de consultar en la oficina del ex presidente. Es cierto, pues, que, más que un proceso transparente de reorganización partidaria, se trata de la llamada “operación clamor”. Todo otro intento marginado de esa operación ha tenido rápidamente repuesta negativa en la Justicia Electoral, pues es el interventor de consejo nacional del PJ, notorio colaborador de la operación verticalista, quien debe convocar en su momento a la normalización.
La disciplinada marcha de la reestructuración del peronismo es seguida en paralelo por otros sectores fieles a la estrategia del ex presidente, sin que se alumbre proyecto oficialista alguno de reforma política por parte del Gobierno ni de la mayoría oficialista del Congreso, que no da curso a las numerosas iniciativas de la oposición parlamentaria.
Si, como la Constitución señala, los partidos son instituciones fundamentales del sistema democrático, debe preocupar extremadamente que se esté restableciendo un modelo de acatamiento al personalismo que poco o nada tiene que ver con el liderazgo genuino del orden republicano.
Sin embargo, la rápida convocatoria del congreso justicialista de la provincia de Buenos Aires puso en evidencia que el orden lógico supuestamente previsto de la reforma política previa era desplazado por otras inquietudes oficialistas. En una reunión que insumió poco menos de una hora se eligieron, sin debate ni diálogo alguno, los 246 delegados que representarán el distrito bonaerense en el congreso nacional del 7 de marzo. Sus nombres no se dieron a conocer; esa tarea estará a cargo de Kirchner, luego de que se le comuniquen en su oficina de Puerto Madero. Algo semejante está aconteciendo en los demás distritos, en los que se repite una coincidencia: la elección previa del ex presidente como futuro jefe del Partido Justicialista.
Esos procesos de reestructuración del oficialismo, que durante el reciente festejo del cumpleaños del ex presidente se consumaron con adhesiones personales a su nominación por parte de gobernadores, ministros y dirigentes, parecieron abrir otro capítulo del verticalismo histórico que el mandatario chaqueño Jorge Capitanich definió así: “coincidimos plenamente en el proyecto de reducir los miembros de la mesa de conducción y convertir el partido en la polea de transmisión de las acciones de gobierno, que, además, participe en la formación de cuadros políticos”. Nada tan lejos del modo en que la Constitución nacional (artículo 38) define los partidos: “instituciones fundamentales del sistema democrático, con representación de las minorías, la competencia para la postulación de cargos públicos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de sus ideas”.
El concepto verticalista del gobernador del Chaco se aviene con el del diputado José María Díaz Bancalari, quien sugirió que aquellos que sientan curiosidad por los nombres de los congresales bonaerenses habrían de consultar en la oficina del ex presidente. Es cierto, pues, que, más que un proceso transparente de reorganización partidaria, se trata de la llamada “operación clamor”. Todo otro intento marginado de esa operación ha tenido rápidamente repuesta negativa en la Justicia Electoral, pues es el interventor de consejo nacional del PJ, notorio colaborador de la operación verticalista, quien debe convocar en su momento a la normalización.
La disciplinada marcha de la reestructuración del peronismo es seguida en paralelo por otros sectores fieles a la estrategia del ex presidente, sin que se alumbre proyecto oficialista alguno de reforma política por parte del Gobierno ni de la mayoría oficialista del Congreso, que no da curso a las numerosas iniciativas de la oposición parlamentaria.
Si, como la Constitución señala, los partidos son instituciones fundamentales del sistema democrático, debe preocupar extremadamente que se esté restableciendo un modelo de acatamiento al personalismo que poco o nada tiene que ver con el liderazgo genuino del orden republicano.







