13 Febrero 2008 Seguir en 
Entre las vías de comunicación más utilizadas dentro de las existentes en el territorio de nuestra provincia ocupa un lugar saliente la autopista Tucumán-Famaillá. Que es una autopista relativamente, ya que, como se sabe, sólo un breve tramo tiene ese carácter, mientras que el resto constituye una simple una carretera de doble dirección. Es igualmente conocido que se están realizando los trabajos de construcción de la otra mano, de modo que cuando estos concluyan, recién se podrá hablar en propiedad de una autopista. Pero, mientras tanto, la vía es enormemente utilizada, especialmente durante la temporada veraniega, por la gran cantidad de automotores del porte más variado que la recorren de ida y vuelta como camino de acceso a la zona de los Valles Calchaquíes.
Nos parece que tal situación torna doblemente necesario que, mientras se realizan los bienvenidos trabajos de construcción de la otra calzada, se adopten medidas para que la carretera no esté plagada, como hasta ahora, de evidentes factores de peligro para quienes por allí circulan. Hace pocos días (ver LA GACETA del miércoles 6) se produjo un accidente, cuando un vehículo que salía de un camino vecinal chocó con otro que se desplazaba por la vía principal. Es sólo una muestra de lo que puede ocurrir mientras reinen las condiciones actuales de esa vía.
En primer lugar, el tramo propiamente de autopista necesita con urgencia una división física entre ambas calzadas, requisito básico en todas las autopistas del mundo. Como es obvio, tiene la finalidad de que ningún conductor pueda cruzar y cambiarse de carril: para esa maniobra debe utilizar forzosamente los puentes. En nuestra autopista esa división nunca fue colocada; los carriles están separados por un pequeño terraplén, en el que las marcas de las ruedas sirven como prueba de la frecuencia con que se realiza la peligrosa maniobra. Parece ocioso comentar el peligro que esto significa. La división física resulta, así, urgente. Debe hacerse con guardrails metálicos o, hasta que se cuente con ellos, con algún tipo de obstáculo dotado de la entidad suficiente como para impedir la arriesgada maniobra que criticamos.
La señalización merece otros párrafos. Es gravemente defectuosa en el punto en el que la autopista se convierte en carretera de doble mano. Piénsese que, si quienes van con dirección a Tucumán no conocen tal modificación, pueden chocar de frente con los que se dirigen hacia el sur. En los días de lluvia o con bruma, el riesgo se multiplica de modo exponencial. Parece imprescindible que, varios metros antes, se coloquen advertencias lo suficientemente visibles acerca de la novedad en los carriles, incluyendo carteles con pintura reflectante sobre el pavimento.
También deja mucho que desear la señalización en los lugares de accesos alternativos. No se han colocado anuncios previos, ni tiene la visibilidad adecuada. Esto lleva a muchos automovilistas, sobre todo a los que no utilizan habitualmente la carretera, a equivocar de rumbo.
Asimismo, no puede dejar de deplorarse la oscuridad general de la autopista, como también la falta de la vigilancia policial conveniente durante toda la jornada.
No es la primera vez que hacemos notar esta seria deficiencia de seguridad. Tiempo atrás, se informó que agentes en motocicletas efectuarían periódicas y constantes recorridas de control. Hay que decir que no se advierte que se haya puesto en práctica de manera eficiente esa medida. Son varios kilómetros de tránsito intenso y muy rápido, que no pueden quedar al margen de un mínimo control para asegurar la seguridad. Es un tema que merece, pensamos, la inmediata preocupación de las autoridades.
Nos parece que tal situación torna doblemente necesario que, mientras se realizan los bienvenidos trabajos de construcción de la otra calzada, se adopten medidas para que la carretera no esté plagada, como hasta ahora, de evidentes factores de peligro para quienes por allí circulan. Hace pocos días (ver LA GACETA del miércoles 6) se produjo un accidente, cuando un vehículo que salía de un camino vecinal chocó con otro que se desplazaba por la vía principal. Es sólo una muestra de lo que puede ocurrir mientras reinen las condiciones actuales de esa vía.
En primer lugar, el tramo propiamente de autopista necesita con urgencia una división física entre ambas calzadas, requisito básico en todas las autopistas del mundo. Como es obvio, tiene la finalidad de que ningún conductor pueda cruzar y cambiarse de carril: para esa maniobra debe utilizar forzosamente los puentes. En nuestra autopista esa división nunca fue colocada; los carriles están separados por un pequeño terraplén, en el que las marcas de las ruedas sirven como prueba de la frecuencia con que se realiza la peligrosa maniobra. Parece ocioso comentar el peligro que esto significa. La división física resulta, así, urgente. Debe hacerse con guardrails metálicos o, hasta que se cuente con ellos, con algún tipo de obstáculo dotado de la entidad suficiente como para impedir la arriesgada maniobra que criticamos.
La señalización merece otros párrafos. Es gravemente defectuosa en el punto en el que la autopista se convierte en carretera de doble mano. Piénsese que, si quienes van con dirección a Tucumán no conocen tal modificación, pueden chocar de frente con los que se dirigen hacia el sur. En los días de lluvia o con bruma, el riesgo se multiplica de modo exponencial. Parece imprescindible que, varios metros antes, se coloquen advertencias lo suficientemente visibles acerca de la novedad en los carriles, incluyendo carteles con pintura reflectante sobre el pavimento.
También deja mucho que desear la señalización en los lugares de accesos alternativos. No se han colocado anuncios previos, ni tiene la visibilidad adecuada. Esto lleva a muchos automovilistas, sobre todo a los que no utilizan habitualmente la carretera, a equivocar de rumbo.
Asimismo, no puede dejar de deplorarse la oscuridad general de la autopista, como también la falta de la vigilancia policial conveniente durante toda la jornada.
No es la primera vez que hacemos notar esta seria deficiencia de seguridad. Tiempo atrás, se informó que agentes en motocicletas efectuarían periódicas y constantes recorridas de control. Hay que decir que no se advierte que se haya puesto en práctica de manera eficiente esa medida. Son varios kilómetros de tránsito intenso y muy rápido, que no pueden quedar al margen de un mínimo control para asegurar la seguridad. Es un tema que merece, pensamos, la inmediata preocupación de las autoridades.







