Una postal
En materia de turismo Tucumán está en cero, según se admite desde esferas oficiales. Y, aunque se hacen cosas para cambiar, faltan coordinación y criterio. Por Carlos Werner - Redacción LA GACETA.
17 Febrero 2008 Seguir en 
Como la ruta que une Tafí del Valle con Amaicha está el turismo en Tucumán. Como el solitario El Cadillal, el olvidado Escaba, el errático San Javier, el aburrido Luz y Sonido de la Casa Histórica. “Es desesperante: si me juego por ir a la Quebrada de Lules, a Raco o a Ticucho, los bichos me llevan alzando. Y si pienso en ir a Cochuna, Los Pizarro o Villa Padre Monti, primero tengo que rogar que estén transitables los caminos. Al final, prefiero quedarme en casa”, opina Patricio enojado, en rueda de amigos. Sebastián asiente y exclama: “¡decí que al menos el presidente del Ente de Turismo confesó que estamos en cero en la materia! No es mucho, pero es un avance”. Tafí del Valle parece ser el único sitio apropiado (y preparado) para recibir a visitantes. Pero, a no confiarse: antes hay que mirar el cielo y esperar a que no llueva, no vaya a ser cosa que ¡paf!, la ruta 307 se corte (mientras obras como las de la Quebrada del Portugués y de Huanlinchay tienen menos futuro que una compañía de seguros en Irak).“Cuando voy a El Mollar en carpa me cortan el agua. Otra vez viajé con mi familia a San Pedro de Colalao en enero y tuve que lidiar con chicas y muchachos con más de un fernet encima. O estoy de socio con la desgracia o esto es un desastre”, reflexionó Pablo. Y Constanza le puso más leña al fuego: “en Quilmes hubo piquetes; para la fiesta de la Pachamama se armó un encuentro ‘oficial’ y otro de la ‘resistencia’. ¿Acaso el turismo tiene internas?”
Ya nadie puede defender la postura que sólo con tener lindos paisajes, comidas típicas y un hotel cercano alcanza. Turismo es hoy una palabra de alcances amplios que involucra la generosa cantidad de vuelos y servicios de ómnibus; las ofertas adecuadas en gastronomía y entretenimiento; la variedad y calidad de alojamientos, las buenas rutas. Pero también se seducen visitantes con la limpieza y el orden, con los precios, ¡con la gentileza de la gente!
“Cuando salgo de Tucumán es como si fuera a otro mundo. En Salta, en Misiones, en Córdoba, en Mendoza, el turista se siente respetado, mimado diría” opina Juan. “Yo pienso igual”, acota Alejandro. “Adonde vayás en provincias como esas hay un ‘buen día’ en los negocios y no caras de o...gro. Si le preguntás a un policía por alguna dirección, te guía correctamente. Y si igual te perdiste, los carteles te llevan a destino. Yo el otro día di vueltas como en una calesita en la rotonda de Famaillá hasta que encontré de noche la ruta que va a Lules”, se quejó.
Desde el sector oficial se alienta a que quien tenga ideas se acerque a los organismos correspondientes y las ponga en consideración. Desde el privado, se avanza en lo que se puede. Pero el tufillo a improvisación y a falta de criterio ya lleva años. Y hay que aguantarlo, entre el calor y la humedad del verano y el esmog y la tierra suspendida del invierno.
“La indecisión sobre qué tipo de turismo se quiere explotar mata la vaca antes de que dé leche. Hablan del histórico, del de aventura, apuntan al Camino del Azúcar, a las yungas”, se lamenta Sol. Maximiliano la apuntala: “me sobran los dedos de una mano para encontrar sitios que pueda aconsejar a mis amigos de afuera para visitar. Y como tucumano eso me duele. Termino creyendo lo que muchos me dicen: ‘Tucumán es sólo una postal”. Entre el hotel cinco estrellas que se gestiona instalar, el proyecto del túnel en el camino a Tafí, la aerosilla a San Javier, la revalorización de El Cadillal, las gestiones por más vuelos y un sin fin más de planes, uno puede llegar a pensar que algo podría cambiar. Pero hoy, aquí y ahora, lo cierto es que Tucumán es lugar de paso para turistas ya no gasoleros, sino a GNC. Para ellos, los atractivos de la provincia se agotan en pocas horas. Mal que nos pese.







