Necesidad de diálogo y de comunicación

19 Febrero 2008
Entre las condiciones fundamentales de la organización democrática, el diálogo y el respeto de la diversidad de opiniones, así como el disenso y el acuerdo, hacen posible la comunidad pluralista. Nadie puede disponer de toda la verdad cuando se trata de los problemas básicos de la sociedad, que, por su naturaleza, requieren de la cooperación de todos. De modo que actitudes excluyentes que tratan de imponer sus criterios sobre problemas comunes afectan aquellas condiciones esenciales.
Entre las huellas dejadas por la crisis en la vida pública de los argentinos, la incomunicación entre representantes y representados se manifiesta con más clara evidencia y genera limitaciones más crecientes conforme se eleva el rango de las dirigencias. Para colmo, las disidencias entre ellas dan lugar a discusiones crispadas, generalmente  a través de los medios de comunicación, que, por su parte, carecen del acceso indispensable a las fuentes de información.
En consecuencia, las llamadas políticas de Estado de largo plazo, concebidas para su continuidad en el tiempo más allá de los relevos en el Gobierno, carecen frecuentemente de la condición mínima que requieren: la confianza para comprometer intereses con el país.
El poder político, a pesar del relevo presidencial, no ha producido, en dos meses de gestión, hechos que marquen un rumbo de diálogo con quienes no comparten a priori sus ideas ni sus directivas; por el contrario, es frecuente que los más altos funcionarios y dirigentes de la oposición mantengan diatribas hasta el agravio. Ni siquiera el ámbito parlamentario del Congreso es el recinto adecuado del debate para el acuerdo, dadas las limitaciones que le ha impuesto la política de superpoderes concedida por las mayorías adictas de ambas cámaras, mayorías reforzadas mediante una gran cooptación entre opositores que dependen de los recursos del poder central, debido a que el país carece de un régimen adecuado de coparticipación federal de impuestos.
En oportunidad de un seminario organizado entre la Corte Suprema de Justicia de la Nación y la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas, el presidente del máximo tribunal, Ricardo Lorenzetti, sostuvo que la prensa y el sistema judicial deben transitar una senda común para garantizar la libertad de expresión, la comunicación con la sociedad y una labor independiente de presiones partidarias o sectoriales, e hizo hincapié en la vinculación entre la democracia y el diálogo.
A propósito de las inquietudes sobre las carencias de convivencia política, han sido muy oportunas las recientes manifestaciones de la presidenta, Cristina Kirchner, en Córdoba, donde señaló que la ciudadanía no vota para que se enfrenten ganadores y perdedores. “Nos votan para que, con el esfuerzo conjunto, saquemos a la Argentina adelante, esforzándonos - agregó- para superar diferencias y dejar atrás agravios, pues por el bien del pueblo se han saldado las disputas”.
La Presidenta puso esa provincia como ejemplo para todo el país. Pero es de desear que también lo sea para el poder central, donde el extremo presidencialismo reduce el diálogo; la incomunicación es parte de un estilo de gestión que se replica en sectores de la oposición política, y se desconoce a la prensa el rol que la Constitución le asigna al establecer su libertad y prohibiendo que se reglamente su ejercicio. Esas exhortaciones presidenciales, de ser genuinas y sinceras, pueden augurar un cambio de rumbo que recuperen para la República valores tan esenciales como los que se hallan en crisis.

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