25 Febrero 2008 Seguir en 
Los resultados que obtuvo el tenis nacional en los casi dos meses que van del año resultan satisfactorios y abren una gran expectativa para lo que resta de la temporada. El buen primer paso en la Copa Davis se vio fortalecido con el acceso a las finales de algunos de los integrantes de la llamada “legión” en torneos como los de Viña del Mar y Buenos Aires. Todo esto lleva a pensar que no son descabelladas las previsiones que efectuaron analistas de la disciplina a fines del año pasado, al preanunciar para el tenis nacional un año histórico. Tucumán también se ve traccionado por esta movida y, a la luz de una nueva dirigencia, se busca promocionar a la actividad, para lograr un mayor interés tanto de parte de los chicos como de los padres.
El tenis nacional entregó claroscuros en los últimos años. A la par de camadas exitosas de jugadores y conquistas relevantes, la disciplina sufrió golpes por de los casos de doping y por la merma de confianza en sí mismos de algunas de sus estrellas. Estos últimos aspectos generaron, por un lado, escándalos de alcance internacional y, por otro, ausencia de argentinos entre los primeros diez puestos del ranking. Por ello, está justificada la incertidumbre sobre el futuro. Pero fue desde las canchas desde donde llegaron señales de que no está muerto quien pelea. David Nalbandian ofició como punto de inflexión para recuperar el impulso, con su doble victoria en torneos Masters Series, a finales de 2007. Y si bien la primera cita importante de la temporada, en Australia, entregó una mediocre tarea de parte argentina, el entusiasmo no decayó.
En Viña del Mar, Juan Mónaco llegó a una final en la que no pudo jugar a causa de una lesión; en Buenos Aires, Nalbandian y José Acasuso definieron el título. Estos dos logros, si bien obtenidos en polvo de ladrillo, superficie favorita de los tenistas nacionales, dejan lugar para la ilusión. Lo mismo ocurre en la Copa Davis, torneo en el que después de la victoria conseguida frente a Austria, se abre un interesante panorama que podría extenderse hasta una posible final, escalón previo para consumar el gran sueño: ganar la Ensaladera de Plata. Con una temporada por armar, la deuda argentina con el máximo certamen por equipos no es la única: también existe la ilusión de ver que nuestros tenistas pueden lograr mejores resultados en superficies rápidas, ser protagonistas de los torneos grandes y alcanzar la regularidad que les permita avanzar en el ranking.
La apuesta de los jugadores, en lo individual y en lo grupal, es ambiciosa. También la de los dirigentes lo es: lograr que nuestro país alcance mayor protagonismo en un deporte que mueve grandes volúmenes de dinero, estructuras gigantescas y muchos países. Por caso, los responsables del ATP de Buenos Aires quieren contar en la edición 2009 con jugadores de la talla de Rafael Nadal.
Tucumán también se anima y desarrolla actividades promocionales que redundan en beneficio de los propios jugadores -sobre todo de los más chicos- y permiten dinamizar un ambiente que en los últimos tiempos perdió impulso. Ya en diciembre pasado, la exhibición entre Mariano Zabaleta y Mariano Puerta generó una gran adhesión. Y ahora, desde la Asociación, se promueve la llegada de Guillermo Vilas, un referente histórico del deporte, quien vendrá el 7 de marzo para brindar clínicas.
Nada se descubre si se apunta a que sólo con trabajo se puede estar ante la posibilidad del éxito. Pero esa verdad de perogrullo a veces se olvida y con ello se pierde el hilo conductor del desarrollo. El tenis, aún atado al efecto del resultado en el campo profesional, cuenta con un amplio campo de acción en el ámbito formativo. Y es en ese punto donde el optimismo por el futuro se robustece, gracias a un trabajo tenaz, dentro y fuera de una cancha.
El tenis nacional entregó claroscuros en los últimos años. A la par de camadas exitosas de jugadores y conquistas relevantes, la disciplina sufrió golpes por de los casos de doping y por la merma de confianza en sí mismos de algunas de sus estrellas. Estos últimos aspectos generaron, por un lado, escándalos de alcance internacional y, por otro, ausencia de argentinos entre los primeros diez puestos del ranking. Por ello, está justificada la incertidumbre sobre el futuro. Pero fue desde las canchas desde donde llegaron señales de que no está muerto quien pelea. David Nalbandian ofició como punto de inflexión para recuperar el impulso, con su doble victoria en torneos Masters Series, a finales de 2007. Y si bien la primera cita importante de la temporada, en Australia, entregó una mediocre tarea de parte argentina, el entusiasmo no decayó.
En Viña del Mar, Juan Mónaco llegó a una final en la que no pudo jugar a causa de una lesión; en Buenos Aires, Nalbandian y José Acasuso definieron el título. Estos dos logros, si bien obtenidos en polvo de ladrillo, superficie favorita de los tenistas nacionales, dejan lugar para la ilusión. Lo mismo ocurre en la Copa Davis, torneo en el que después de la victoria conseguida frente a Austria, se abre un interesante panorama que podría extenderse hasta una posible final, escalón previo para consumar el gran sueño: ganar la Ensaladera de Plata. Con una temporada por armar, la deuda argentina con el máximo certamen por equipos no es la única: también existe la ilusión de ver que nuestros tenistas pueden lograr mejores resultados en superficies rápidas, ser protagonistas de los torneos grandes y alcanzar la regularidad que les permita avanzar en el ranking.
La apuesta de los jugadores, en lo individual y en lo grupal, es ambiciosa. También la de los dirigentes lo es: lograr que nuestro país alcance mayor protagonismo en un deporte que mueve grandes volúmenes de dinero, estructuras gigantescas y muchos países. Por caso, los responsables del ATP de Buenos Aires quieren contar en la edición 2009 con jugadores de la talla de Rafael Nadal.
Tucumán también se anima y desarrolla actividades promocionales que redundan en beneficio de los propios jugadores -sobre todo de los más chicos- y permiten dinamizar un ambiente que en los últimos tiempos perdió impulso. Ya en diciembre pasado, la exhibición entre Mariano Zabaleta y Mariano Puerta generó una gran adhesión. Y ahora, desde la Asociación, se promueve la llegada de Guillermo Vilas, un referente histórico del deporte, quien vendrá el 7 de marzo para brindar clínicas.
Nada se descubre si se apunta a que sólo con trabajo se puede estar ante la posibilidad del éxito. Pero esa verdad de perogrullo a veces se olvida y con ello se pierde el hilo conductor del desarrollo. El tenis, aún atado al efecto del resultado en el campo profesional, cuenta con un amplio campo de acción en el ámbito formativo. Y es en ese punto donde el optimismo por el futuro se robustece, gracias a un trabajo tenaz, dentro y fuera de una cancha.







