24 Febrero 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La crudeza de Evo Morales sonó en el mediodía de Olivos mucho más destemplada que la visión del cielo plomizo con alguna resolana que cubría la quinta presidencial, en medio de la reunión tripartita entre los presidentes de la Argentina, Bolivia y Brasil: "queremos armar un nuevo equilibrio, porque en materia de gas, para nosotros la prioridad es el mercado interno", se sinceró oficialmente el boliviano.
Si bien, el destinatario principal de todo el mensaje era Luis Inacio Lula Da Silva, que en principio miró para otro lado, ya que Brasil no transige en perder ni "una sola molécula de gas", con la segunda parte de la oración, Morales dejó casi sin argumentos a Cristina Fernández de Kirchner, ya que le dio a tomar la misma medicina que el gobierno de su esposo, Néstor, le vino aplicando a Chile desde hace tres años, cuando ordenó exportar menores volúmenes hacia Santiago (o ninguno), aunque sólo después de abastecer el consumo propio.
Tampoco había mucho para replicar desde aquí, porque el razonamiento de Evo es, por otra parte, el mismo que la política económica local le ha venido repitiendo a muchos sectores productivos (leche, carne, harinas, naftas, etcétera) para justificar, con el argumento de evitar el desabastecimiento y divorciar los precios internos de los internacionales, la imposición de retenciones o los cierres abruptos del comercio exterior.
Lo cierto es que el presidente Morales propuso barajar y dar de nuevo porque hoy, cada vez que se tiende un caño en su país, la demanda doméstica de gas es incesante y el porcentaje de crecimiento resulta exponencial. Desde hace 20 años que Bolivia no construía redes internas que llegaran a hogares, a industrias, a escuelas o a hospitales. "Estamos parados encima de uno de los reservorios de gas más grande del planeta y las cocinas funcionan a leña", explican diplomáticos bolivianos radicados en Buenos Aires, para graficar la avidez.
El presidente de Bolivia insistió varias veces en hacer esta reunión trinacional ("para que podamos prepararnos para el invierno", había dicho) por el cambio de circunstancias dentro de su país, ya que es claro que de la matriz original de promesas de abastecimiento poco ha quedado, salvo el cumplimiento a rajatabla para con Brasil, que evidentemente firmó contratos más redondos que los argentinos, no sólo en precio (paga U$S 4,6 por millón de BTU contra U$S 6 que desembolsa la Argentina), sino también en penalidades por falta de provisión. La idea de un año atrás era que de los 41 millones de metros cúbicos diarios que Bolivia ponía en los gasoductos, entre 27 y 32 millones fuesen hacia San Pablo, que 7,7 millones vinieran hacia la Argentina y que quedara para el uso boliviano alguna diferencia, de los cuáles unos 2 millones se pierden en inyección y transporte. Hoy, la fragilidad de la situación muestra que la Argentina recibe no más de 3 millones al día -y en descenso- y que las diferencias son consumidas internamente por Bolivia, ecuación que se va a agravar sustancialmente hacia los meses de julio y agosto.
Como en una mesa de póquer non sancto, cada uno de los presidentes pareció guardarse algunas cartas en la manga para negociar mejor. Brasil sospecha que la Argentina -la más perjudicada, al quedar como el jamón del sándwich- le pidió a Bolivia que saque el tema de la redistribución para rebanarle una porción de su gas. Lo que menos querría Lula por estos días es retacearle a los industriales paulistas tan vital elemento y que se estanque el crecimiento. "En Brasil no manda el Presidente, manda Itamaraty (la Cancillería)", suele decirse y el crecimiento es una razón de Estado que ningún presidente se atrevería a vulnerar.
Por eso, el titular de Petrobras sugirió ayudar de modo indirecto con el aumento de la venta de electricidad, ya que la Argentina es gas-dependiente, sobre todo porque el 50% del fluido se usa para hacer funcionar las centrales eléctricas. Este año algo más se va a necesitar, si en verdad comienzan a funcionar las dos centrales nuevas que se construyen en Campana y Timbúes (Santa Fe). Los expertos dicen que sin Bolivia sólo queda rezar en el invierno, al menos hasta que se avance en la construcción de plantas de regasificación de GNL, gas traído en estado líquido en barcos metaneros, ya sea en Bahía Blanca o en Montevideo, en la que también desea morder Brasil.
Objetivamente, Lula parece haber tenido razón en sus prevenciones, ya que en la reunión que tuvieron (y promocionaron como de "estrategias conjuntas", para que se enteren los brasileños) el ministro boliviano de Hidrocarburos, Carlos Villegas, y Julio De Vido, se hizo trascender (con foto de hombro con hombro incluida) que el funcionario ya le había adelantado al argentino la prioridad del consumo interno, por delante de los mercados de exportación.
También le recordó que el año pasado hubo tres descubrimientos importantes en pozos que operan Repsol, Pluspetrol y Chaco y se sabe que las autoridades bolivianas les han pedido a las empresas celeridad en el tendido de ductos, para que ese gas ingrese al mercado. Sin embargo, Bolivia aún no explica cómo hará para asegurarle a la Argentina los 27,7 millones de metros cúbicos al día, cuando en 2010 esté construido, por fin, el Gasoducto del Noroeste (GNEA).
Más allá de las demoras en que ha incurrido la Argentina con este caño vital, la gran duda es saber si el día en que esté operativo el gasoducto habrá gas para llenarlo. Los expertos suponen que si el proceso boliviano sigue condicionado, a falta de privados, Brasil y la Argentina deberán preocuparse para hacer las inversiones que ambos necesitan para sacar el gas. Y Morales lo sabe (es su carta) y quizás lo deslizó en la reunión.
Igualmente, cuando las cosas terminan en una Comisión Técnica o un "Grupo Coordinador" es más que seguro que ha sido difícil llegar a un acuerdo desde la política y que la solidaridad mercosuriana se terminó en las sonrisas y en los discursos del viernes entre Lula y Cristina. No hay que ser muy perspicaz para observar que, con la dilación que se encargará de llevar hacia adelante, tal cual es su estilo, Brasil ha buscado mantener el statu quo y ha partido en punta en la puja por tan preciado recurso.
Segundo póquer
Esta semana, pero ya localmente, se jugó un segundo póquer, entre el Gobierno nacional y el sindicato de camioneros, como principio de lo que el gobierno nacional imagina como final feliz en materia de paritarias, inducidos por el peso que en este tema tuvo Martín Lousteau. Hoy, el ministro de Economía apunta las coordenadas fiscales, una forma de comenzar a asumirla, a moderar hacia el segundo semestre una inflación que ahora se estima, a los efectos de los cálculos, en un 20%, por la vía de hacer un mayor esfuerzo del Tesoro en la compra de dólares y evitar la expansión monetaria del Banco Central. Idéntica postura tuvieron economistas alineados con el oficialismo, quienes ahora hasta están dispuestos a tragarse el sapo de usar algunas recetas ortodoxas para enfriar los índices de precios. Igualmente, los disimulos en esta materia estuvieron a la orden del día, ya que los porcentajes tuvieron difusión rápida para marcar un tope de referencia en el gremio de Hugo Moyano -aunque el 19,5% se reparte en el tiempo- mientras que la letra chica de adicionales fijos o de aportes extra para los dueños de los vehículos quedaron en la nebulosa. En tanto, el resto de los gremios dice que el porcentaje "no es un techo".
Sin embargo, ya había cierta aceleración de comportamientos preventivos, porque los precios pegan fuerte en los bolsillos y la inflación que mide el Indec y hasta los sólidos fundamentos de la economía ya resultan datos menores para el grueso de la gente. El trasfondo del apuro por marcar una tendencia salarial pasó indudablemente por la dinámica que ha tomado la cuestión inflacionaria, celeridad de expectativas que el anuncio de los camioneros parece haber exacerbado, antes que aplacado, en materia de traslado preventivo a precios.
Tercer póquer
Otro juego de cartas, éste más dramático, se dio el viernes entre el Gobierno porteño y el nacional, a la hora de desalojar de mala manera a un grupo de cartoneros que, ocupando el espacio público y a riesgo de su vida, estaban a la vera de las vías del ferrocarril Mitre, en Barrancas de Belgrano. En la ocasión, la picardía del gobierno nacional dejó desairada a la gente de Mauricio Macri, la que aún no se explica cómo, teniendo casi todos los naipes a su favor, perdió la partida mediática.
Un legislador nacional del PRO marcaba que el único punto a achacársele al gobierno porteño había sido la decisión de terminar con la ocupación, pero que todo lo más grave había estado en cabeza de la Nación: "ellos manejan la Policía y, si hubo represión, la culpa es de Aníbal Fernández". "Además, TBA no quiere poner el tren blanco y depender de Ricardo Jaime; nunca, ni Ibarra ni Telerman organizaron un sistema para reciclar la basura; tampoco el gobierno nacional generó planes de capacitación para sacar a esta gente de la calle y reinsertarla", se quejaba.
Póquer de ases
Por último, el juego perfecto está en manos de Néstor Kirchner, dueño del mazo y repartidor de cartas: la interna del PJ le está saliendo redonda. El conduce los tiempos de la partida, pone y saca gente, asusta a unos, conforta a otros y finalmente moldea la mesa a su gusto y paladar. Hasta le ha dado a Daniel Scioli, después de hacerlo sufrir bastante, un lugar de preponderancia en la lista de congresales nacionales, aunque se verá si a la hora de la toma de decisiones tendrá algún peso.
En medio del fervor por los cargos, lo concreto es que el justicialismo avanza hacia formas orgánicas diferentes a las conocidas hasta ahora que algunos dirigentes muy cercanos al ex presidente definen como de partido "abierto, moderno e inclusivo". Sin embargo, estos adjetivos se han dado de patadas el jueves pasado con actitudes que contrastan con la grandeza de tamaño discurso.
La discriminación que los mandaderos del dueño de casa mostraron ese día contra reporteros gráficos y canales de televisión en las oficinas de Puerto Madero, eligiendo entre quienes sí y quienes no podían retratar o filmar a Néstor Kirchner junto a Daniel Scioli, resulta irritante no sólo para la prensa que no pudo ser testigo, sino también para quienes hayan creído en estos nuevos y auspiciosos códigos de apertura democrática. Y debería serlo también para el nuevo jefe del justicialismo, quien es el que ha dicho sinceramente, más de una vez, que propicia el cambio de paradigma. (DyN)
Si bien, el destinatario principal de todo el mensaje era Luis Inacio Lula Da Silva, que en principio miró para otro lado, ya que Brasil no transige en perder ni "una sola molécula de gas", con la segunda parte de la oración, Morales dejó casi sin argumentos a Cristina Fernández de Kirchner, ya que le dio a tomar la misma medicina que el gobierno de su esposo, Néstor, le vino aplicando a Chile desde hace tres años, cuando ordenó exportar menores volúmenes hacia Santiago (o ninguno), aunque sólo después de abastecer el consumo propio.
Tampoco había mucho para replicar desde aquí, porque el razonamiento de Evo es, por otra parte, el mismo que la política económica local le ha venido repitiendo a muchos sectores productivos (leche, carne, harinas, naftas, etcétera) para justificar, con el argumento de evitar el desabastecimiento y divorciar los precios internos de los internacionales, la imposición de retenciones o los cierres abruptos del comercio exterior.
Lo cierto es que el presidente Morales propuso barajar y dar de nuevo porque hoy, cada vez que se tiende un caño en su país, la demanda doméstica de gas es incesante y el porcentaje de crecimiento resulta exponencial. Desde hace 20 años que Bolivia no construía redes internas que llegaran a hogares, a industrias, a escuelas o a hospitales. "Estamos parados encima de uno de los reservorios de gas más grande del planeta y las cocinas funcionan a leña", explican diplomáticos bolivianos radicados en Buenos Aires, para graficar la avidez.
El presidente de Bolivia insistió varias veces en hacer esta reunión trinacional ("para que podamos prepararnos para el invierno", había dicho) por el cambio de circunstancias dentro de su país, ya que es claro que de la matriz original de promesas de abastecimiento poco ha quedado, salvo el cumplimiento a rajatabla para con Brasil, que evidentemente firmó contratos más redondos que los argentinos, no sólo en precio (paga U$S 4,6 por millón de BTU contra U$S 6 que desembolsa la Argentina), sino también en penalidades por falta de provisión. La idea de un año atrás era que de los 41 millones de metros cúbicos diarios que Bolivia ponía en los gasoductos, entre 27 y 32 millones fuesen hacia San Pablo, que 7,7 millones vinieran hacia la Argentina y que quedara para el uso boliviano alguna diferencia, de los cuáles unos 2 millones se pierden en inyección y transporte. Hoy, la fragilidad de la situación muestra que la Argentina recibe no más de 3 millones al día -y en descenso- y que las diferencias son consumidas internamente por Bolivia, ecuación que se va a agravar sustancialmente hacia los meses de julio y agosto.
Como en una mesa de póquer non sancto, cada uno de los presidentes pareció guardarse algunas cartas en la manga para negociar mejor. Brasil sospecha que la Argentina -la más perjudicada, al quedar como el jamón del sándwich- le pidió a Bolivia que saque el tema de la redistribución para rebanarle una porción de su gas. Lo que menos querría Lula por estos días es retacearle a los industriales paulistas tan vital elemento y que se estanque el crecimiento. "En Brasil no manda el Presidente, manda Itamaraty (la Cancillería)", suele decirse y el crecimiento es una razón de Estado que ningún presidente se atrevería a vulnerar.
Por eso, el titular de Petrobras sugirió ayudar de modo indirecto con el aumento de la venta de electricidad, ya que la Argentina es gas-dependiente, sobre todo porque el 50% del fluido se usa para hacer funcionar las centrales eléctricas. Este año algo más se va a necesitar, si en verdad comienzan a funcionar las dos centrales nuevas que se construyen en Campana y Timbúes (Santa Fe). Los expertos dicen que sin Bolivia sólo queda rezar en el invierno, al menos hasta que se avance en la construcción de plantas de regasificación de GNL, gas traído en estado líquido en barcos metaneros, ya sea en Bahía Blanca o en Montevideo, en la que también desea morder Brasil.
Objetivamente, Lula parece haber tenido razón en sus prevenciones, ya que en la reunión que tuvieron (y promocionaron como de "estrategias conjuntas", para que se enteren los brasileños) el ministro boliviano de Hidrocarburos, Carlos Villegas, y Julio De Vido, se hizo trascender (con foto de hombro con hombro incluida) que el funcionario ya le había adelantado al argentino la prioridad del consumo interno, por delante de los mercados de exportación.
También le recordó que el año pasado hubo tres descubrimientos importantes en pozos que operan Repsol, Pluspetrol y Chaco y se sabe que las autoridades bolivianas les han pedido a las empresas celeridad en el tendido de ductos, para que ese gas ingrese al mercado. Sin embargo, Bolivia aún no explica cómo hará para asegurarle a la Argentina los 27,7 millones de metros cúbicos al día, cuando en 2010 esté construido, por fin, el Gasoducto del Noroeste (GNEA).
Más allá de las demoras en que ha incurrido la Argentina con este caño vital, la gran duda es saber si el día en que esté operativo el gasoducto habrá gas para llenarlo. Los expertos suponen que si el proceso boliviano sigue condicionado, a falta de privados, Brasil y la Argentina deberán preocuparse para hacer las inversiones que ambos necesitan para sacar el gas. Y Morales lo sabe (es su carta) y quizás lo deslizó en la reunión.
Igualmente, cuando las cosas terminan en una Comisión Técnica o un "Grupo Coordinador" es más que seguro que ha sido difícil llegar a un acuerdo desde la política y que la solidaridad mercosuriana se terminó en las sonrisas y en los discursos del viernes entre Lula y Cristina. No hay que ser muy perspicaz para observar que, con la dilación que se encargará de llevar hacia adelante, tal cual es su estilo, Brasil ha buscado mantener el statu quo y ha partido en punta en la puja por tan preciado recurso.
Segundo póquer
Esta semana, pero ya localmente, se jugó un segundo póquer, entre el Gobierno nacional y el sindicato de camioneros, como principio de lo que el gobierno nacional imagina como final feliz en materia de paritarias, inducidos por el peso que en este tema tuvo Martín Lousteau. Hoy, el ministro de Economía apunta las coordenadas fiscales, una forma de comenzar a asumirla, a moderar hacia el segundo semestre una inflación que ahora se estima, a los efectos de los cálculos, en un 20%, por la vía de hacer un mayor esfuerzo del Tesoro en la compra de dólares y evitar la expansión monetaria del Banco Central. Idéntica postura tuvieron economistas alineados con el oficialismo, quienes ahora hasta están dispuestos a tragarse el sapo de usar algunas recetas ortodoxas para enfriar los índices de precios. Igualmente, los disimulos en esta materia estuvieron a la orden del día, ya que los porcentajes tuvieron difusión rápida para marcar un tope de referencia en el gremio de Hugo Moyano -aunque el 19,5% se reparte en el tiempo- mientras que la letra chica de adicionales fijos o de aportes extra para los dueños de los vehículos quedaron en la nebulosa. En tanto, el resto de los gremios dice que el porcentaje "no es un techo".
Sin embargo, ya había cierta aceleración de comportamientos preventivos, porque los precios pegan fuerte en los bolsillos y la inflación que mide el Indec y hasta los sólidos fundamentos de la economía ya resultan datos menores para el grueso de la gente. El trasfondo del apuro por marcar una tendencia salarial pasó indudablemente por la dinámica que ha tomado la cuestión inflacionaria, celeridad de expectativas que el anuncio de los camioneros parece haber exacerbado, antes que aplacado, en materia de traslado preventivo a precios.
Tercer póquer
Otro juego de cartas, éste más dramático, se dio el viernes entre el Gobierno porteño y el nacional, a la hora de desalojar de mala manera a un grupo de cartoneros que, ocupando el espacio público y a riesgo de su vida, estaban a la vera de las vías del ferrocarril Mitre, en Barrancas de Belgrano. En la ocasión, la picardía del gobierno nacional dejó desairada a la gente de Mauricio Macri, la que aún no se explica cómo, teniendo casi todos los naipes a su favor, perdió la partida mediática.
Un legislador nacional del PRO marcaba que el único punto a achacársele al gobierno porteño había sido la decisión de terminar con la ocupación, pero que todo lo más grave había estado en cabeza de la Nación: "ellos manejan la Policía y, si hubo represión, la culpa es de Aníbal Fernández". "Además, TBA no quiere poner el tren blanco y depender de Ricardo Jaime; nunca, ni Ibarra ni Telerman organizaron un sistema para reciclar la basura; tampoco el gobierno nacional generó planes de capacitación para sacar a esta gente de la calle y reinsertarla", se quejaba.
Póquer de ases
Por último, el juego perfecto está en manos de Néstor Kirchner, dueño del mazo y repartidor de cartas: la interna del PJ le está saliendo redonda. El conduce los tiempos de la partida, pone y saca gente, asusta a unos, conforta a otros y finalmente moldea la mesa a su gusto y paladar. Hasta le ha dado a Daniel Scioli, después de hacerlo sufrir bastante, un lugar de preponderancia en la lista de congresales nacionales, aunque se verá si a la hora de la toma de decisiones tendrá algún peso.
En medio del fervor por los cargos, lo concreto es que el justicialismo avanza hacia formas orgánicas diferentes a las conocidas hasta ahora que algunos dirigentes muy cercanos al ex presidente definen como de partido "abierto, moderno e inclusivo". Sin embargo, estos adjetivos se han dado de patadas el jueves pasado con actitudes que contrastan con la grandeza de tamaño discurso.
La discriminación que los mandaderos del dueño de casa mostraron ese día contra reporteros gráficos y canales de televisión en las oficinas de Puerto Madero, eligiendo entre quienes sí y quienes no podían retratar o filmar a Néstor Kirchner junto a Daniel Scioli, resulta irritante no sólo para la prensa que no pudo ser testigo, sino también para quienes hayan creído en estos nuevos y auspiciosos códigos de apertura democrática. Y debería serlo también para el nuevo jefe del justicialismo, quien es el que ha dicho sinceramente, más de una vez, que propicia el cambio de paradigma. (DyN)







