Filipinas, un paraíso turístico en crisis

Por Raju Gopalakrishnan - Columnista de la agencia Reuters.

17 Febrero 2008
El paraíso está llenándose de gente. El año pasado llegaron unos 600.000 turistas a Boracay, en el centro de Filipinas, considerado uno de los mejores destinos vacacionales del mundo, y nadaron, comieron y durmieron en una isla que sólo tiene unos 18.000 residentes permanentes.
El número de visitantes que llegará este año debería ascender a 670.000 y, a partir de la construcción de más y más hoteles y centros turísticos para satisfacer la demanda, la presión sobre la infraestructura de la isla está en aumento. La única calle angosta que recorre la extensión de Boracay está repleta. Los caños de desagüe llevan la crecida hacia la playa y los tanques de agua de los hoteles repentinamente se secan. Unas 10 toneladas de basura deben ser tratadas y desechadas a diario. “La congestión y el crecimiento desmedido causaron revuelo”, dijo David Light, un actor estadounidense retirado que viaja a Boracay a practicar windsurf desde 1991. “Era un entorno prístino y natural y odié verlo cambiar, pero sucedió”, agregó.
Hace tres décadas, Boracay era el legendario destino secreto para una generación de mochileros: bastante desierto, con playas estupendas, unas pocas chozas y sólo instalaciones básicas. Ahora hay más de 150 hoteles y restaurantes apiñados a lo largo de los 5 kilómetros de White Beach, reconocida por su arena suave y el azul claro del agua. Otras partes de la isla se ven menos abarrotadas pero pueden estar en camino.
El gobierno, preocupado porque las joyas de la corona de sus prospectos de turismo están deteriorándose, procura tomar cartas en el asunto, pero con un éxito limitado. El secretario de Medio Ambiente, Lito Atienza, anunció en agosto una veda a la construcción en Boracay, pero no se implementó hasta enero y sólo fue vigente para nuevos proyectos. La moratoria regirá al menos hasta julio. Para entonces estará implementado el plan maestro para el desarrollo de la isla. “Siento que la isla es muy frágil”, dijo Loubell Cann, presidenta de la Fundación Boracay, una asociación local de comercio. “No sé cuánto pueda tolerar la isla en términos de capacidad física. Nosotros hacemos presión para que al menos estudiemos estas cosas. No se puede construir, construir y construir”, sostuvo.
A pesar de la moratoria, han permitido que se terminen unos 100 comercios, hoteles y restaurantes inconclusos -aún se escucha por toda la isla el ruido de martillos, excavadoras y sierras eléctricas. Los permisos incluyen un centro turístico de lujo de 183 habitaciones construido por Shangri-La, al norte de White Beach. El hotel costará 100 millones de dólares y tendrá en oferta habitaciones a partir de los 500 dólares la noche. Se espera su inaugura- ción para noviembre de este año.
Cerca de allí, una ladera es excavada para construir el centro turístico Alta Vista, mientras al otro lado de la calle están edificando las dependencias de servicio del Shangri-La. Sin embargo, no disminuye el número de botes llenos de turistas que cruzan por el día desde la principal isla de Panay. White Beach, a pesar de las multitudes, está limpia, y todos los edificios tienen una altura máxima de dos pisos, más bajos que los cocoteros que adornan la arena. A diferencia de las playas en otras partes del mundo, esta permanece segura por las noches y no hay signos manifiestos de criminalidad o tráfico de drogas. “Es lindo y se vive tranquilo”, dijo Roger Mestric, un francés de Nantes que siempre veranea en Filipinas.
El gobierno y los propietarios de los centros turísticos, según los residentes, deben encontrar el equilibrio entre controlar la expansión, la provisión de infraestructura, la oferta de instalaciones y la conservación de parte del encanto místico de la isla.

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