El competidor inesperado

Urtubey, gobernador de Salta, emerge con fuerza en el tablero político regional y en el esquema peronista. Alperovich recurre a Miranda para contrapesar a su rival norteño. Los radicales que son oficialistas. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

24 Febrero 2008
La irrupción del salteño Juan Manuel Urtubey en el tablero político regional desacomodó algunos proyectos de entre casa. Tutelado por la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner (CFK), el sobrino del mítico Julio Mera Figueroa -ex ministro de Carlos Menem muy conocido por los peronistas de vieja data- está en carrera rumbo a una de las vicepresidencias del aparato pejotista. De los gobernadores de la nueva hornada, es quien mejor sintetiza el espíritu renovador que impulsa el matrimonio gobernante en algunas parcelas del paisaje político. El chaqueño Jorge Capitanich, verdugo del radical Angel Rozas, es otro de los políticos auspiciados por CFK.
Por fuera del PJ y con la estructura del Frente de la Victoria, Urtubey desalojó del Ejecutivo al clan Romero, que pretendía perpetuarse a través de Walter Wayar, vicegobernador del hoy senador Juan Carlos Romero. Este, sin embargo, fue reciclado por Néstor Kirchner, como parte de su plan de meter en la bolsa la mayor cantidad de dirigentes con algún peso político. Con todo, el ex candidato a vicepresidente de Carlos Menem en la primera vuelta electoral de mayo de 2003 perdió su bastión feudal.
Sólo el azar liberó a José Alperovich de ver a CFK descender en Salta varios días antes de su primer viaje a Tucumán. Un frente de tormenta obligó el jueves a diferir esa visita para el 13 de marzo. Ese día, junto con Urtubey y con Floro Bogado (Formosa), inaugurará la repavimentación de 190 kilómetros de la ruta nacional 81, que vinculará el noroeste salteño con el noreste de Formosa. La inversión superó los $ 400 millones. Cinco meses antes, en tierras de Bogado se habían terminado siete tramos de 212 kilómetros. El complejo caminero conectará Argentina con Brasil y con Chile.
Mientras tanto, en Tucumán -paraíso de la obra pública-, los habitantes del sur de la provincia padecen la inconclusa ampliación de la ruta nacional 38, pese a que el kirchnerismo sigue gobernando en el país y Alperovich cursa su segundo mandato.
Res, non verba , reza un antiquísimo proverbio latino, que literalmente significa hechos, no palabras. Salta golpea más fuerte que Tucumán a las puertas de la Casa Rosada desde que Antonio Domingo Bussi empezó a administrar la provincia, y la tendencia no se modificó pese al recambio de hombres y de partidos políticos.
La cuestión más complicada que enfrenta Alperovich en su proyección hacia la política nacional es ese inesperado escollo apellidado Urtubey.
La figura presidencial parece simpatizar más con el emergente gobernador salteño, de prosapia peronista comprobada. Su padre fue juez de signo peronista.
Salta avanzó, además, en el liderazgo de la organización de los actos del Bicentenario de la Independencia, según comprobó azorado Jorge Mendía, el legislador que lanzó la idea en Tucumán hace dos años. La indiferencia local fue aprovechada por Urtubey.

La segunda parte
El ambiente justicialista no se sorprendió mayormente por la reaparición de Julio Miranda en Casa de Gobierno. Alperovich, en definitiva, fue parte de la administración que sucedió a Bussi en 1999.
Y los ramalazos que descargó sobre el senador desde que asumió en octubre de 2003 obedecieron a fríos cálculos de construcción de poder dentro del peronismo y a la necesaria diferenciación de imagen para seducir al electorado independiente. Fueron, en suma, un cambio de maquillaje indispensable para montar el nuevo escenario. En octubre de 2007, se cerró un ciclo político-electoral. Las filípicas alperovichistas contra el oscuro legado mirandista -mortalidad infantil y supuestos manejos irregulares de fondos- se desvanecieron velozmente.
En esta segunda parte de la entente Alperovich-Miranda prevalecen otras miras. A ambos, por distintos motivos, les satisface el forzado eclipse de Fernando Arturo Juri. Quienes siguen de cerca las intrigas del peronismo, aseguran que la amistad de Miranda con el senador santacruceño Nicolás Fernández es el puente que busca Alperovich para llegar a lo más alto de la jerarquía pejotista de la Argentina. Fernández sucedió a CFK en la banca senatorial, por lo que, presumen, será un buen abogado mediador.
El otro intermediario influyente al que apuesta la Casa de Gobierno es un viejo conocido: el superministro de Planificación Federal y Obras Públicas, Julio de Vido. La partida está en pleno desarrollo, con nervios, negociaciones y tarjetas de exclusión. El sube y baja de los rumores y de las postulaciones les quita el sueño a los bisoños en la contienda entre peronistas. En marzo se tendrá un panorama más claro de la pelea interna pejotista.

Las especies
Roberto Palina es un legislador más del oficialismo, pese a que hizo campaña electoral en contra del actual gobernador. El "radicalismo A" se plasma en la realidad. Los radicales K -acudieron acoplados al alperovichismo en las elecciones de agosto- cayeron en desgracia, porque la Casa de Gobierno no les perdonó que hayan traído al entonces candidato a vicepresidente, Julio Cobos, sin su consentimiento.
La jugada autónoma de Mendía, Ramón Graneros y Osvaldo Morelli, entre otros, exasperó al gobernador, que quiere tener todo bajo control: a oficialistas y a opositores tibios. Cobos es el reemplazante constitucional de Cristina Fernández de Kirchner, y nada indica que la Casa de Gobierno haya modificado su opinión respecto del mendocino, que es un referente político insoslayable.
Al legislador sindicalista lo ata, entre otras cosas, el manejo de la obra social de Fotia. Una actitud contestataria con la Casa de Gobierno habría terminado con su reinado en la central laboral azucarera. Pragmático, no dudó ni un segundo y pasó a las filas de la mayoría legislativa oficialista, previa aceptación explícita de la hegemonía del gobernador.
Palina confesó que continúa siendo radical, aun cuando le faltó aclarar que era de una de las especies alperovichistas. El pase del secretario general de Fotia hace más hegemónica la preponderancia del oficialismo, que cuenta ya con 44 legisladores sobre 49. Ya durante la campaña electoral de octubre -fue candidato a diputado nacional- se decía que había recibido fondos del camionero Hugo Moyano.
Tal desproporción de fuerzas torna imposible que prospere cualquier pedido de juicio político contra el gobernador, a menos que se subleve la tropa propia. En estas condiciones, es impensable que prospere cualquier acusación contra Alperovich. Lo atestigua el rápido y unánime rechazo de la comisión de Juicio Político a la resolución de los camaristas penales Emilio Herrera Molina, Alberto Piedrabuena y Jorge Duhart, que habían pedido la apertura de un juicio político, a partir de una acción del radical Ariel García.
La actitud de Palina sume en el desconcierto a la ciudadanía y el crecimiento de la incredulidad alcanza picos de altura. Se defrauda al votante.

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