Responsabilidades compartidas
El manejo del sector azucarero está en manos de un selecto grupo de propietarios de ingenios. Los cañeros acatan. En el medio, los precios no logran tonificarse. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.
18 Febrero 2008 Seguir en 
En la actividad azucarera argentina coexisten dos grupos bien diferenciados, casi como castas, que viven realidades muy disímiles. Ambos asientan sus economías en la venta del azúcar, aunque sólo uno de ellos se favorece, además, con la comercialización del alcohol y de otros subproductos de la caña. Unos forman parte de la “elite” azucarera tradicional, que toma las decisiones sectoriales, mientras que los otros acatan las políticas que los primeros disponen, aunque estas convengan solamente a una parte de la generalidad. Justamente ahora, los que deciden venden el azúcar a $ 70 la bolsa de 50 kilos, mientras que los otros apenas arañan los $ 63. Dos tercios del azúcar que se elabora en el país -2,05 millones de toneladas en la zafra 2007- es manejado por tres o cuatro grupos económicos, que conforman la crema y nata de la industria azucarera argentina. El tercio restante queda en poder de industriales de baja escala y de unos 5.000 cañeros, el 99% de los cuales habita en Tucumán. Sólo un 1% de los productores de caña tiene base en las provincias del “Norte” azucarero (Jujuy y Salta), donde la mayor parte de la materia prima pertenece a los ingenios.
Los dos grupos que conforman la actividad azucarera argentina se llevan de maravillas cuando los negocios marchan bien. Se elogian unos a otros y gustan de mencionar la palabra “madurez” cuando tienen que definir el estado evolutivo del sector. En las malas, cuando caen los precios del azúcar en el mercado interno -como sucede en la actualidad-, los industriales responsabilizan a los cañeros porque supuestamente estos venden sin controles su producto, mientras que los agricultores dejan ver que no poseen un peso económico que sea desequilibrante del mercado. La verdad -según afirman los factores- es que el problema se origina, en parte, porque los cañeros no tienen otra forma de financiarse si no es a través de la comercialización de su azúcar, pero también porque los grandes operadores venden. Entonces, las responsabilidades son compartidas, lo que permite que ambos grupos puedan acusarse mutuamente por los desaguisados que ocurren.
En las reuniones “ultrasecretas” que la semana pasada mantuvieron los principales industriales azucareros argentinos en Buenos Aires, se afianzó la idea de que el azúcar de los cañeros atenta contra lo que sería un saludable equilibrio en el mercado interno del producto. Es por eso que los grandes empresarios resolvieron salir a comprar parte del azúcar barato de los agricultores, a un peso más que el precio que estos venían percibiendo, con la idea de ir recomponiendo este valor en forma gradual. Esta medida parece ser estrictamente coyuntural y que no responde a una estrategia seria de un sector que no debería estar padeciendo problemas de sobreoferta en los meses de verano, y más aún si tuvo que soportar una fuerte caída en sus expectativas de producción de azúcar, como ocurrió tras las intensas heladas de 2007.
Los cañeros piden que se establezca un ordenamiento en la actividad, que transparente los parámetros que los ingenios utilizan para determinar los niveles sacarinos en la caña, pero todavía no logran que esta idea “prenda” en la industria. También reclaman más diálogo y participación en la toma de decisiones, ya que se sienten parte del negocio. En lugar de eso, son “atendidos” cada cierta cantidad de meses por los dueños de las fábricas, quienes a menudo los convocan para comentarles las medidas que ya fueron tomadas.
Eso sí: algunos industriales no toleran críticas, ni que se cuestione su rol conductor de una actividad productiva que es la base de la generación de la riqueza de tres provincias, incluida Tucumán, donde cerca del 30% de la población se encuentra por debajo de la línea de pobreza. Se sienten orgullosos de haber logrado los favores del Gobierno nacional para que mantenga la protección arancelaria al azúcar argentino en el Mercosur y para que el producto no sea objeto de retenciones. En sus consideraciones, estos logros son mucho más relevantes que el hecho de que el precio del azúcar en góndola haya quedado muy relegado frente al resto de los artículos de la canasta alimentaria, que fueron amoldándose a la realidad inflacionaria del país, y no a los fallidos números que difunde el Indec.
No se llevan muy bien los dos grupos que integran el sector azucarero argentino, a poco del inicio de la zafra 2008, que comenzará con un escenario desafavorable para colocar excedentes en el mercado externo y con la consecuente posibilidad de que la oferta de azúcar supere a la demanda en la plaza interna.







