Emprender los desafíos de la nueva escuela

Dos retos educativos del siglo XXI consisten en remontar la tiza y el pizarrón, y "desenseñarles a los chicos a estudiar de memoria", opina la pedagoga Silvina Gvirtz. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA

23 Febrero 2008
"El optimismo es un sentimiento bobo y trivial, pero el pesimismo convoca a la pereza intelectual. Me gusta citar a Octavio Paz, cuando dice: ?yo prefiero la esperanza?". Tal la síntesis de la cita del filosofo Oscar Terán con la que ayer cerró la pedagoga Silvina Gvirtz un seminario en el que se intentó responder a la pregunta acerca de cuáles son las condiciones que hacen a la nueva escuela del siglo XXI.
Gvirtz, una destacada experta en su disciplina, dirige la Escuela de Educación de la Universidad San Andrés, y vino a Tucumán invitada por la UDT. El marco fue un bienvenido ciclo de capacitación que habría merecido una asistencia mayor por parte de las (y los) docentes, gremio que, por lo general, y siguiendo la categoría del filósofo Terán, milita más en las filas del pesimismo que en las del optimismo, con todo lo que la definición conlleva. En cambio, los que asistieron se llevaron a sus casas la sensación de que el próximo 3 de marzo, si no hay paros mediante, volverán al aula con la exigencia de acercar ideas renovadas. Ocurre Gvirtz propone sacudir los viejos conceptos de la maestra "a lo Gasalla", que han reproducido una cultura escolar que ensalza la memoria como herramienta de estudio y que define las relaciones sociales de una comunidad con impronta autoritaria, en una época que se mueve en redes. No lo dijo, pero quedó como mensaje tácito para maestros y maestras el desafío de guardar en el desván la tiza y el pizarrón, para inventar nuevos recursos didácticos. Claro está que todo aquello resulta más fácil si el contexto garantiza escuelas confortables, tecnología, conectividad y bibliotecas generosas y actualizadas, algo que en Tucumán sigue siendo una "esperanza", sin desmerecer la cantidad de programas de infraestructura y de igualdad educativa que están en ejecución.
"El siglo XIX -afirmó- fue el siglo de la pizarra. Aprender de memoria era socialmente significativo, porque no había capacidad de almacenar información. Hoy, la palabra del profesor y el texto escrito ya no son el soporte exclusivo de la comunicación educativa".
Pero no sólo los docentes cayeron en el cepo. Gvirtz opina que la Nueva escuela del siglo XXI- una escuela inclusiva- necesita de un cambio en las formas pedagógicas, tanto en sus aspectos organizativos e institucionales como en el énfasis del espacio educativo como ámbito que fomente la mirada crítica en el chico.
A diferencia de los años 90, década en la que la palabra "gestión" se vinculaba más con el acervo empresario, Gvirtz le aporta a ese término la connotación política. Pero va más al fondo, y apela a "empezar a construir micropolíticas en cada escuela", y a seguir de cerca los indicadores internos de cada organización (matrícula, relación entre ingresantes y graduados, porcentajes de abandono, sobre edad, repitencia, entre otros factores). Esa propuesta es desafiante para la cultura argentina, porque: 1) implica para el docente y para el directivo asumir el hábito de ser evaluado y de autoevaluarse; 2) implica entender también que cada escuela, cada director, tiene su cuota de responsabilidad en el fracaso o en el éxito de un chico en su travesía escolar.
Aunque en su intervención se cuidó de no ejemplificar con datos de Tucumán, Gvirtz se mostró preocupada por los altos índices de repitencia que se observan en la provincia."Mientras que 23 de cada 100 chicos pobres repiten el grado, en el caso de los chicos sin problemas económicos ese porcentaje es de 4,5 a 100", expresa la directiva de la Universidad San Andrés. Ella opina que repetir el grado no es una estrategia adecuada, y que en ese aspecto -más que en otros, tal vez-, la escuela y el docente deben tomarse el trabajo de revisar los modos de enseñar, los modos de evaluar y los modos de aprender. Pero ello requiere abandonar esa pereza intelectual tan propia de los pesimistas.

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