La alarmante escasez de vuelos hacia Tucumán

10 Febrero 2008
La frecuencia de vuelos hacia nuestra provincia es exactamente de 16 por semana. En tanto, Salta cuenta con 42 en el mismo lapso. El dato no puede ser más negativo y deprimente para nuestro territorio, en innumerables aspectos. Suena a ironía recordar que hace cuatro años (ver LA GACETA del 6 de mayo de 2004), el presidente de Aeropuertos Argentina 2000 declaraba, con entusiasmo, que la estación aérea tucumana “debería ser un eje turístico dentro de la región, y no me refiero al NOA sino a toda el área que abarcan el norte argentino y el sur del Perú, de Bolivia y de Paraguay”.
Evidentemente, en los días que corren, las empresas de vuelo han resuelto pasar por alto a Tucumán, y considerar a Salta el verdadero eje de la región. Esto a pesar de que, de acuerdo con el último censo, en apenas 22.000 km2 de Tucumán habitan 1.339.000 habitantes, mientras los vecinos, en 155.400 kilómetros, llegan a 1.080.000. Y que de ninguna manera nos aventajan en vida comercial, en vida cultural y en atractivos turísticos de paisaje, clima y hotelería. Pero, al parecer, por razones que ignoramos no se lo considera rentable a Tucumán.
Es innecesario comentar los enormes perjuicios que derivan de semejante tesitura. Para nadie es un secreto que, desde hace ya muchos años, el transporte aéreo ha dejado de ser un lujo para convertirse en un medio imprescindible, que es utilizado por una gran mayoría de los sectores de la sociedad para las finalidades más diversas. La alarmante escasez de vuelos repercute seriamente en el comercio, en la industria, en el turismo y en la vida cotidiana de los habitantes.
Viajar en avión desde el aeropuerto Benjamín Matienzo se ha convertido en una ardua gestión. La gente opta por otros medios de transporte, y hay quienes resuelven viajar a Salta, donde tienen mayores posibilidades de embarque. Sabemos que se realizan gestiones desde el ámbito oficial, y que también las lleva a cabo el sector corporativo de empresarios, comerciantes y políticos. Pero aparece evidente que esas diligencias no tienen ni la agilidad ni la eficacia que debieran. Es un problema que viene de lejos.
Hace dos años, en LA GACETA del 27 de enero de 2006 se deploraba que el número de vuelos, desde ese mes de diciembre, se había reducido de 31 a 18 semanales.
No podemos admitir que Tucumán continúe con esta veloz pérdida del espacio que le corresponde. En la actualidad, una provincia que no tenga la suficiente frecuencia de vuelos, queda directamente marginada de las exigencias de la vida moderna. Esto es una realidad que no admite dos opiniones.
Creemos entonces que la cuestión debe incluirse, urgentemente, entre las prioritarias de la agenda del Estado provincial, y también de los factores del comercio, de la industria, de la producción y, por cierto, del turismo. La voz debe hacerse oír en la Capital Federal, donde realmente se deciden las cosas, con la fuerza suficiente como para revertir una situación a todas luces tan injustificada como perjudicial. Esto quiere decir que las gestiones a las que nos referíamos arriba deben desarrollarse con mucha mayor decisión e intensidad, utilizando los argumentos -que nos sobran- para que las líneas aéreas consideren a Tucumán un polo por lo menos tan rentable como la vecina Salta.
No es la primera vez que esta columna ha subrayado como acuciante la referida exigencia. Por cierto que, al mismo tiempo, las autoridades tucumanas deberán realizar una profunda autocrítica, que permita establecer las acciones que también deben llevarse a cabo desde aquí, para satisfacer esos requerimientos de rentabilidad que las empresas de vuelo consideran insuficientes.

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