Si no son sostenibles, los proyectos naufragan
En Tucumán hay una importante masa crítica para la transferencia tecnológica, pero cualquier iniciativa requiere de una normativa que se sostenga en el tiempo. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA
16 Febrero 2008 Seguir en 
Las autoridades de la UNT y las del Conicet están entusiasmadas con la puesta en marcha de un Centro Científico Tecnológico en El Manantial. Allí confluiría la importante masa crítica que hace investigación en Tucumán. Ayer, representantes de ambos organismos le mostraron al ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, el proyecto y demás avances del complejo, para el que se estima una inversión de $ 60 millones, de la Nación. La visita a Barañao tuvo un doble motivo: hasta ahora, las negociaciones para esa obra pasaban por el Ministerio de Planificación Federal, que comanda Julio de Vido. Con seguridad, el manejo de los fondos seguirá en esas manos. Pero la novedad es que con la gestión Cristina se ha sumado un nuevo jugador, el ministro de Ciencia, y el proyecto en cuestión es específico del área.
¿Por qué importa la conformación de un Centro Científico Tecnológico? La primera respuesta es que ese tipo de complejos permite racionalizar esfuerzos, insumos y tecnología que hasta ahora están dispersos en distintos organismos del Conicet en Tucumán, y en las unidades académicas, institutos y laboratorios de investigación de la UNT. La concentración de esa masa crítica también permite -y ese punto es central en el siglo XXI, cuando las fronteras de las diversas ciencias parecen borrarse- una tarea multidisciplinaria, un intercambio de saberes y de puntos de vista.
En el proyecto de un Centro Científico Tecnológico participan dos actores: la UNT y el Conicet. Hasta ahí, la propuesta apunta a robustecer la circulación de la investigación. Pero hay un segundo salto cualitativo, el de la transferencia científica y tecnológica. Eso no puede concretarse sin otros dos actores: el Estado provincial y los emprendedores, los empresarios , los productores, la iniciativa privada. El proyecto que empieza a tomar forma en El Manantial prevé esa incorporación en una segunda etapa, vía un Polo Tecnológico, que contempla figuras como las incubadoras de empresas.
La interlocutora por la Provincia es la secretaria de Ciencia y Tecnología, Rita Wasserman de Cunio, que diseñó el convenio tripartito para la elaboración de propuestas y de normativas que ya firmaron el presidente del Conicet, Eduardo Charreau, y el rector de la UNT, Juan Cerisola, pero no el gobernador José Alperovich.
Es probable que se aproveche la visita de Barañao a Tucumán, el próximo 27, invitado por la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Provincia, para que el gobernador estampe su firma en un escenario protocolar y público.
Cuando hay una relación crispada entre Alperovich y parte de la clase media (a causa de la discusión por el patrimonio y por la apelación al fallo judicial respecto a inconstitucionalidad de la Reforma), la decisión política de conformar un polo tecnológico suena más que interesante.
Pero la cristalización de un emprendimiento de ese tipo no es sólo una cuestión de papeles. Conocedores de experiencias de este tipo, como el actual director del CCT, Faustino Siñeriz, y la secretaria de Ciencia de la Provincia, reconocen que el país está lleno de polos tecnológicos que en los hechos han fracasado.
"Para que un emprendimiento de ese tipo sea exitoso, se necesita institucionalidad y sustentabilidad", afirma Wasserman, que mucho sabe de gestión en Ciencia y Técnica. Es probable que mientras lo dice se imagine la multiplicación de experiencias exitosas como la del yogurt probiótico; o que trate de indagar cómo hacen Santiago del Estero o Córdoba para atraer inversiones en áreas que tientan al gobernador, como el desarrollo de software. Las respuestas, en esos casos, pueden estar en las leyes provinciales de fomento a la inversión, como la que impulsó en Tucumán Fernando Juri, y que cayó en el fuego cruzado de la interna peronista. Es probable que la respuesta esté en esos conceptos: "institucionalidad y sustentabilidad". Términos ambos a los que Alperovich, acostumbrado a negociar "a la carta", y según la cara del cliente, todavía se resiste a incorporar en su diccionario.
NOTICIAS RELACIONADAS







