Lula da Silva, el cortés informador
Cristina Kirchner está mostrando un perfil sin predisposición a dialogar con la prensa. Su par brasileño fue el único que informó lo que trataron en Olivos. Esperan el discurso. Por Angel Anaya - Columnista.
26 Febrero 2008 Seguir en 
Buenos Aires.- La relación de la Presidenta con el periodismo ha dejado de ser parte ocasional de un estilo para convertirse en una formalidad y puede tener formas muy diversas, si bien siempre es “no”. Una semana atrás, el canciller Jorge Taiana debía informar sobre un acto oficial ante CFK, pero lo hizo mediante la lectura de un comunicado, advirtiendo previamente a los hombres de prensa que no podrían preguntar. Días después ese tipo de relación se hizo más evidente cuando los numerosos periodistas brasileños, bolivianos y nacionales trataron de acceder a la sala de prensa de la residencia de Olivos para atender la reunión de la Presidenta con sus colegas de Brasil y Bolivia, y fueron previamente desalojados sin poder obtener declaraciones.
En esa situación, los periodistas se trasladaron rápidamente al aeroparque metropolitano, donde Lula da Silva y su comitiva los aguardaban para dialogar e informar ampliamente.
El presidente brasileño atrasó por ello su partida e informó detalladamente respecto de la agenda de Olivos.
El Foro del Periodismo Argentino (Fopea) declaró públicamente detalles de ese desalojo de medio centenar de colegas, camarógrafos y reporteros gráficos, y lo que se vio nuevamente por TV fue el servicio que contrata la Dirección de Prensa desde hace años para ocuparse de CFK y que se emite “envasado” sobre todas sus apariciones.
Un conocido columnista de “Folha de Sao Paulo”, Clovis Rossi, comentó que “probablemente Cristina tenga más para ocultar que para contar”.
La fiebre amarillla
El sábado próximo, la Presidenta concurrirá al Congreso nacional para inaugurar con un mensaje el nuevo período de sesiones ordinarias. Pero el equipo contratado para las presentaciones discursivas ya tiene asignado sus lugares para impedir proximidades de los medios privados.
Si bien se trata de entrar, hablar y salir del Parlamento, el equipo oficial de prensa estará apostado a lo largo del recorrido para evitar “contactos con la fiebre amarilla”, como se define la presencia del periodismo, incluyendo a la considerada, la más servicial.
Todavía no se ha podido establecer, entre los legisladores oficialistas, si Cristina hará llegar anticipadamente su informe a las bancas, como fue tradicional en el período anterior de Néstor Kirchner.
Algunas especulaciones arriesgan que habrá ciertos anuncios tendientes a liberar a las mayorías oficialistas del perfil escribanista que se ha impuesto al Poder Legislativo. Pero a juzgar por la innumerable cantidad de decretos de necesidad y urgencia pendientes de revisión por la comisión bicameral creada al efecto, pero vigentes por el irregular procedimiento de la sanción ficta, es difícil que suene la trompeta de liberación.
El discurso, pues, está siendo esperado más que nada como un formalismo de quien, siendo senadora nacional por la provincia de Buenos Aires, apenas asistió a cinco sesiones y no presentó ningún proyecto relacionado con su distrito. (De nuestra Sucursal)







