La hora decisiva con el Fondo Monetario
El organismo financiero informó al Gobierno que no cuenta con datos sobre la marcha de la economía argentina. El Ejecutivo se mantiene firme en no permitir auditorías. Por Angel Anaya - Columnista.
09 Febrero 2008 Seguir en 
Buenos Aires.- No una, sino dos, han sido las comunicaciones formales -la última a mediados de enero- que el Fondo Monetario Internacional envió al Gobierno nacional relacionadas con la imposibilidad de acceder a datos indispensables de la economía para el informe anual que el organismo publica.Sin embargo, el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, ha dicho que no tuvo noticia alguna, a la vez que seguirán sin permitirse auditorías del organismo. La decisión oficial es contra viento y marea, aunque incumple el estatuto del Fondo, pero al que tampoco se deja de pertenecer. La consecuencia puede ser, según piensa con razón el ministro de Economía, Martín Lousteau, un informe anual donde la Argentina aparezca con referencias más próximas a los datos que manejan las consultoras privadas.
El Gobierno, como en otros casos en los que funda su gestión, prefiere postergar el análisis de esa posibilidad para cuando se concrete: ceder o abandonar el organismo.
Lo que sí es seguro es que el FMI no dejará en blanco el capítulo argentino de su informe anual, el último de los cuales todavía se apoyaba en el Indec, posteriormente intervenido. Puede afirmarse que la segunda carta y las manifestaciones de Alberto Fernández han interrumpido los sondeos con el Club de París que Lousteau comenzó, poco después de asumir, por orden del propio jefe del Gabinete.
La agenda de Malvinas
CFK solo viajaría a Londres, como se ha dicho con seguridad, si tiene la certeza de que puede plantear la agenda sobre Malvinas que deja en lugar secundario a los malvinenses: reanudación de vuelos comerciales y revisión de contratos sobre petróleo y pesca, fundamentalmente. Pero la invitación del premier Gordon Brown no es de Estado, sino de su partido, el laborista, al Foro de Líderes Progresistas.
Nuestra Cancillería tiene bien en claro el escrúpulo británico en cuanto a confundir espacios políticos. Pero aunque alguna relación privada al margen del encuentro permita mencionar la agenda Malvinas, en el gobierno kirchnerista no se tiene un conocimiento cabal que aquel tipo de decisiones la corona las remite a los pobladores, cuya junta de gobierno es la que las suscribe y autoriza.
El único factor que Londres maneja en plenitud es el militar y esa diferenciación ha llevado al Reino Unido a desentenderse anualmente de las exigencias de las Naciones Unidas a negociar sobre la soberanía.
El eventual viaje de la Presidenta puede tener, sin embargo, una finalidad más práctica, como sería la oportunidad de un discurso progresista desde esa plataforma, pero nunca torcer las peculiaridades de la doctrina internacional británica.
El nacionalismo populista suele tener muchas dificultades para advertir que la seducción de los vecinos insulares puede ser un camino más seguro hacia el objetivo histórico, si bien exige una política de Estado para recorrerlo juntos. (De nuestra Sucursal)







