Las palabras que molestan al Gobierno
Quien piense distinto que el gobernador es considerado un enemigo. Los índices de inseguridad sacan de las casillas al oficialismo, aunque ellos mismos los alimenten. Por Por Juan Manuel Montero - Redacción LA GACETA.
09 Febrero 2008 Seguir en 
En el Gobierno detestan que los medios reflejen los asaltos. El ministro de Seguridad Ciudadana odia las cifras negativas. Cree, y así se lo hace saber a sus allegados, que detrás de cada publicación hay un plan para desestabilizarlo. No ve con buenos ojos, incluso, que los vecinos hagan públicas sus quejas por la inseguridad en la que viven, ni mucho menos que critiquen a la Policía, gran parte de cuyos integrantes aún repite las letanías “no tenemos móvil” o “no tenemos combustible” cuando por teléfono alguien pide ayuda.Hay una palabra que al gobernador de todos los tucumanos lo saca de quicio. Es una palabra chiquitita, pero que por sí sola tiene la fuerza suficiente como para hacer trastabillar todo el andamiaje oficialista. Es un vocablo al que, evidentemente, no están acostumbrados. Todo aquel que lo utilice es un enemigo, un traidor. Pero José Alperovich, además, hace escuela. Como a él no le gusta esa palabra, todos sus colaboradores, desde el vicegobernador pasando por los ministros hasta el último de los directores, también la rechazan. Hay demasiadas pruebas de ello. A este gobierno lo exaspera la palabra No.
Esta semana, dos camaristas osaron contradecir a Alperovich. Declararon nulos e inconstitucionales varios artículos del chaleco jurídico a medida que el gobernador se hizo confeccionar y denominó Carta Magna. Se opusieron a lo que, con tanto esmero, habían elaborado los convencionales. Uno de los argumentos que Alperovich utilizó para fustigar la decisión de Rodolfo Novillo y de Carlos Giovaniello fue que iban contra el pueblo, ya que el pueblo había aprobado esta Constitución. Ayer, Daniel Heredia, presidente de la comisión de Seguridad y Justicia, utilizó el mismo punto de vista: “Como legislador y ex miembro de la Comisión Constituyente, entiendo que la Constitución debe ser aceptada sin reparo alguno, pues es el resultado del voto popular, dueño, en definitiva, de todos los mandatos”. Nada más alejado de la realidad. Los ciudadanos votaron convencionales constituyentes. Eligieron democráticamente y por abrumadora mayoría a los representantes del Frente para la Victoria. Pero eso no quiere decir que les hayan dado un cheque en blanco. Y a pesar de ello, utilizando la nueva máxima esgrimida por Beatriz Rojkés, los oficialistas fueron por todo.
Tan afecto a la dialéctica, Alperovich queda preso de sus propias palabras. Advirtió que por culpa de Novillo y de Giovaniello no se puede tocar a un juez que viola. Sí, usó esa frase. Dijo que los camaristas opinaron que el Jurado de Enjuiciamiento debía integrarse también con miembros de la oposición “para que no los puedan correr”. Sería bueno, entonces, decir que con todos oficialistas en el jurado hay muchas posibilidades de que sí se los pueda correr.
Hay otra palabra que el gobernador y su séquito detestan. Es la palabra crítica. En Tucumán no puede haber analfabetismo, inseguridad, desnutrición. Todo tiene que estar bien. Cualquier “mala noticia” o comentario contrario a sus ideas deviene en ataque.
Dicen que es mentira que en Tucumán se cometieron durante enero tres robos por día. Pero es la misma Policía la que con sus comunicaciones al Poder Judicial sobre los hechos delictivos alimenta esa estadística. Eso no se puede modificar. Hoy muchísimos tucumanos se sienten inseguros. Lo dicen en todos lados y dejan asentadas sus opiniones en los medios de prensa. No son inventos ni campañas difamatorias. Parecen no entender, ni el gobernador ni el ministro, en este caso, que si a ellos les va bien, a todos nos va bien. Que de las críticas también se aprende. Que el debate siempre alimenta. Que jueces como Novillo o como Giovaniello hicieron lo que se espera de ellos. Interpretaron nada menos que aspectos de la Constitución y resolvieron que eran nulos. No le permitieron al PE organizar el Consejo Asesor de la Magistratura (CAM), un ente que, a gusto y paladar de Alperovich, probablemente iba a permitirle al gobernador designar juez o fiscal a quien él quisiera, y no al que estuviera más preparado. Al mismo tiempo, tiraron abajo la posibilidad de que el mismo Poder Ejecutivo tuviera el manejo hegemónico del estratégico Jurado de Enjuiciamiento, lo que le hubiera permitido quitarse de encima a quienes no pensaran como ellos.
Alperovich tiene la oportunidad de pasar a la historia. Tiene todo a su favor para ser uno de los mejores conductores de la provincia. Las finanzas le sonríen y no tiene frentes internos abiertos. El ciudadano le responde con un respaldo asombroso y desde la Nación se lo considera uno de los mejores alumnos. Es un crédito que no se debe desperdiciar. La fuerza de seguridad debe aprovechar también este momento: no puede haber quejas por falta de logística ni de personal. Es imperdonable que un patrullero llegue tarde al lugar en el que se cometió un atraco (y a veces, ni siquiera llegue). O que un agente mire para otro lado cuando se está perpetrando un atraco. El gobernador y sus colaboradores deberían recordar la frase de su líder, Juan Domingo Perón: “La única verdad es la realidad”. En su andanada contra los jueces, el gobernador dejó en claro que nadie tiene la verdad. El tampoco. Pero, en su opinión, mucho menos la tienen aquellos que se atreven a decirle No.







